por Irulan el Lun Ene 07, 2008 16:12
Esta mañana, me escapé un ratito para ver las rebajas aunque lo que es ver, en realidad, no vi mucho porque todo era un gentío insultante, ¡y eso que estamos en crisis! Pero yo también he contribuido a la inflación, me he comprado una camiseta azul con el dibujo de una muñeca de pelo corto, rubia, geométrica, con las mejillas rojitas. Casi-casi como yo.
El caso es que estaba en una tienda de esas que hay en todas las ciudades y en mitad de la marabunta había un empleado jovenzuelo que me ha tenido ocupada largo rato. Suerte que había tanta gente y he podido disimular mientras le observaba; el chico era una preciosidad. Alto, altísimo, y muy delgado, con la piel de nata y el pelo travieso, echado para todos los lados. Parecía sacado de otra escena, él era todo calma mientras plegaba la ropa y alrededor, un ajetreo descomunal. Me ha embargado, podría habérmelo comido allí mismo, ris-ras, sobre los montones de ropa. También podría haberme acercado para preguntarle cualquier estupidez o pedirle que me buscara una prenda imposible, pero no lo he hecho (en realidad me ha vencido la timidez), me he quedado con el gusanillo a tres o cuatro metros de él. Finalmente hemos compartido un cruce de miradas fortuito, y creo, creo, que había una pseudo-sonrisa hecha un ovillo entre sus labios. En fin, la vida es bella, aunque ya no estoy de vacaciones.
Los jóvenes que se quieren se besan de pie, apoyados en las puertas de la noche. (J.Prévert)