Eras un chulo, no podías negarlo y lo único que querías era echarme un polvo y convertirte en una droga para mí que nunca más ibas a dejar probarme.
No estaba dispuesta a desmoronar todo mi mundo por un simple polvo, aunque este fuese posiblemente uno de los mejores de mi vida. Sabía que para ti solo sería una más en tu amplia lista de polvos y no valía la pena perder todo simplemente por eso.
Aun así solo me engañaba a mí misma, no podía evitar sentir escalofríos cada vez que te escuchaba, mi cuerpo se estremecía con cada una de tus palabras y mi mente que jugaba malas pasadas.
Estaba harta de pensar en ti mientras me foyaba a otro que no te llegaba a la suela del zapato, no quería seguir gritando tu nombre cada vez que me corría con él, no quería seguir imaginándote en mis sueños, sintiendo dentro cuando no era verdad.
No podía y no quería seguir viviendo así y por primera vez en la vida iba a hacer lo que quería, aunque para eso tuviese que romper las reglas.
Estaba harta de ser la niña buena, correcta que todo lo hace bien y que sólo saca lo puta que es cuando piensa en ti. Necesitaba sacarla aunque sólo fuese un día, durante un polvo. Y el único que sabía sacar esa parte de mi eras tú.
Te llamé, te dije que estaba dispuesta a correr el riesgo pero que vinieses rápido, no sabía cuando me duraría aquel impulso de rebeldía.
En media hora te tenía esperándome en el portal de mi casa. Iba vestida para la ocasión: mini muy cortita, taconazos, tanga rojo y corsé a cuadros. No quería que perdieses tiempo en sacarme ropa.
Entre en el coche y nada más entrar te acercaste a mi oreja y me susurraste: “no te arrepentirás putita” y me mordiste el cuello. Sólo sentir tu respiración tan cerca, poder sentir tu olor hizo que me empezase a empapar de una forma bestial. Pero aquello no se quedo allí.
Tenías una sorpresa para mí, cogiste dos pañuelos: con uno me vendaste los ojos y con otro me inmovilizaste las manos. Aquel jueguecito todavía me ponía más. De pronto sentí tu mano metiéndose entre mis piernas y tus dedos empezaron a deslizarse por mi coñito, muy despacito y de golpe me metiste tres dedos en mi coño totalmente empapado. Empezaste a metérmelo con fuerza y con tanta rapidez que estaba a punto de correrme, pero volviste a demostrar lo cabrón que eres y me dejaste con las ganas. Sabias que odia que me dejasen a medias y te encantaba hacerme rabiar.
Arrancaste el coche y nos fuimos. Después de un rato paraste el coche, saliste y me hiciste salir. Seguía con los ojos vendados y no controlar la situación me hacia estar todavía más perra.
Entramos en un lugar, que tenía toda la pinta de ser un hotel, y nos subimos a l ascensor que seguramente nos llevaría a nuestra habitación. Mientras subíamos volviste a sobarme el coño mientras me lamias el cuello y volviste a parar en seco. Dios te odiaba.
Llegamos y entramos en la habitación. Me llevaste hasta la cama y me sentaste en el borde. Seguía con la venda en los ojos y además me estabas esposando las manos. No podía moverme, estaba completamente a tu merced.
Sentí como te alejabas, pasaban los minutos y yo no te sentía cerca, me estaba impacientando. Mil paranoias recorrían mi cabeza pero de pronto sentí algo recorriendo mi cara. Estaba calentito y húmedo y creía saber lo que era. Recorría cada rincón de mi cara para terminar recorriendo mis labios. Yo solo podía abrir la boca, sacar la lengua y esperar a que hicieses lo que estaba deseando, que me dejases comerte esa poya tremenda que me volvía loca. Pero eras demasiado chulo como para hacer lo que yo quisiese. Recorrías mis labios y me dabas golpecitos en los morros con ella. Mmmmmmmmmm necesitaba comértela ya y por eso te suplique que me dejases hacerlo. Aaaaaaaaah me la metiste de un golpe seco hasta la garganta que me dejo sin respiración. Me agarraste del pelo y empezaste a foyarme la boca fuerte y muy rápido. Quería tocarte, tocar tu poya, pero no podía, tú mandabas sobre mí. Estaba disfrutando tanto que estaba empapándome más y más.
Me sacaste la poya de la boca y me quitaste el tanguita; sin más me tiraste en la cama y te sentí entrar en mi con una embestida tan fuerte que se escapo un gran grito de dolor y placer. Empezaste a foyarme como un puto animal, pretendías romperme en dos y estabas consiguiéndolo. No podía hacer nada solo jadear y gritar como una perra mientras tú me destrozabas el coñito. Nunca me habían foyado con tanta fuerza y para ser sinceros me estaba encantando. Me metías la poya hasta el fondo de un golpe, la sacabas entera y volvías a clavármela con más fuerza. Cada vez más rápido y más fuerte, estaba a punto de tocar el cielo y seguiste foyandome más fuerte… Mmmm me acababa de correr pero no te detuviste seguiste destrozándome el coñito, y así se fueron sucediendo un orgasmo detrás de otro, tenias la poya empapada de mí y yo quería que me llenases de ti. Así que empecé a suplicártelo y a decirte que me encantaba como foyabas a tu putita hasta que explotaste en mi coñito inundándolo.
Teníamos la respiración entrecortada, estábamos sudando y empapados el uno del otro pero seguimos con ganas de más. Me quitaste la venda y las esposas y me llevaste al jacuzzi. Nos metimos y me sentaste encima de ti, querías que te cabalgase y yo me moría por hacerlo. Sentí como tu poya entraba dura en mí y me estremecía. Empecé a subir y bajar rápido y fuerte mientras me agarrabas del culito. Mmmm me encantaba sentirte así, entrabas y salías cada vez con más fuerza, tu cara de loco me ponía más aun. Tu poya sabía como foyarme tan bien que pronto volví a correrme. Pero quería que me foyases a 4 como la perra que era así que me puse a 4 patas y te pedí que me foyases con esa voz de niña buena que tengo. No te lo pensaste dos veces y sin dilatarme el culo me la metiste de un golpe entera. Aaaaaaaaah se me saltaron las lágrimas pero quería que siguieses. Me la clavabas fuerte mientras me dabas cachetes en el culo y volví a correrme una vez más. Tenía la boca seca de tanto gritar y tú eras el único que podías solucionarlo. Te tuve que suplicar unas cuantas veces hasta que por fin dejaste que te comiese esa poya tan rica. Empecé a comértela como si se me fuese la vida en ello. La recorrí con mi lengua hasta babeártela bien y luego te comí los huevos. Lamia tu poya sin parar de arriba abajo y poco a poco fui metiéndomela en la boca. Ahora más rápido y más fuerte. Jadeaba y te comía la poya. Mmmmmmmmmm cariño tenias una poya deliciosa. Acelere el ritmo hasta que boom, explotaste en mi boca llenándomela de leche calentita.
Y volví a aparecer en mi cama, sola y empapada. No había sido más que otro de mis sueños contigo y por mi bien ojala pronto se hiciera realidad.
Espero que os guste

