por carlosakuma el Jue May 29, 2008 01:51
Henry se despertó esa mañana con la cara pegada en su mesa de trabajo, se había quedado dormido una vez mas mientras examinaba una de tantas tablillas de arcilla que había encontrado algunas semanas atrás, había sido un golpe de suerte decían algunos, pero nadie mejor que él sabia que no había nada mas alejado de la realidad. Desde algunos meses atrás había tenido extraños y confusos sueños, donde un hombre de aspecto misterioso y un porte elegante que le hacia recordar a un rey, le hablaba en un lenguaje por demás desconocido, pero a pesar de que no comprendiera sus palabras, sabia que le pedía que lo siguiera y poco a poco le había dado las pistas para encontrar aquel lugar perdido en el desierto de Irak
Había sido uno de los mas grandes descubrimientos de la humanidad, miles y miles de tablillas de arcilla contenían toda una historia de la antigua sumeria, ahí en aquel extraño sitio, se encontraba la mas grande colección de conocimiento del antiguo mundo, la legendaria biblioteca de Ninive, construida por el rey Asurbanipal hacia el año 630 AC.
Ahora Henry Layard pasaría a la historia, su nombre se recordará para siempre, pero eso no le bastaba en lo absoluto, para él no tenia ningún merito, solo había seguido las señales que le había dado alguien en sueños, pero no tenia ni la menor idea de su propósito, se sentía como alguien que ha robado algo que no le pertenece.
Salio sin muchos ánimos para seguir observando las excavaciones, reviso sin mirar a fondo una de tantas tablillas que estaban clasificando especialistas venidos de todo el mundo, cuando de pronto su vista se encontró con unos extraños símbolos que había visto varias veces en sus sueños, aquello no podría ser obra de la casualidad, si no otra señal mas, lo cual indicaba que aun no había terminado su tarea.
Se llevo con él aquel juego de tablillas que le resultaban tan familiares y fue a su tienda a examinarlos con mas detenimiento, no tenia ni la mas mínima idea de lo significaba aquella escritura, el código de Hammurabi, escritura cuneiforme, lo que fuera, pero le atraía con una fuerza sorprendente y no podía dejar de mirarlas.
Llevaba casi todo el día con aquellas tablillas en sus manos, intentando encontrar algún indicio, alguna nueva señal que las relacionara con sus sueños, cuando sintió que no estaba solo en la tienda, pensó que tal vez era alguno de sus asistentes, pero grande seria su sorpresa al levantar la vista y encontrar al hombre de sus sueños, pensó por un momento que se había quedado dormido, pero no era así, se froto los ojos y la figura no desapareció, ahí estaba frente a él, miro asombrado aquel rico vestuario confeccionado con la tela mas fina, tenia el porte altivo y orgulloso típico de la realeza, y con una mirada de complicidad lo invito a mirar de nuevo en las tablillas.
Bajo la mirada y sorprendido el joven Henry pudo leer sin dificultad “Gilgamesh”, reconoció al instante que esos eran los símbolos que le parecían tan familiares y pego un respingo, volteo a mirar a ese extraño personaje y este lo invito a seguir leyendo. Sin poder creerlo fue capaz a de entender todo lo que contaba aquella tablilla, era la leyenda de Gilgamesh un antiguo rey que perdía a su gran amigo Endiku, y se lanzaba a un viaje fantástico en busca de la inmortalidad y el modo de regresar a su amigo a la vida, pero Henry no solo fue capaz de leer aquellas palabras, sino a medida que comprendia su significado, podía sentir todo lo que aquel personaje había sufrido, podía meterse en su piel, verlo con sus propios ojos y sin fin de emociones lo invadió. Al final , con lágrimas en el rostro volteo hacia aquel visitante y entendió todo, estaba ante el rey Gilgamesh, de algún modo esté lo había guiado hacia aquel sitio, le había mostrado donde encontrar las tablillas, le había dado el don de entenderlas y ahora esperaba lo que le tenia preparado el destino.
-Soy el rey Gilgamesh, el pastor de la amurallada Uruk, el que llora la muerte de Endiku, juntos dimos muerte al temible Huwawa y al toro del cielo, ahora busco el modo de cambiar aquel trágico final, y espero amigo mio que tu puedas ayudarme.
Henry se quedo en silencio, un rey muerto hace miles de años había venido a pedirle ayuda. No lograba comprenderlo.
-pero como es esto posible?- pregunto Henry- como es que puedo ayudarte?, si solo soy un simple mortal.
-las voluntades de los dioses son extrañas, pero son incuestionables y llevan hacia la verdad. El gran Ea que todo lo sabe y todo lo ve, me ha mandado, me ha dado el don de viajar a través de los tiempos, de comprender tu lenguaje y de llegar hasta aquí y pedirte tu ayuda. Por que has de saber que tu y solo tu, tienes el poder de cambiar tan funesto final.
Henry Layard, aventurero por nacimiento, sabia muy bien que su destino estaba escrito, tenia que ir con el rey Gilgamesh y descubrir aquella historia.
-haré lo que este en mis manos para ayudarte- fue la respuesta de Henry.
Entonces el rey Gilgamesh lo tomo de la mano y pronunciando unas extrañas palabras lo transporto al antiguo mundo.
Henry se quedo maravillado con la ciudad que se encontró, era mas grande lo que había imaginado, con altos muros y guardias vigilando al exterior. Las casas estaban pintadas de blanco y perfectamente alineadas, la calle llena de gente que les hacia una reverencia al verlos pasar. Gilgamesh le indico que lo siguiera y caminaron hacia el centro de la ciudad. Henry había llegado al fin a su destino, tenia un montón de dudas de lo que le esperaba en ese lugar, pero estaba seguro que pasara lo que pasara, su vida nunca mas seria la de antes, estaba cambiando la historia, mas que eso, estaba haciendo la historia y eso le llenaba su corazón de alegría, no le importaba los peligros que vendrían, nada de eso lo amedrentaba, solo quería llegar al final de todo aquello.......
cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguira hablando.