por morfeisa el Lun Jun 06, 2011 20:16
Voy a intentarlo, a ver que es lo que sucede.
Madrid a fecha del siglo 12.
Luisa se encontraba en un piso franco de Madrid. Era un piso desangelado, por supuesto, con la obscuridad propia de las películas. Las ventanas estaban tapadas con gruesos cartones detras de las persianas corridas, la iluminación proveniente de un par de enormes velas daban algo de tenebrosidad al comedor. Un sofá al que le faltaban un par de patitas y una pila con vasos sucios no conseguían dejar empezar a asentar, a la cafetera humeante, las vidas de aquel grupo.
El cómo llegó Luisa hasta allí siempre será un misterio del azar, digamos que tras muchos revuelos dimes y diretes de las gentes de su barrio, trás haber sido amenazada en tantas ocasiones, vapuleada por la vida, había encontrado el amor en los ojos verdes de Jesus.
Chico alto cómo ninguno, delgado, con aire de triunfador legendario y salvaje y largas pestañas curvadas que le daban un nosequé de soñador irremisible, aquél hombre moreno tenía el liderazgo en la sangre.
Apenas hacía una semana que ella había entrado por vez primera en aquella sala. Allí estaban Maria y Angela. Javier y Eloy deberían de volver a hacer acto de presencia a las cuatro de la tarde, en unas dos horas.
Se reivindicaban cómo grupo ultra verde, pero el asunto que les atañia en estos momentos era algo mucho más tradicional: la eterna lucha entre derechas e izquierdas.
Por lo visto no les caía nada bien a ninguno la presidentilla de turno y sabían de buena tinta que iba a hacer un acto tras la reconstrucción de un teatro que se encontraba justo enfrente del piso.
Un mes atrincherados, con pequeñas salidas y eternas llamadas diarias para conseguir las ansiadas pizzas reponedoras de fuerzas. La música estaba prohibida, todos lo sabían, sin embargo de cuando en cuando, mientras los ojos de Jesus registraban cada movimiento en el edificio, se permitían escuchar algunas cancioncillas pop del momento.
Luisa era chica emprendedora, pero había que admitir que aquello le daba miedo, que le sobrepasaba. Las bombas estaban prepardas, toda la munición, sólo había que correr un poco los cartones y subir las persianas en el momento adecuado, el resto no importaba.
Seguramente se debió a la rueda fortuna, María atisbó la llegada inesperada de los coches oficiales, no se encontraban allí los chicos, tendrían que hacerlo ellas solas.
Dió el aviso y la tensión pudo mascarse en toda la estancia.
-Lucia... ¿Podrás hacerlo?
Lucia tragó saliva, penso en su chico y respondió:
- Si, creo que si.
Los coches de los guardaespaldas se detuvierón, un montón de gente rodeaba a la figura pública
Los chicos llegaban caminando por la acera de enfrente justo cuando vierón los disparos desde la ventana del piso. No pudierón evitarlo, la sonrisa de Jesús al ver el globo de pintura roja estrellarse contra aquella cara de mujer curtida en sus diplomaturas era declaración de amor infinito. Luisa era la única a la que se le permitía la pintura roja. Para siempre la consideraría con admiración
Al dia siguiente los periodicos anunciaban:
Seis preadolescentes de entre doce y quince años agreden a golpe de pintura a fulanita fulanoide, afortunadamente para dicha representante de nuestra ciudad, los globos que le lanzarón estaban habilmente medidos para no provocar daños más allá de los imposibles morales. No obstante los jovenes serán obligados a barrer las calles por un periodo no inferior a dos años durante tres horas diarias entre semana y cinco los fines de semana. De nada ha servido para su absolución los argumentos con los que pretendierón reducir la pena: Sus familias, antiguos actores todos, en paro y los esquemas con que demostrarón que sus cálculos impedían causar daños físicos a ninguna persona.
las palabras serían: cálculos, daños y persona.
mañana será otro día. Dijo el grillo.