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Relato Erótico-Romántico

La mejor forma de dar a conocer tus escritos.

Moderadores: Yolanda, Colaboradores

Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Sab Feb 07, 2009 00:11

INTRODUCCIÓN


Me despierto en mitad de la noche y no estoy sola. En mi cama hay alguien más. Debe ser uno de los niños.
Abro los ojos, y en la penumbra, enfoco la visión.
-¿Pau?- pregunto.
-Sí, soy yo.
-¿Te pasa algo cariño? - Hace mucho que Pau no se mete en mi cama, ya es mayor para eso. Los pequeños lo hacen cuando tienen pesadillas, aunque él nunca lo ha hecho por ese motivo. Él lo hacía cuando se sentía solo. - ¿Estás bien?
-La semana que viene cumplo 21 años – contesta al fin.
-Sí, lo sé. - Respondo sin saber a donde quiere llegar - ¿Qué vas a querer que te regale? - pregunto más animada.
-No quiero que me compres nada – ataja.
-¿Y si te consigo ese unicornio azul con manchas verdes que tanto querías? - pregunto burlonamente.
Es evidente que le preocupa algo, pero Pau siempre ha sido muy reservado para sus cosas y va a ser difícil que me lo cuente sin más.
-No, no quiero un unicornio azul con manchas verdes - dice.- Todo el mundo tiene uno, ya no es original. - afirma.
Silencio.
-Bueno... ¿y qué quieres? - insisto impaciente.
Tras vacilar durante unos segundos que parecen hacerse eternos Pau responde al fin.
-De pequeño te pregunté que cuándo pasa alguien de ser un niño a ser adulto. ¿Te acuerdas?
-Pues no sé -dudo- me suena pero no me acuerdo. ¿Qué te respondí? - pregunto con curiosidad.
-Me dijiste que no hay un momento concreto en el que uno cambie de niño a adulto, pero que si había que poner una edad, tú dirías que las niñas a los 18 y los niños a los 21.
-¿Eso es lo que te pasa? ¿Estás nervioso porque te vas a convertir en un hombre? -pregunto burlona- ¿O es que te da miedo? -más seria- No te vas a transformar en otra cosa en plan metamorfosis, ¿eh? - inciso sarcásticamente.- Pasar de niño a adulto no es un cambio físico sino que es cuestión de madurez intelectual. Conozco a cuarentones que aún son unos críos, tontos e inmaduros. Sin embargo, tú siempre has sido muy maduro y responsable, desde que te conozco. - puntualizo.
-Sí, pero con 10 años, por muy maduro que fuese, no era considerado un adulto,... un hombre – recalca.
-Entonces tu preocupación es que quieres que te consideren un hombre ya, ¿no? - comprendiendo al fin por dónde van los tiros.
-Algo así – responde.
Pau siempre ha sido muy responsable, consigo mismo, con sus hermanos... Sinceramente, no sé qué habría sido de mí sin su ayuda. Nunca hemos discutido. Es un muchacho ejemplar. Es bueno en sus estudios, trata bien a todo el mundo, es listo, aplicado, sincero y extremadamente minucioso en casi todo lo que hace. Lleva siendo así casi toda su vida.
Es como el complejo de Peter Pan pero al revés; él quiere crecer y pronto. Lo que nunca me ha parecido bien. Sé que me ha ayudado mucho, pero siento que ha desaprovechado su infancia.
Es verdad que ya casi es un hombre, no me había parado a pensarlo. Aunque cualquiera que lo viera diría que ya lo es. Es cosa de madres ver a sus hijos como si fueran bebés, aunque éstos estén ya casados e incluso tengan sus propios hijos.
-Tú siempre vas a ser mi bebé- le digo acariándole la cara y el cuello.
-No quiero ser tu bebé – contesta casi enfadado.
Coge mi mano y la desliza hasta su pecho. Tiene la respiración muy agitada y el corazón le late muy deprisa. Inclina la cabeza en señal de pesar y a punto del sollozo.
-¡Ey!, vamos, cariño – digo acercándome para abrazarlo.
Estamos casi en verano y hace calor. Yo sólo llevo una camiseta y las bragas, por eso al ponerle la mano en el pecho y notar que no llevaba camiseta, no me he extrañado. Sin embargo, ahora que lo estoy abrazando siento que no lleva nada más.
-¿Cariño? ¿Estás desnudo? - pregunto a pesar de saber la respuesta.
Asiente con la cabeza en mi hombro.
-¿Y qué pasa, que ya no le tienes respeto a la cama de tu madre? - pregunto entre chistosa e incrédula.
-No puedo – responde casi inaudible, con la cara enterrada en mi pelo.
-¿Qué quieres decir? - ya totalmente confundida.
-Te quiero – me dice mirándome a los ojos. - Te quiero – repite.
-Yo también te quiero mi vida.
Repentinamente me agarra y me estrecha contra su cuerpo. Me quedo perpleja.
-Yo me refiero a esto – susurra para a continuación besarme en los labios.
Con una mano acaricia mi espalda mientras con la otra en mi cuello dirige el movimiento de mi cabeza. Me está besando, y no en la forma en que un hijo besa a su madre. Desliza suavemente su mano por mis caderas y de nuevo por la espalda acercándome aún más a él. Es en este momento cuando me doy cuenta de que estoy a punto de sentir partes de su cuerpo rozando con el mío. Partes que no quiero sentir bajo esta situación tan surrealista, así que, con tranquilidad, le pongo la mano en el pecho yo lo aparto de mí cuidadosamente.
-¿Pau? - trago saliva. -¿Qué estás haciendo? - tomando conciencia de la situación.
No obtengo respuesta.
Me incorporo en la cama más exaltada.
-¿Pau? - espero una respuesta impaciente, y lo miro de reojo, temiéndola.
Espero que me diga que es una broma, pero Pau no es un chico de gastar bromas. Esto sería más propio de Vic pero no de Pau.
-Estoy enamorado de ti – sentencia finalmente.
-¿Qué? - digo débilmente por la impresión, el desconcierto y sobre todo por el terror. ¿De qué demonios me está hablando? ¿Se ha vuelto totalmente loco?
Me levanto alterada de la cama, tratando de mirar al suelo, la cara desencajada y los brazos haciendo aspavientos, intentando despertar o lo que sea.
-No puedes enamorarte de mí. Soy tu madre – sentencio.
-No eres mi madre – advierte con pesar.
-¿Cómo puedes decir eso? - incrédula y dolida.
-Porque es verdad – pausa – Lo siento – dice con la mirada al suelo.
Se levanta despacio y se dirige hacia mí. Me cruzo de brazos sin saber qué esperar.
-He estado enamorado de ti desde siempre – dice mirándome a los ojos.- Te amo. Te deseo – aparta la mirada y roza mi brazo con el dorso de su mano.
De pronto me siento incapaz de permitir que me toque y me aparto sobrecogida e impresionada.
-Tú lo eres todo para mí – dice dolido por mi reacción.- Por ti soy como soy. Todo lo que hago lo hago por ti y pensando en ti... - coge aire y me mira a los ojos para concluir- Sólo he pensado que ya era hora de decírtelo.
Se da la vuelta despacio y se marcha de la habitación.
Me quedo sola, desconcertada y a oscuras en el silencio de la noche. Creo que no voy a poder dormirme otra vez.


CONTINUARÁ.... :mrgreen:
YolandaVineeus
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Registrado: Sab Feb 07, 2009 00:08

Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Sab Feb 07, 2009 00:14

1º CAPÍTULO
La semana pasada fuimos a la playa en la cala. Está a unos veinte minutos de la ciudad y casi nunca hay nadie. Es el mejor lugar del mundo y mis hermanos y mi madre piensan lo mismo. Por eso, cuando hace buen tiempo, lo aprovechamos para acampar todo el fin de semana o simplemente pasar el día. Es un trocito de cielo entre el mar y el campo donde podemos retozar como dios nos trajo al mundo, bailar alrededor de una hoguera, comer con las manos y un sin fin de ejemplos más de cosas que no se pueden hacer sin quitarse de encima metros y metros de ataduras de las normas morales de la sociedad. En cuanto ponemos un pie en este lugar todos sentimos la bofetada del viento invitándonos a jugar con él. Nos desvestimos y corremos al agua. Es la sensación más maravillosa del mundo, nadar y sentir que formas parte de algo grande y poderoso. Te sientes vivo y en paz con el mundo, compartiéndolo con los seres a los que quieres y viendo en sus caras el reflejo de tu propia alma.
La semana pasada, sin embargo, fue diferente porque vino gente.
Mis hermanos estaban en el agua buscando piedras rojas. Les había propuesto que luego las trituraríamos para hacer barro y después pintarnos el cuerpo con ellas. Mi madre estaba tumbada a sol, leyendo una novela con unas enormes gafas de sol estilo retro que cubrían casi toda su cara. Tan concentrada que podría estar dormida, incluso aguantando el libro en el aire.
Se me escapó la risa y giró la cabeza hacia mí. Agachó la cara y me miró por encima de sus enormes gafas. Sonrió.
-¿De qué te ríes? - preguntó frunciendo el ceño pero sin perder la sonrisa.
-Parecía que estabas dormida.
-Si no estoy babeando, es que no estoy dormida -rió- Además está muy interesante-. Refiriéndose al libro.
-¿Por dónde vas?
-Por un niño muy malo que encierra animales en una nevera.
-Tranquila, luego le dan su merecido.
-¡Pero no me lo cuentes!- chilló enfadada mientras intentaba golpearme con el libro.
-Cuidado, eso es un buen tarugo- le advertí entre risas.
Entonces vi que se acercaba un coche.
-Viene alguien- dije.
Me puse unos vaqueros y anduve hasta la orilla.
-¡Vic!- le llamé-¡Víctor, Carlos!- más alto.
-¿Qúe?- respondió Víctor saliendo del agua.
-Ponte el bañador, viene gente.
-¿Y a mí qué?- respondió- esta playa es libre.
-Hay niñas de tu edad- le advertí.
Miro para cerciorarse. Venían dos muchachas de unos quince años acompañadas por otra mujer de unos treinta.
Vic corrió al coche a buscar su bañador.
-¿Y de mi edad? ¿De mi edad hay alguien más?- preguntó Carlos ansioso.
-No- respondí- pero parece que tienen un perro.
-¿Un perro?-exclamó eufórico justo antes de correr hacia él. Alexis le siguió.
Odio cuando hace eso. Cualquier día le arranca la mano un perro.
Me acerqué a Vic.
-Esas dos están en mi instituto- dijo-. Las llaman las Olsen.
-¿Y eso?
-Porque son gemelas y rubias- dijo como si fuera obvio.
-Ah. Es que es tan original que no había caído- me burlé.- Anda y ve a buscar a estos dos.
-¿Por qué no vas tú?
-Porque te estoy dando un buen motivo para acercarte a las Olsen.
-Siempre sabes lo que decirme para manipularme a tu antojo- se fue diciendo.
Me acerqué a mi madre y me recosté a su lado en la arena.
-¿No vas a vestirte?- sólo llevaba la parte inferior del bikini.
-No, no hay ningún hombre.
-¿Y qué? Esa mujer no ha parado de mirarte las tetas desde que ha llegado.
-¿En serio?- se giró para comprobarlo.- ¡Es verdad! Me estaba mirando y ha disimulado. ¿Crees que será lesbiana?
-O eso o es un hombre disfrazado- respondí.
Se habían asentado a unos diez o quince metros de donde estábamos nosotros. Vic había entablado conversación con las chicas, y Carlos y Alexis seguían corriendo detrás del perro. Le tiraban piedras para que las buscase, pero el animal sólo corría de un lado para otro, persiguiendo a las aves y ladrándole al agua como un loco. A mí no me gustan los perros, es algo mutuo, pero Carlitos lleva pidiendo que le dejemos tener uno desde que sabe hablar. Alexis va por el mismo camino, es su joven padaguan.
Decidí no preocuparme más, no parecía peligroso. Me eché boca abajo y cerré los ojos. Los entreabrí un poco y delante de mí sólo podía ver el muslo de mi madre que seguía sentada a mi lado. Parecía tan terso y suave que no pude evitar alargar un dedo y acariciarlo. A través de él sentí como un remolino de aire caliente, que se apoderaba de mi cuerpo desde los pies hasta los pelillos de la nuca, y que me impedía respirar. Al mismo tiempo en que mi dedo sentía el calor aterciopelado, a ella se le erizaba la piel. Se giró y me miró. A los ojos, con la boca entreabierta, me miró de arriba a abajo y me estremecí.
-Vas a quemarte con el sol- dijo-. Échate crema- alargó la mano hasta el bolso para cogerla.- Yo te la echo. Te voy a hacer un dibujito- dijo regulando el tapón.
Sentí el frío y el cosquilleo de la crema deslizándose por mi espalda. Yo tenía que adivinar qué estaba dibujando.
-Un sol- intuí.
-No.
-Una...¿flor?- de repente ya sabía lo que era.
-No, no es una flor.
Lo había sabido desde el principio en realidad.
El viento se paró a mi alrededor y todo se quedó en silencio. Sólo podía oír el martilleante ruido de mi corazón desbocado.
-¿Qué?, ya lo sabes, ¿no?
-Creo que sí-. Tragué saliva y contuve la respiración- Pero no sé cómo se dibuja eso- me atreví a preguntar.
Sentí que estaba al borde de un precipicio por el que estaba a punto de caer. Me sentía sobrecogido, en incluso asustado.
-Pues te vas a quedar sin saberlo- dijo al tiempo que untaba la crema en mi espalda-. Ya lo he borrado, para que nadie más lo viera- hablaba despacio y profundamente.- Ahora lo está absorbiendo tu piel.
Me estremecí, por su forma de tocarme y por su forma de hablar. Me excité.
-Estás muy tenso, tienes la espalda cargada- decía mientras sus manos recorrían mi cuerpo de arriba a abajo.
Me asfixiaba. Contenía la respiración al igual que el resto de mis impulsos. Me contenía para no explotar, pero iba a hacerlo de todas formas. Ella no paraba de tocarme así. Me masajeaba los hombros, me acariciaba la nuca...
-Date la vuelta- me dijo.
-No, que así estoy cómodo- no pensaba darme la vuelta por nada en el mundo.
-Date la vuelta que te eche en el pecho.
Ni loco iba a darme la vuelta.
-Date la vuelta- me susurró al oído.
Se me puso el vello de punta. Me agarró del brazo con suavidad, me hizo girar. Se acercó más a mí.
-¿Por qué no querías girarte?-preguntó burlonamente, como si ya supiera la respuesta.
Sentía la boca seca. Me pasé la lengua por los labios y tragué saliva, con ella mi contestación.
-¿Era por esto?-dijo colocándose sobre mí y sentándose sobre el motivo en cuestión.-¿Y si hago esto qué pasa?- dijo inclinándose sobre mí para lamer una oreja y a continuación morderme el cuello.
En ese momento dejé de contenerme. La agarré por el cuello y la cintura y la tumbé de espaldas contra la arena. Me puse encima suya y la contuve. Ahora yo tenía las riendas. Ahora era ella la que me deseaba, y yo no iba a hacerme de rogar.
Iba a besarla cuando me desperté. Estaba tumbado en la arena, pero mi madre no estaba. No sabía cuánto tiempo llevaba dormida. Ni estaba seguro de qué había sido real y qué un sueño.
Me toqué la espalda. Parecía que lo de la crema no había sido real, y después de pensarlo un rato, llegué a la conclusión de que ni siquiera le había llegado a tocar el muslo...
Aún así, yo seguía empalmado.
Me incorporé para buscarla. Se dirigía a la orilla. Posiblemente me desperté cuando ella se levantó. Ya se me estaban empezando a pasar los efectos del sueño. ¡Parecía tan real!, las sensaciones, su olor, su voz... Pero ahora todo se iba nublando, empezaba a olvidar los detalles que hacía unos segundos me estaban volviendo loco.
Me levanté y anduve hasta la orilla. Allí estaban todos reunidos en congregación. Los niños chapoteaban y salpicaban a las niñas, Vic trataba de impresionarlas, y esa tía... Se reía con mi madre. No sé de qué se reían, pero esa mujer me miraba de una manera extraña. No me gustaba.
-Este es mi hijo mayor, Pau- dijo mi madre,- mirándome y sonriéndome.
Hacía unos minutos estaba sentada sobre mi pene. En mi mente, claro.
-¿Tu hijo? No me lo puedo creer. Pareces muy joven- exclamó la otra.
-Y los otros tres también- reconoció.- Ese es Víctor, que tiene quince años...
-Sí, mis sobrinas me han dicho que están en la misma clase o algo así- interrumpió.
-Creo que coinciden en un par de asignaturas- dijo mi madre para continuar.- Y estos son Charlie Brown, Carlos- tocándole la cabeza y revolviendo su pelo mientras éste pululaba a su alrededor-, que tiene diez años. Y el pequeñajo, Alexis, de cuatro añitos.
-¿Diez años?- reaccionó sorprendida una de las gemelas-¿Y no eres muy grande para bañarte desnudo en la playa? Tu hermano es más pequeño, ¿pero tú?- la otra rió.
-A mí me da igual- respondió Carlos indignado con los brazos en jarra- Yo siempre que vengo aquí me baño desnudo, porque es lo que me gusta, y sólo porque venga gente no voy a dejar de hacerlo- Y concluyó saltando en plancha en el agua y salpicando a todo el mundo.
-Es mi héroe-dramatizó Vic.
Yo pensé lo mismo.
Todos se dispersaron, y Carlos vino hacia mí chapoteando y riendo.
-¿Me has visto?- buscando mi aprobación.
-Sí, ha sido muy sagaz- le reí las gracias.
A veces tiene unos prontos que no puedes evitar reírte. Es increíble que tengamos la misma sangre.
-Se han quedado todos alucinados- se fue riendo.
En la orilla seguíamos la mujer que le miraba las tetas a mi madre, mi madre y yo.
-¿Y tú cómo te llamas?, por cierto- pregunté con curiosidad.
-Mª José- respondió mirando a mi madre, cuando era yo el que le había preguntado.-¿Y tú cómo habías dicho que te llamabas? Eva, ¿no?
-Sí- respondió ella y le sonrió tontamente.
-Yo es que conozco a varias Evas, pero todas son rubias. Tú eres la primera Eva morena que conozco.- Contó estúpidamente como si fuese muy gracioso.
Las dos rieron...
-Oye, sigo sin creerme que todos estos sean tus hijos- insistió Mª José- No debes tener menos de treinta.
-Treinta y uno.- Replicó mi madre y sonrió con pudor.
-Vosotros dos sólo os lleváis once años- dijo mirándome esta vez.
Iba a recordarle los casos de violaciones en que niñas de nueve años quedaban embarazadas. Pretendía perturbarla y cambiar el hilo de la conversación, pero Carlos, que a pesar de estar unos veinte metros más adentro se había enterado de todo, respondió.
-Es que somos adoptados- chilló desde la lejanía.
Vaya, ya lo había dicho, se había quedado a gusto.
A mi madre no le gusta hablar de ese tema. Para ella somos sus bebés, los que no pudo tener. Recordarle que no éramos sus hijos era recordarle cómo perdió a los suyos.
Oí cómo una de las niñas le preguntaba a Vic.
-¿Sois adoptados? No lo sabía- sorprendida.
-Sí, ¿y qué?- respondió seco.
-Nada, que es guay- respondió la otra sonriendo abiertamente- ¿Y sabes quiénes son tus padres?
-No, ni me importa.
Cambiaron de tema y dejé de oírlos.
Mi madre y Mª José seguían hablando y dándole vueltas al tema. Ahora hablaban sobre nuestras adopciones.
-Entonces, ¿ninguno son hermanos entre ellos?-preguntó sorprendida Mª José.
-No, ninguno son hermanos de sangre- mintió mi madre, como siempre.
-Eso me parece precioso. Tu marido y tú tenéis que estar muy orgullosos- dijo como si adoptar fuera lo mismo que recoger de la calle animales abandonados. Además introdujo como pudo la palabra marido, como el que no quiere la cosa.
-Mi marido- rió mi madre, por no llorar- Mi marido hizo un día la maleta y se fue sin avisar.
-Lo mejor que pudo haber hecho- repliqué yo.
-Pues sí – confirmó ella.- Lo único que me disgustó fue que se llevara el coche. Pero mirándolo por otro lado, seguramente llegó más lejos que a pie.- Ni se lo imagina.
-No digas más- dijo Mª José- el mundo está lleno de capullos.- Hizo una pausa y añadió- ¿Y te dejó sola con los cuatro niños?
-Con los tres- dijo mi madre.- De esto hacen ya siete años, aún no teníamos a Alexis. Y tampoco estaba sola, Pau me ha ayudado siempre – dijo sonriéndome.- Es mi ángel de la guarda.
-Dirás que soy tu chacha de la guarda, ¿no? - Me reí nervioso. Me da mucha vergüenza que mi madre me halague en público.
-¿Y después de eso adoptasteis a Alexis? - preguntó Mª José con curiosidad.
-¿Alguna vez te han dicho tus padres o tus hermanos, de pequeña, que tú eres la hija de unos gitanos que te abandonaron en un canasto, en la puerta de tu casa, y te recogieron?.-Le pregunté directo.
-Es posible- rió ella.
-Pues eso es lo que nos pasó con Alexis hace cuatro años- concluyó mi madre. - Un día llamaron al timbre, de madrugada, y allí estaba en la puerta. Recién nacido. Buscamos a los padres pero nadie lo reclamó.
-Así que pensamos que si lo habían dejado en nuestra puerta era porque los padres querrían que lo tuviéramos nosotros – expliqué.
-¡Qué fuerte! - soltó riéndose.- Ya lo veía yo muy morenito – siguió riendo.
-A ver, que a lo mejor no es gitano – dije.
-A lo mejor es mestizo – rió mi madre. - La cosa es que no lo sabemos, pero tiene ese aire.
-Dadle una guitarra flamenca y según el arte que tenga... os hacéis una idea – los tres reímos.
Tenía mucho calor. Quería darme un buen baño pero no tenía bañador y meterme en el agua con los vaqueros me parecía una idea asquerosa. Además ya tenía los pies arrugados y no quería seguir ahí en la orilla como un pasmarote cotilla que no se separa del lado de su madre. Aunque no quería dejarla sola.
-Mamá, voy a ir a por un bañador – le dije apartándola un poco.
-¿Ahora vas a ir? Vas a tardar, está lejos – me advirtió. - ¿No llevas ninguno en el coche?
-No.- Estaba seguro.- Intentaré no tardar. ¿Quieres que traiga algo?
-Sí. - Dijo tras recapacitar un rato.- Trae crema protectora que se me olvidó echarla al bolso esta mañana.
-Vale.- Respondí al tiempo que me tragaba el corazón, que acababa de subírseme a la garganta.
Me fui rápidamente, no quería tardar. Al recoger mis cosas (móvil, llaves, dinero) me di cuenta de que tenía una llamada perdida. Era de Claudia, una chica que conocí hacía un par de semanas. Seguramente querría quedar, pero yo en ese momento prefería no entretenerme. Incluso había pensado en comprar el bañador y la crema en una tienda que quedaba mucho más cerca que mi casa.
Arranqué el coche y me dirigí campo a través hasta la carretera.

CONTINUARÁ.... :mrgreen:
YolandaVineeus
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Sab Feb 07, 2009 01:55

Conduje unos minutos hasta que vi el primer coche. Un todoterreno negro me adelantó con brusquedad y se colocó delante mío, para a continuación aminorar la velocidad y frenar en seco. Estuvo a punto de hacerme chocar, el frenazo me levantó del asiento.
Paró el motor. El conductor abrió la puerta. Me di cuenta de que era una mujer cuando bajó la primera pierna del vehículo. Llevaba unas botas negras de tacón, de esas que parecen altas pero como si se hubieran enredado en los tobillos. Me encanta la forma que le dan esos zapatos a los pies de la mujeres. Es como si alargaran las piernas, y éstas en concreto parecían infinitas, delgadas y estilizadas. Terminó de bajarse del coche con un saltito y se colocó la falda pasándose las manos por el trasero. La falda era tan corta que seguramente al alisarla se puede llegar a tocar el culo.
Se dio la vuelta con soberbia y cerró de un portazo.
Llevaba unas gafas de sol oscuras y una coleta alta con una gran nata de pelo negro y liso. Me sonrió con picardía quitándose las gafas, y vino hacia mí.
Se apoyó en mi puerta y fue entonces, teniéndola a unos centímetros de mi cara, cuando me di cuenta de que la conocía. Era una compañera de clase, pero no estaba seguro de qué clase era la que compartíamos. En realidad tampoco recordaba su nombre.
-Hola Pau, ¿Cómo estás?
-Bien. - Parecía que ella sí se acordaba del mío, así que no eran plan el preguntarle. - ¿Y ése coche?
-Es nuevo, ¿te gusta? - exclamó. - Me lo han comprado mis padres porque por fin he aprobado bioética.
-La verdad es que te pega, se ve fuerte y potente.
-¡Qué descarado! - Me dio un empujón.- ¿Tú no habías quedado en llamarme?
-¡Pero si al final no me diste tu número! - Supongo que si me lo hubiera dado la recordaría mejor.
-Es verdad.- Qué suerte.- Se me olvidó.
-Pues dámelo ahora.- Le dije con una gran sonrisa y guiñándole un ojo.
-¿Y cuándo piensas llamarme? - Me dijo mirándome a los ojos de una manera muy sensual.
Salí del coche y la enfrenté. La miré de nuevo de arriba a abajo. Me apoyé con una mano en el coche y la acorralé de espaldas contra él.
-Si quieres puedo llamarte ahora, ¿tienes algo que hacer? - le pregunté muy serio.
Me lanzó una sonrisa pícara y al instante me agarraba del pelo y me besaba con furia. Me rodeaba el cuello con sus largos brazos y pegaba su pelvis a la mía. La rodeé por la cintura y la estreché más contra mí. Deslicé mi mano por su culo hasta el borde de su falda y la introduje debajo. Era tan fácil como parecía.
Levantó una pierna y me rodeó con ella, ya sólo la ropa se interponía en el camino de mi polla. Al sentirla gimió con suavidad y se separó de mí.
-¿Quieres que vayamos a mi casa? - dijo cogiéndome el paquete.
Me pareció tremendamente sexy. Me miraba el bulto del pantalón y se mordía el labio con lujuria. ¿Cómo podría decirle que no?
-Me encantaría- contesté.- Pero no puedo.
-¿Estás de broma? Tú eres el que me ha dicho que ahora.
-Pero ahora es aquí y en este momento. No puedo ir a tu casa, está lejos y tengo cosas que hacer.- Expliqué.
Resopló e hizo un chasquido con la lengua, me miró de nuevo de arriba a abajo y finalmente sonrió. Se dirigió a su coche, balanceando sus caderas y a mitad de camino se giró para mirarme. Me hizo un gesto con el dedo para que le siguiera, y entró en su coche por la puerta de atrás.
Me acerqué y la encontré recostada en el asiento trasero.
-Vamos, ven aquí – me dijo haciendo de nuevo ese gesto con el dedo índice. - Y acuérdate de cerrar la puerta.


CONTINUARÁ.... :mrgreen:
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor Simkin el Sab Feb 07, 2009 14:53

Oye, para el carro. Si no espacias el tiempo entre capítulo y capítulo luego no vas a encontrar a nadie que se lea el tocho del tirón.

Ya leí el primero, de momento pinta bien.
Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que había soñado ser hombre.
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Sab Feb 07, 2009 15:05

ok ok, jajajja, os doy tiempo. :wink: como no había ningún comentario pensaba ponerlo más interesante...

entonces cuando alguien quiera leer más, que avise :mrgreen:
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor Martina La Perversa el Mar Feb 10, 2009 02:53

YolandaVineeus escribió:ok ok, jajajja, os doy tiempo. :wink: como no había ningún comentario pensaba ponerlo más interesante...

entonces cuando alguien quiera leer más, que avise :mrgreen:

Hola Yolanda, soy nuevita en el foro.
Primer relato que leo y me encuentro con el CONTINUARÁ :shock:

Porfis siguelo, espero ansiosa saber como sigue esta historia tan morbosa. :lol:
Martina La Perversa
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Mar Feb 10, 2009 14:11

Saludos.
Me alegra que por fin haya algún comentario. Bueno Martina La Perversa, en tu honor pongo la siguiente parte. :wink:
YolandaVineeus
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Mar Feb 10, 2009 14:13

Subí y me senté frente a ella. Le acaricié con suavidad la pierna hasta el interior de la rodilla. Iba a inclinarme sobre ella cuando me puso su impresionante tacón sobre el pecho y me empujó para frenarme. Aproveché la postura para meter la mano bajo su falda, que ahora estaba remangada sobre su vientre, y desde la cadera tiré de la gomilla del tanga, pasando los dedos por el borde hasta el culo y tirando de él hasta arrancarlo.
Al escuchar el crujido se sobresaltó.
- ¿Te lo has cargado?- exclamó.
- Un poco- respondí deslizándolo por su pierna hasta sacarlo, acariándola por el camino.
-Supongo que no te importará ya que me lo quede - sugerí.
-Considéralo un regalo - rió.
-Gracias, me encanta. - Era negro semitransparente, y tan pequeño que entró sin problemas hasta el fondo de mi bolsillo.
Se incorporó, posó una mano sobre mi cuello y se sentó encima mía, cara a cara y con las piernas bien abiertas. Me desabrochó el botón del vaquero y bajó la cremallera.
-¿Tú nunca llevas ropa interior? - dijo.
-Es que vengo de la playa - me reí.
-Di que no - dijo acercándose a mi oído.- Di que es porque así es más rápido, que tienes prisa.
-¿Te excita que no lleve? Te recuerdo que ahora tú tampoco. - Dije imaginándola volviendo a su casa y con esa minifalda.
Luego la imaginé subiendo a una escalera, después agachándose y después me metió la mano en los pantalones. Agarró mi polla, que estaba aún más dura gracias a estos últimos pensamientos, y la acarició suavemente mientras me dedicaba una mirada lasciva.
Estiró la otra mano hasta el techo del coche y pulsó unos botones. Empezó a sonar una música suave y ella a contonear sus caderas al ritmo. Echó una mirada a la carretera para cerciorarse de que no venía ningún coche. De todas formas los cristales eran tintados y desde fuera no se percibía lo que pasaba en el interior.
Agarró el borde de su camiseta con ambas maos y tiró de ella lentamente hacia arriba, al ritmo de la música, bailando sobre mí. Cuando se deshizo del trozo de tela roja pude ver su precioso sujetador negro, a juego con el tanga que estaba en mi bolsillo.
-¿Te gusta? - refiriéndose al sostén.
-Mucho - con una amplia sonrisa.
-No lo vayas a romper.
-Tranquila, seré más cuidadoso.
Me incorporé un poco para acercarme más a su cuerpo. Le acaricié con la punta de los dedos el vientre, muy despacio y muy suave. Recorrí su cuerpo desde la cintura hasta el cuello y de nuevo a la espalda, donde el broche del sujetador saltó sin problemas, casi sin que ella se diera cuenta. Dirigí mi otra mano hacia su cuello y acariciándola desde la oreja, con la palma de la mano, fui bajando hasta el hombro. Allí me encontré con el primer tirante, que fue acompañado por mis caricias a lo largo de todo el brazo hasta salir del todo. Cayó del otro brazo al instante y la imagen de sus pechos ante mi cara sacó al animal que llevo dentro. La agarré de la nuca con fuerza y me lancé a su cuello. Lo mordí con tanta furia que noté el crujir de los músculos bajo mis mandíbulas.
Lanzó un agudo quejido y tirándome del pelo intentó separarme. Pero sus fuerzas iban menguando conforme mis besos y caricias iban apoderándose de ella. Cuando se relajó le mordí de nuevo y esta vez tiró de mi pelo con tanta fuerza que consiguió separarme de ella.
-Estás siendo muy malo - me dijo tirándome más del pelo.
Posé mi mano entre sus piernas donde pude sentir la caliente humedad.
-Pero a ti te gusta - le dije con una sonrisa inocente.
Mi dedo corazón encontró su clítoris y empezó a juguetear con él.
Su respiración se volvió más profunda y pronto fue acompañada por el suave balanceo de todo su cuerpo.
-Suéltame el pelo - le pedí.
Me echó una mirada cautelosa, pero inmediatamente me soltó y con las dos manos se quitó la goma del pelo. Al hacerlo, éste cayó en cascada sobre su cara y se lo sacudió con un ligero movimiento de cabeza, digno del mejor anuncio de champú. El pelo le caía por los hombros deslizándose por su pecho hasta la altura de sus pezones.
-Estarás contento, ya me has hecho despeinarme - dijo.
En respuesta me acerqué a ella, le cogí suavemente la cara y la besé con dulzura. Entendía que podía haberse pasado perfectamente una hora delante de un espejo tratando de estar super divina para salir a dar una vuelta. Ahora tendría que invertirle otra hora por un capricho mío.
-Así estás muchísimo más sexy - le dije hundiendo los dedos en su pelo y la nariz en su nuca.
Aspiré profundamente y el olor de su perfume me llegó hasta el cerebro dolorosamente. Sin embargo a ella le gustó y lanzó un intenso suspiro.
Le besé el cuello, los hombros y el pecho. Le lamí la garganta y le chupé la oreja. Le mordí el lóbulo y ella gimió. Se mordía el labio, con los ojos cerrados, y me agarraba con fuerza para que no me escapara.
La agarré con brusquedad por el pelo, la levanté y la tumbé de espaldas contra el asiento.
Chilló de sorpresa y luego rió.
Me coloqué al instante sobre ella y la miré fijamente a los ojos. Dejó de reir y me devolvió la mirada. Cuanto más mantenía la mirada más nerviosa se ponía.
Empezó a bajar la mano por mi abdomen. Pretendía salir del desconcierto tomando ella las riendas, pero la paré. Cogí su mano y la retuve con fuerza sobre su cabeza, contra el asiento. Luego la solté y me incorporé para deshacerme rápidamente de mis pantalones.
Comenzó a incorporarse.
-No, túmbate- le ordené, y lo hizo.
Cogí mis pantalones, los enrollé para que abultaran, y los puse debajo de su culo para elevar así sus caderas. Le bajé una pierna del asiento y la otra se la estiré hasta que pudo tocar el techo y apoyarla ahí.
Empecé a besar su pierna desde el comienzo de la bota hacia abajo, lamiendo el interior de la rodilla y mordiendo con fuerza el muslo hasta llegar a los cachetes del culo.
Deslicé la lengua entre sus labios, chupando y lamiendo entre sus pliegues. Con mis manos mantenía sus piernas bien abiertas, en la posición correcta, sujetando con fuerza para que no se moviera. Pero conforme mi lengua avanzaba el camino hasta su clítoris, espasmos involuntarios perturbaban todo su cuerpo.
Gemía y se retorcía de placer cuando yo apenas había empezado a hacerle nada. Hay mujeres a las que les gusta sobreactuar, yo prefiero que no lo hagan.
Saqué más la lengua y apreté con fuerza y velocidad. La sujeté mejor esta vez. Embestía la parte carnosa una y otra vez con celeridad. Ágilmente rodeaba, acariciaba, aplastaba y devoraba el pequeño bulto rosado que se escondía entre sus piernas. Lo chupaba y lo lamía cada vez con más intensidad, hasta que sus quejidos se hicieron realmente placenteros.
-Basta, no más - pidió al rato.
Yo continué. Cuanto más insistía, más gemía ella.
-¡Para, Pau, para! - pidió de nuevo.
La sostuve con fuerza, su cuerpo temblaba de arriba a abajo, pero su pierna seguía elevada al techo.
-¡Para, me voy a correr! - suplicó.
Para entonces yo ya estaba quieto. Era ella la que se movía involuntariamente. Mi lengua estaba quieta fuera de mi boca, procurando el roce.
Ella se tapaba la boca para no gritar. Y de pronto paró. Se retiró el pelo de la cara y me miró.
-Te dije que pararas - dijo cogiendo aire.
Yo le sonreí.
-Parecía que querías más. - Dije besando el bulto palpitante que seguía frente a mí.
Chilló estremeciéndose.
Volví a lamerlo y volvió a chillar. Me apartó con la pierna de un empujón.
Sonreí y me tumbé como pude a su lado.
-No quería acabar tan pronto - me confesó.
-¿Quién te ha dicho que haya acabado? - pregunté acariciándole los pechos.
-Me lo ha dicho mi cuerpo- dijo con una sonrisa.
Cerró los ojos y se dejó llevar de nuevo. Mientras le besaba los hombros y el cuello, me recliné sobre ella y la besé por la cara, los ojos y la nariz. La besé en la garganta, en el pecho y por último en el pezón.
Con las manos la acariciaba y la envolvía con mi calor. Suavemente las deslizaba por su piel, por cada recoveco o concavidad.
Su respiración de nuevo se hizo más profunda, hasta el momento en que mordí uno de sus pechos. Lo hice con tiento, apretando lo suficiente, pero sin compasión. Lo succioné y chupé con ahínco. Lamí el pezón y lo pellizqué con mis labios. Lo metí dentro de mi boca y con la lengua lo acaricié, frenéticamente. Primero de un lado a otro, luego en círculos y de nuevo lo pellizqué con los labios.
Ella gemía y se retorcía, me agarraba del pelo y me acariciaba la nuca, ocasionalmente me arañaba.
-Como sigas así me voy a correr otra vez - dijo con la voz entrecortada.
-Eso es lo que quiero - respondí con sinceridad.
Me agarró por la cara y me besó apasionadamente. Cogió mi polla y la restregó contra su cuerpo. Me coloqué sobre ella para sentirla. La besaba y me rozaba con ella.
Metí la mano entre sus piernas y se sobresaltó rechazándola, pero con la insistencia de mis caricias abrió las piernas dejándome el camino libre. Hundí uno de mis dedos en el húmedo orificio y saltó de placer, procurando que entrara más. Metí otro y con suavidad los moví dentro de ella, buscando con tiento el punto de placer. Cuando lo encontré insistí en él con fuerza, pero el movimiento instintivo de sus caderas me hacían perder el control.
Agarré mi miembro y se lo clavé con furia. Un grito sordo brotó de su garganta.
Me la follé con frenesí y al momento ya se estaba corriendo otra vez. Me pidió que parase, pero no le hice caso. Yo seguí embistiendo y gozando con cada uno de sus quejidos. Eso era lo que ella quería. A pesar del dolor, era lo que ella realmente deseaba.
La levanté y le di la vuelta para seguir haciendo mi trabajo desde detrás. Con una mano masajeaba su clítoris mientras mi polla y entraba y salía de ella. Con la otra mano acariciaba sus senos, que en esta postura parecían mucho más grandes.
Ella chillaba y aullaba. Le tapé la boca con la palma de mi mano para callarla. Sin embargo pensé que esta vez no importaba. Si pasaba algún coche no percibirían nada, y por ahí no había nada cerca, con lo que era poco probable que alguien la escuchara.
Ella me pedía y me suplicaba que parase, que acabase. Pero no podía, a pesar de sus gritos y de su cuerpo no podía. No era suficiente para mí.
Tuve que recurrir a la imaginación. Ella nunca me fallaba, y como siempre, una sola imagen mental pudo más que mil caricias de cualquier mujer.
Acabé y saqué mi polla de ella. La miré toda pringada en mi mano y entonces me di cuenta de que me había olvidado el condón otra vez.
El corazón me dio un vuelco.
-Oye, tú tomas la píldora, ¿verdad?
Me miró. Estaba exhausta. Se sorprendió por mi pregunta y luego se rió.
-La otra vez ya te dije que sí. No te acuerdas, ¿o qué?
-Sí, pero era por si acaso. - No tenía ni idea. ¡Ni siquiera había sido capaz de recordar su nombre!
-Tranquilo.- me respondió con una sonrisa sincera, que no me dejaba tranquilo.
Ella ya empezaba a vestirse y yo hice lo mismo.
Era imposible que yo no tuviese fichada a esa mujer. Miré al techo y vi la marca de su tacón, que había roto el tapizado.
-Creo que tu coche queda oficialmente estrenado - le comenté señalándole al techo.
Miró mientras terminaba de ponerse la camiseta y de la impresión se quedó paralizada. Me miró y finalmente se rió.
-Me he corrido tres veces, yo diría que ha sido una inauguración por todo lo alto. - Dijo terminando de ponerse su camiseta y acercándose para besarme con dulzura.
-Si quieres otro día lo superamos- dije seductoramente.
-¿Quién te ha dicho que vayamos a acostarnos otra vez? - dijo burlona.
-Alejandro Sanz dijo que no había dos sin tres - repliqué.
-Y que la vida va y viene y que no se detiene - recitó y luego rió.
Salió del coche y la seguí.
-Oye, ¿tienes agua? Hace un calor espantoso - dije.
-Sí, ya la estaba buscando - dijo abriendo la puerta de delante. - Toma, está fresquita.
Bebí del chorro en el aire y luego me la eché por la cara, resbalándome por el cuello y el pecho.
-¡Por dios Pau! Deja de echarte agua por encima o te meto en el coche otra vez.
-¿Por qué? - pregunté extrañado.
-Porque es super erótico, como te cae el agua y como te mueves... Casi te veo a cámara lenta - rió.
-Pues si tanto te molesta no me mires.
-No es eso, pero seguro que si lo haces delante de un grupo de gente, todas las tías se girarán. - Hizo una pausa y añadió.- Y algunos tíos también.
-Ah, ¿sí? - reí. - Pues ya lo probaré.- Le devolví la botella, me escurrí unas gotas de agua de la cara con el dorso de la mano y añadí. - Bueno, tengo que irme.
-Ya nos veremos por la facultad- dijo con una gran sonrisa y entrando en su coche.
Se puso las gafas de sol y arrancó.
Metí la mano por la ventanilla, la agarré por el cuello y la obligué a besarme. Yo lo hice con pasión y furia, ella me siguió como pudo. Quería que se fuera pensando en mí, pero no demasiado, sólo por un rato. No quería que se encaprichara de mí, pero ese no parecía su estilo. Por eso no entendía cómo no la tenía en mi agenda.
Nos despedimos con una sonrisa y se fue.


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YolandaVineeus
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Sab Feb 14, 2009 23:30

Me subí en mi coche y miré la hora. Definitivamente, ya no iba a ir a mi casa. Hacía más de media hora que había dejado la playa. Me fui directamente a la tienda, que quedaba a unos diez minutos de donde estaba.
Compré la crema, el bañador y unos caramelos para mis hermanos. También un chupachups para mi madre.
Estos caramelos con palo son mi mayor perdición. El único lujo que me daba, hasta entonces, con mi madre.
148 eran el número exacto de chupachups con los que me había deleitado mirándola.
Hay que entender mi posición. Vivimos juntos desde hace once años, tengo fácil acceso a todas sus posesiones, compartimos el aire y el espacio. Por mi cabeza han pasado todo tipo de perversiones fácilmente realizables. Perversiones a cuál más sucia, y que jamás cruzaron la frontera entre los sueños y la realidad.
Verla comiendo ese caramelo es igual que estar soñando. Yo sólo tenía que procurar que tuviera uno cerca... y esperar a que le apeteciera.
Llegué a la playa, y antes de bajarme del coche vi que Carlos y Alexis corrían hacia mí llenos de emoción.
-¿Qué nos has traído? - chilló Carlos llegando hasta donde yo estaba.
-No he traído nada, ¿no ves que sólo me he ido un momento? - dije saliendo del coche.
-¿Qué nos has traído, Pau? ¿Qué nos has traído? - repitió Alexis ignorando lo que le acababa de decir y abriendo la puerta trasera para buscar en el interior.
-Frío, frío, frío, como el agua del río.- Canturreé mientras me dirigía hasta donde estaba mi madre, muy bien acompañada, por cierto, con la crema y los bolsillos del bañador llenos de caramelos.
-¡En el coche no está! Tiene que tenerlo él.- Le decía Carlos a Alexis.-¡Corre, que se va!
-Caliente, caliente, como el agua de la fuente.- Seguí cantando cuando se acercaron.
Me agarraron y me pararon entre los dos. Carlos me quitó el bote de crema para cerciorarse de lo que era y cuando Alexis encontró los caramelos lo tiró a la arena con desprecio.
-¡Caliente, caliente, caliente!.- Les aplaudí mientras terminaba de vaciarme los bolsillos, reservando un par de caramelos y el chupachups.
Recogí el bote del suelo, ellos se habían ido corriendo revolucionados.
Me acerqué a Vic, que estaba cogiendo las palas del bolso, y le di los caramelos.
-¿A mí para qué me das estas mierdas? - dijo con aires de grandeza, como si fuese muy mayor para los dulces.
Le arreé una soberana colleja y chilló.
-Son para tus amigas, subnormal.
-¡Joder! Me has hecho daño – dijo frotándose la nuca.
-Pues aprende por las buenas.
Me acerqué a mi madre y le entregué la crema y el chupachups.
-Gracias, mi vida. - Me dijo cogiéndola.
Mª José estaba sentada a su lado. Tenía esperanzas en volver y que no estuvieran, pero en vez de eso, sus cosas estaban ahora al lado de las nuestras.
-Oye, ¿no has ido a la casa? - dijo al darse cuenta de que la crema y el bañador eran nuevos.
-No, es que me he entretenido un poco. ¿He tardado?
-No, descuida.- Dijo soltando mis regalos en la toalla.
Hubiera preferido que me dijera que sí había tardado. Así sabría que me había echado en falta.
-Me voy al agua, me muero de calor.- Dije marchando hacia la orilla.
-Espera.- dijo mi madre levantándose.- Yo también. ¿Te vienes? - preguntó a Mª José.
-No, yo voy a tomar el sol.- Dijo recostándose.
Nos metimos en el agua hasta la altura de la rodilla. Yo quería saltar y nadar, meter la cabeza debajo del agua, pero la esperé. Ella se mojaba tranquilamente las muñecas y se echaba agua por los hombros y el cuello, para adaptarse a la temperatura. Las gotas le resbalaban por la espalda y ella la arqueaba al sentir el frío.
-¿Te cuento una cosa?.- Dijo con una sonrisa pícara.
-Cuéntamelo, por favor, sé que te mueres por soltarlo.- Yo también me moría por saberlo.
Se rió y se hizo la interesante un rato.
-Bueno, te lo digo.- Dijo metiéndose en el agua hasta la cintura.- Mª José me ha invitado a salir.
-¿Y tú qué le has dicho?.- respondí mordiéndome la lengua.
-Pues, que esta semana tengo muchas cosas que hacer.- Se metió en el agua hasta el cuello, haciendo un ruido orgásmico al sentir el frío.- Pero quizás la semana que viene vallamos a bailar.- Se rió y empezó a nadar para entrar en calor.
-¿Pero esa mujer te gusta? - Dije siguiéndola.
-Me ha caído bien. Es agradable.
-Pero gente agradable y que te pueda caer bien los hay a montones. ¿Por qué vas a irte con ella? - Repliqué indignado.
-A lo mejor, porque es la primera persona que se ha fijado en mí en mucho tiempo – respondió enfurecida.- Pau, hace siglos que no salgo con nadie. Me merezco un respiro.- Dijo apesadumbrada.
Yo no dije nada.
Más de uno había intentado en los últimos años llevarse a mi madre a la cama, pero su sentido de la responsabilidad le habían obligado a cancelar todas sus citas en el último momento, casi siempre debidos a repentinos líos domésticos. Líos que disimuladamente yo planeaba... Me sentía muy mal por hacerle eso, pero verla con otras personas me hacía sentirme peor.
-Además, no te estoy pidiendo permiso, sólo te lo estoy contando.- Replicó.
-Es que si me pidieras permiso no te lo daría. A ti no te gustan las mujeres, pero vamos, que tú puedes hacer lo que quieras.
-Pues eso es lo que voy a hacer.- Dijo saliendo del agua con soberbia.
Se dirigió a su toalla y se tumbó boca abajo. Mª José, que estaba a su lado, hizo lo mismo colocándose frente a ella.
Tenía que deshacerme de esa puta como fuera. Me fui a nadar lejos, y a pensar. Salí del agua al rato sin ninguna idea en mente.
Cogí una toalla, me sequé la cara y me senté a escuchar música del mp3. Hasta que la imagen de mi madre echándose protección me distrajo. Esa misma imagen tenía muy entretenida a Mª José, que no se esforzaba en recoger los baborros que colgaban de su boca.
Me vi a mí mismo saltando sobre ella y partiéndole el cuello. Era la solución más rápida, aunque también la más sucia. Y a parte que hay muchos testigos, deshacerse de un cuerpo no es tarea fácil.
Me conformé con odiarla a muerte, por el momento.
Alexis se sentó a mi lado, Carlitos seguía jugando en el agua, y había conseguido que el perro se bañara también.
-¿Estás cansado o todavía no? - le pregunté rodeándolo por los hombros.
-¿Qué estás escuchando? - ignorándome como hacen los niños, y quitándome el auricular de la oreja para ponérselo él.
Se ve que no le hizo mucha gracia, escuchó un momento y volvió a intentar ponérmelo en la oreja. Se echó en la toalla y se acurrucó. Debía de estar agotado, no había parado en todo el día.
Me tumbé con los brazos por encima de la cabeza y cerré los ojos para escuchar música. Un segundo de tranquilidad... Cuando abrí los ojos, mi madre estaba desenvolviendo mi regalo, y metiéndoselo en la boca. Lo chupó un poco y se me puso dura.
Me incorporé, fingiendo que miraba a un lado y a otro, pero lo que quería era tener un mejor ángulo de ella, de su boca y de su lengua.
Su protocolo para comerse un chupachups es el siguiente: primero lo humedece dentro de la boca, lo saborea, y luego lo hace girar entre sus labios. De esta manera se quedan impregnados del sabor, y luego los lame. Aún así, casi siempre se le queda el color rojo del caramelo de fresa, su favorito.
Pero esta vez lo estaba haciendo diferente. Se lo metió en la boca y lo chupó, y luego con la puntita de la lengua fue lamiéndolo despacio alrededor de la bola.
No podía caber en mi asombro. Me quité los cascos y la miré sin disimulo. Sacó la lengua y giró el caramelo sobre el centro, cerrando luego la boca y sacándolo despacio, rozándolo con los labios. Luego se los chupó y mordió. Se estaba insinuando. Era la primera vez que veía a mi madre insinuarse. Sonrió y giró la cara hacia Mª José, juntas se rieron.
Me caí de mi nube y pude ver que ese desfile de labios y lengua y se lo estaba dedicando a esa mujer.
Dos emociones totalmente opuestas se unieron en mi interior, y me obligaron a coger el chupachups y tirarlo lo más lejos que pude.
-¡Pau!, ¿qué haces? - se sorprendió mi madre.
-Tenía una avispa – dije seco.- Te he salvado la vida.- Intentando justificar una excusa tan tonta.
-¿Una avispa? - repitió Mª José incrédula.- Yo no he visto nada.
-Tú que vas a ver.- Repliqué borde.
Me levanté y me fui a la orilla. Se quedaron riéndose, riéndose de mí. Me arrepentía de haber hecho eso, no debía haber tirado el caramelo, debía haberme ido. Pero no pude permitir que Mª José disfrutara de algo que yo deseaba tanto. La culpa no era de ella, había sido mi madre la que se estaba insinuando. Ella sólo la devoraba con los ojos, y eso no podía soportarlo.
Me metí en el agua, y nadé todo lo lejos que pude. Nadé hasta asfixiarme, hasta perder casi por completo la costa de vista. Me alejaba de ella pero su imagen me perseguía. Me agarré a una piedra que sobresalía del agua y allí me quedé, desesperado y exhausto, dándole vueltas a todo lo que llevo dentro, tratando de buscar una solución...


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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Lun Feb 23, 2009 20:10

Volver a la playa me costó tres veces más que alejarme de ella. Una por el cansancio, otra por la vergüenza de volver a ver a mi madre y que me dijera algo, y por último, por lo placentero que me resulta el mar frente a la tosquedad de la tierra o el bullicio del viento.
Me gusta deslizarme por el agua de la forma en que lo haría un pez. Me gusta meterme debajo y aguantar todo el tiempo posible, nadar en todas las direcciones, hacer piruetas y volteretas, y salir lo justo y necesario para tomar aire y volver a descender.
Me gusta sentir la ingravidez en mi pelo, el silencio en mis oídos y la tranquilidad en mis pulmones...
Finalmente llegué a la orilla. Completamente agotado me dejé arrastrar por las olas hasta que me depositaron en tierra firme. Me quedé allí tumbado un rato, recuperando el aliento. Sentía todos los músculos entumecidos y a duras penas pude darme la vuelta y ponerme boca arriba.
En ese momento llegó el perro, subiéndoseme por encima e intentando lamerme la cara. Al momento llegó Carlos. Lo llamó y lo sentó a su lado.
-Miko pórtate bien para que Pau vea lo buenos que son los perros- le dijo al animal.
-Representa a toda su especia y los está dejando en muy mal lugar- repliqué.
-No, él es muy bueno, y los demás perros también. Además si yo tuviera uno le enseñaría a comportarse. - Regateaba conmigo de manera melodramática.
-Tendrás un perro, tranquilo - lo apacigüé.
-¿De verdad? - exclamó.
-El día que no vivamos bajo el mismo techo.- La sonrisa se le borró de la cara.- Así que tú sabrás, si prefieres vivir con un perro de la calle al que ni conoces o conmigo.
-¡Jo! Pau, porfa...
-No, si ya veo a quién prefieres- dije dramatizando y haciendo un gesto de desdén hacia el perro.
-No, no, te prefiero a ti, te prefiero a ti- dijo rodeándome por el cuello.- Hoy te has ido super lejos y has tardado mucho. Vic me estaba diciendo que te había comido un tiburón pero yo no le creía. Y luego tardabas mucho en venir y ya me he asustado.
-Mira a quien vas a hacer caso. Además aquí no hay tiburones - traté de tranquilizarlo.
-Ya lo sé, pero había pensado que te habías ahogado porque no te veía.- Sollozaba.
-¿Pero cómo me voy a ahogar yo? Antes me convertiría en un pez, fíjate lo que te digo.- Lo miré a la cara con seriedad.- ¿Me imaginas convertido en pez? ¿Crees que estaría guapo con escamas? - Lo hice reír.
-No, serías un monstruo con cara de pescado- se pitorreó.
-Pues en un delfín. ¿Te imaginas ser un delfín?
-¡Tiene que ser genial! ¿Te acuerdas cuándo fuímos al acuario? Hacían cosas chulísimas.- Había recuperado totalmente el ánimo.- Bueno, que mamá me ha dicho que te diga que ya nos vamos.
Me incorporé y vi que ya habían recogido todo y estaban vistiéndose.
-Pues entonces vamos.- Le dije levantándome.
Me sequé rápido con una toalla, me vestí y me metí en el coche a esperar. Mi hermano Vic se estaba despidiendo de las niñas, Carlos del perro y mi madre de Mª José. Alexis estaba dormido en el asiento de detrás, y seguramente se pasaría todo el camino de vuelta así, hasta que llegásemos a la casa.
Se subieron todos al coche y nos fuimos. Mi madre conducía.
Seguimos durante un rato al otro coche hasta que tomaron una dirección diferente. Al tomar la curva, pitó Mª José y se despidió con la mano a través de la ventanilla. Mi madre le respondió con otro pitido.
Carlitos estaba contando todo lo que había hecho a lo largo del día. Cada detalle y nueva experiencia. Víctor discutía con él para que se callase, pero en vez de eso cada vez se enzarzaban más.
A esto, mi madre me preguntó con voz tranquila.
-Bueno, ¿me vas a explicar por qué tiraste antes el chupachup de esa manera? Y no me vengas otra vez con el cuento de la abeja.
Me quedé paralizado. No esperaba que me preguntase y no había planeado una respuesta. Improvisé.
-¿Cómo que por qué? ¿De verdad necesitas una explicación?
-Pues sí, la necesito. La necesito Pau.- Respondió seria y sin apartar los ojos de la carretera.
Ella necesitaba esa respuesta, pero, ¿por qué? Yo barajaba la posibilidad de que me hubiera descubierto, que supiera que lo había hecho por celos... Descarté la idea. Ella realmente no tenía ni idea de mis sentimientos, así que, ¿por qué creería ella que lo había hecho?
-Mira, no te lo voy a explicar yo, te lo va a explicar Vic.- Respondí finalmente.
-¿Yo qué?.- Saltó metiendo la cabeza entre nuestros dos asientos.
-¿Sabes que mamá y Mª José van a salir juntas? - le dije.
-No. ¿Por qué? Me parece bien que salga y se divierta la mujer.- Replicó en tono chistoso.
-Quiero decir que han quedado en plan cita, para ir a bailar...- expliqué.
-¿Qué? - Puso cara de espanto y nos miró a los dos de reojo esperando una explicación.
-Voy a salir con Mª José.- Le dijo mi madre a Vic mirándolo por el retrovisor.
-¿Te vas a liar con una tía? - Preguntó casi inaudible.
-¿Qué tendría eso de malo? - replicó ella cautelosa.
-De malo nada, obsceno mucho.- Respondió Vic más alterado.-¿A qué viene de pronto que te quieras comer el coño con una tía? ¡Eres madre de cuatro hijos, respétanos! Respeta nuestras pobres mentes que están siendo corrompidas en este momento con imágenes perturbadoras...
-¿Cómo puedes decir palabras tan complejas en la misma frase que estás diciendo "comer el coño"?- interrumpí.
-A mí no me importa que mamá se quiera comer el coño con Mª José. Si a ella le gusta, claro, a mí me daría asco.- Saltó Carlos.- Y la verdad es que me da asco pensarlo.
-¿Ves?, perviertes nuestras mentes.- Acusó Vic.- Y menos mal que Alexis está dormido.
-Pues dejad de imaginarlo porque ni siquiera ha pasado.-Dijo ella.
-Claro que no.-Dije yo.- Sólo os estabais follando con la mirada- en voz más baja.
-Eso no es así Pau - replicó ella.
-Te estaba viendo, cómo te comías el chupachup...
-¿Cómo? ¿Qué ha pasado? - Se interesó Vic.
-Tu madre estaba representando un espectáculo porno-erótico en el que su lengua era la protagonista- aclaré a Vic.
-¡Tío! ¿Y lo has visto? Yo sólo de pensarlo me estoy poniendo enfermo. ¡Qué asco por dios! - dramatizaba Víctor.
-A mí me parece muy bien que vuestra madre os dé tanto asco...
-Pero sólo sexualmente hablando mami - replicó Vic inocentemente.
-Bueno- prosiguió mi madre-, pero hay gente a la que pueden gustarle esas cosas de mí, y vais a tener que aceptarlo. Igual que yo acepto vuestras cosas.- Nos lanzó una mirada inquisidora a Víctor y a mí, pero especialmente a mí.
Hubo un silencio. Tenía toda la razón. En pocas familias se respira la libertad sexual que hay en la mía, y ahora la estábamos censurando a ella.
-¿O acaso te crees que no sé lo que estás intentando con esas dos niñas Víctor? - se pitorreó mi madre.- Y a ti - clavándome la mirada un segundo- , por no hacerte una lista te diré solamente que he visto los bonitos arañazos que has traído en la espalda al volver de comprar.
Vic empezó a reírse y a tirarme de la camiseta para verlo.
-Eso son marcas de guerra y tienes que enseñarlo.- Dijo zarandeándome.
Me subí la camiseta para comprobarlo yo mismo. Me pasé la mano y noté la piel levantada en algunos sitios.
Vic se reía y Carlos también. Miré a mi madre boquiabierto, era la primera vez que hacía una insinuación de ese calibre. Además ni siquiera lo había planeado, no sé que me pasó por la cabeza. Yo tenía reservada otra cosa y esto me había tomado por sorpresa. No supe reaccionar.
Al día siguiente, cuando mi madre entró en mi cuarto con el tanga colgando de uno de sus dedos, sí que la estaba esperando.
-Esto estaba en el bolsillo de los vaqueros que llevaste a la playa.- Dijo apoyándose en el marco de la puerta, con una falsa sonrisa y mirándome desafiante.- Lo he lavado y lo he cosido.
Me acerqué a ella y sin apartar mis ojos de los suyos, agarré el trozo de tela y lo cogí de entre sus dedos.
-¿Puedo hacerte una pregunta?.- Le dije casi sin pestañear.
-Claro- dijo con dudas y cruzándose de brazos en una posición defensiva.
Me retiré de ella para darle espacio y me senté en mi cama.
Respiré hondo, me pasé la lengua por los labios y volví la mirada.
-¿En qué piensas cuándo te encuentras cosas como ésta por la casa? - dije sin más.
-¿En qué pienso? - se sorprendió.- Pues no sé, simplemente lo recojo y lo echo a lavar...
-¿Y no piensas nada más?
-En que eres un descarado por no hacerlo tú mismo - sonrió.
-Claro, supongo que cada mujer querrá lavar exclusivamente su ropa interior.
-Evidentemente.- Respondió.
Hubo un pequeño silencio hasta que continué.
-Perdóname, espero que no vuelva a suceder. Ha sido un despiste.- Dije mirando al suelo para no mentirle en la cara.- Lo que quiero decir es que no hace falta que te tomes esa molestia, lo de lavarlo digo, y mucho menos arreglarlo. Al fin y al cabo, limpio o sucio, va a acabar igual en la basura. Yo no quiero esto para nada.
-No lo entiendo.- Respondió.- Yo pensé que se los devolvías a sus dueñas.
-No - reí.- Son regalos, no puedo hacer eso.- La miré con obviedad.
-¿Entonces por qué lo aceptas si sabes que va a acabar en el cubo de la basura?
Miré a un lado y a otro y me encogí de hombros. Le sonreí con inocencia.
-Si una chica me regala unas bragas es porque quiere que me las quede, rechazarlas sería una grosería.- Respondí serio.
-¿Y por qué las tiras?
-Porque no las quiero.- Exclamé.
-Espera, a ver.- Empezó a decir.-Una vez encontré un sujetador blanco de encaje debajo de tu cama. ¿Eso también lo tiraste? Yo lo lavé y lo dejé con tu ropa. Parecía que la dueña se lo hubiera dejado.
Me quedé impactado, ese sujetador lo coloqué yo estratégicamente hacía más de dos años y ella lo recordaba.
-No sé de qué me hablas.- Me hice el tonto.- Pero supongo que también lo tiré, yo no me quedo nada, y tampoco me los suelen pedir.
-Pues tenía pinta de caro. No me puedo creer que lo tiraras sin ningún miramiento. Yo me lo hubiera quedado.
Creo que me puse colorado de pensar en mi madre llevando la ropa interior de mis amantes.
-No me mires así que un sujetador no es lo mismo que unas bragas.- Rió.
-Ah, pues estaba a punto de preguntarte si querías esto.- Dije estirando la mano y mostrando el tanga que seguía en ella.
El teléfono empezó a sonar y se fue corriendo a contestar.
La conversación no había acabado. Yo aún tenía muchas cosas que decirle. Uno puede ensayar una conversación en su cabeza una y otra vez, pero cuando la pasa al mundo real las respuestas varían. Ella no dice siempre lo que yo pienso que dirá. Esto sólo era una pausa para poder retomar el hilo. Pero ahora, mirando la prenda negra en mi mano recordé algo importante. Mi agenda.
La chica del día anterior debía estar en mi agenda, y si no estaba debía incluirla inmediatamente.
Cogí una cuartilla en blanco y la rellené con los datos de ella de la forma en que acostumbro. Luego busqué el sitio más apropiado para ella entre las demás páginas. Al hacerlo descubrí que faltaba una, la 140. Ésa debía ser ella, en esa página debían estar los datos de la primera vez que estuvimos juntos.
Era evidente que a esa página no le había salido piernecitas y se había ido sola, alguien la había cogido.
Me dirigí enfurecido al cuarto de mis hermanos, abrí la puerta de golpe y vi a Víctor, tendido en su cama leyendo una revista.
-¡Tú! .- Le grité a Vic.- La página 140, dámela, ¡ya!
-¿De qué hablas? - dijo riéndose.
Lo levanté por el brazo.
-Has estado a punto de joderme bien Víctor, dame esa página ahora mismo.
-¿Por qué?, ¿has visto a Nuria? ¿Has estado con ella? - dijo ignorando mis exigencias.
-¿Quién coño es Nuria? - exclamé.
-¿Cómo que quién es?.- Dijo soltándose del brazo y dirigiéndose a su mesilla de noche.- Tu número 140, imbécil.
Me dio la hoja y allí estaba ella, con foto incluida.
-Esto no es para que tú te la casques, ¿me has oído? No se te ocurra volver a tocar mi agenda.
-¡Joder Pau! Tienes quinientasmil, ¿qué mas te da prestarme una?
-Me da en que ayer estuve con ella y tuve que hacer malabarismos para que no se diera cuenta de que no tenía ni idea de quién era.
-¿Esos arañazos te los hizo ella? - preguntó extasiado.
-¿Pero tú de qué la conoces?
-Sólo de vista, pero cuando quieras me la puedes presentar, ¿eh?
-Esa es mucha mujer para ti.
-Gracias por apalearme física y psíquicamente - dijo en tono lastimero.
Me dirigí a mi cuarto, cogí el tanga y se lo di.
-Cúrate con esto.- Le sonreí.
-¿Qué es esto?- Dijo estirándolo por las gomillas con ambas manos.
-Es de tu Nuria. Aprovéchalo porque es lo máximo que conseguirás de ella jamás.- Dije yéndome a mi cuarto.
-¡Hostia puta! - chilló.- ¡Gracias Pau! - Dijo abrazándome por la espalda.- Estoy a punto de echarme a llorar.
-Haz lo que quieras, pero no vuelvas a tocar mi agenda. Y suéltame ya que me vas a tirar.
En este momento llegó mi madre.
-¿Pero qué son estos cariñitos y arrumacos de amor? - dijo abrazándonos a los dos.- Yo también quiero.
-Tú no, esto es un trato entre hombres - la apartó Vic.
-¡Uy! Perdone usted, caballero.- Se mofaba ella.- Y se puede saber cuál es ese negocio tan importante que se traen entre manos los señores.
-Nada.- Apremié.- Que se ve que en esta familia somos todos amantes del reciclado.
-¡Tío, córtate! - Me empujó Vic mientras se escondía el tanga en los pantalones, pero no antes de que lo viera mi madre.
Ella nos miró a los dos a los ojos inquisidoramente.
-Pronto nosotros tres vamos a tener una charla.- Sentenció.- Ahora tengo que irme. Ya os pillaré por banda.


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YolandaVineeus
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Mié Feb 25, 2009 16:41

Nos pilló por banda finalmente anoche. Vic y yo estábamos hablando de tonterías en el salón y mi madre acababa de acostar a Carlos y Alexis. Entró en la habitación haciendo un gesto de dramatismo y misterio. Se puso frente a nosotros, nos miró y cogió aire.
-Chicos, agarraos a los asientos, tomad aire, bebed agua, que vamos a hablar de sexo.
Vic se atragantó. Ella se sentó despacio en el sillón individual.
-¿A estas alturas pretendes enseñarnos lo de las abejas y las flores?- Dije en tono de burla.
-No, tranquilos. Eso se lo enseño a Alexis.
-Es que eso está desfasado hasta para Carlos.- Rió Vic.
-Bueno, que no es de eso de lo que quiero que hablemos.- Dijo empezando a ponerse nerviosa.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres decirnos? - Atajé.
-En realidad no quiero deciros nada, quiero que me lo digáis vosotros a mí. - Resumió.
Hubo un silencio hasta que Vic respondió.
-¿Quieres que te expliquemos cómo se hacen los niños?.- Extrañado.
-No me seas de pueblo chico.-Le dijo a Víctor.- Lo que quiero es saber de vosotros. Lo que hacéis, lo que no hacéis. Si sois prudentes...¿Me entendéis?.-Dijo dudosa.- Yo creo que tenemos la suficiente confianza como para ser sinceros entre nosotros.
-Ya lo entiendo.-Dijo Vic.-Tú lo que quieres es jugar a la verdad.
-¿Qué dices?.-Repliqué.-Ella lo que quiere es información a cambio de nada. De un “gracias” como mucho. No va a jugar a la verdad.
-¡De eso nada! La información tiene un precio.-Dijo indignado.-Si quieres saber cosas de nosotros tendrás que contar cosas tuyas.-Le dijo con descaro.
-¿Pero qué es eso de la verdad?.- Dijo intrigada.
-Es un juego.-Empecé a explicar.-Alguien hace una pregunta personal a otro, y éste tiene que contestar la verdad. Luego el otro es el que pregunta. Y así se puede continuar hasta aburrirse.
-Tío, a quien le diga que voy a jugar a la verdad con mi madre no se lo cree, y encima me pega...
-Sé lo que es.-Dijo mi madre.- Yo también he jugado a eso. A ver cuántos años os habéis creído que tengo. Ochenta por lo menos, ¿no?
-Conque sí, ¿eh? - Rió Vic.- Te vas a enterar. Yo pregunto primero.
-Pues empieza tú primero que luego me tocará a mí.- Sonrió ella.
-¿Qué le pregunto? - Me dijo al oído Víctor.
-Pregúntale qué es lo que quiere saber en realidad.- Le contesté.
-A ver.- Dirigiéndose a ella.- ¿Por qué estás dispuesta a jugar a la verdad para sonsacarnos información? ¿Qué es lo que quieres saber? Sin rodeos.
-No quiero saber nada en concreto.- Dijo con sinceridad.- Simplemente quiero saber de vosotros, y me parece justo que vosotros sepáis de mí.
-Me has hecho desperdiciar una pregunta Pau.- Me dijo él enfadado.
-Me toca.- Dijo ella inclinándose hacia Víctor y mirándolo fijamente a los ojos.- ¿Has mantenido relaciones sexuales con otras personas?
-¿Pero por qué me lo preguntas así? - Dijo tapándose la cara con un cojín.-¡Qué vergüenza más grande!
-Pues tienes que contestar porque yo lo he hecho.- Replicó ella.
-Venga ya, contéstale.- Apremié.
-Bueno, sí, lo he hecho.- Respondió sin mirarla a la cara.- Venga, otra pregunta.
-Me toca a mí.- Dije yo mirándola.
Quería preguntarle tantas cosas que no tenía ni idea de por dónde empezar. Debía empezar por preguntas suaves, e ir pasando a las más duras. Tampoco debía hacer preguntas estúpidas y perder esta gran oportunidad que podría no volver a repetirse jamás. Además, Vic no debía notar que mi interés era diferente al suyo. Él quería reírse de ella y así sentirse menos idiota cuando le tocara responder. Yo quería saberlo todo de ella.
Mi primera pregunta surgió sin más.
-¿Cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien?
-Hace...- Se lo pensó.- Cuatro siglos.- Rió.- Quiero decir... cuatro años.
-¿Cuatro años?.- Exclamó Vic.
-¡Pero si esa es la edad de Alexis! Llevas sin hacerlo, ¡toda una vida! ¿Qué pasa?
¿Que tuviste que hacer un trato con las monjas para que te lo dieran o qué?
Mi madre se rió. La verdad es que yo tenía esperanzas en que hubiera contestado al menos siete años. El tiempo que yo me había pasado espantándole los ligues desde Ramón.
-Bueno, la verdad es que es es la última vez que me acosté con alguien, pero no la última vez que..., ya sabéis.- Balanceó la mirada a un lado y a otro.
-¿Qué quieres decir? - Reaccioné yo.- ¿Que te has liado con más gente?
-Sí, bueno, pero eso ya es otra pregunta, ¿no? - Dijo ella.- Y ahora me toca a mí.- Subió los pies al sillón y se acomodó apoyándose en el reposabrazos.- ¿Y tú?- Dijo mirándome.- ¿Con cuántas chicas has hecho el amor?
Me tumbé en el sofá y me tapé con una manta que había por allí. Me sentía acorralado. Tenía que responder con la verdad.
-¿Yo? Con ninguna. Te lo juro.- Dije mirándola de reojo por encima de las gafas.
-¡Ay! Serás embustero.- Saltó Vic.- No te lo creas, para nada.- Le dijo a mi madre.- Yo te voy a decir con cuántas... ¿sabes cuánto son doce docenas?
-¿144? - Resolvió ella.
-¡Eso el mes pasado! A la fecha de hoy puede que la cifra haya subido.- Me miró pronto con recelo, como si hubiese tardado en notar el picor de la mirada que le estaba echando.- Bueno pero no me mires así que estabas mintiendo.
-Lo que quería decir es que yo no hago "El Amor".- Hice el gesto de las comillas con los dedos.- Yo practico el sexo.- Puntualicé.- Si hubiera preguntado con cuántas chicas he follado habría contestado otra cosa. Pero no.
-¿Entonces nunca has hecho el amor? ¿Esa es tu respuesta? - Quiso aclarar ella.
-Sí, esa es mi respuesta.- Lo que más deseaba en ese momento era mirarla a la cara y decírselo todo. Sin embargo no podía reaccionar, no podía mirarla a los ojos. Me sentía abrumado. Además, Vic estaba ahí, desbaratando todas mis ilusiones con su presencia.
-Buah, qué mariconada.- Se carcajeó Vic.- Menos mal que ya me toca preguntar a mí...Bueno, mami.- Dijo con rintintín.- ¿Qué es lo más fuerte que has hecho jamás?
-Lo más fuerte...- repitió ella y empezó a reírse.- Seguramente fue cuando vivía en la residencia de las monjas. Un día metimos al novio de una amiga en la habitación y entre tres lo atamos a una cama y lo medio violamos... Claro que para ponerlo cachondo nos liábamos entre nosotras y eso.- Dijo con toda la normalidad del mundo y terminó riéndose.
Vic hizo una mueca de espanto. Para él, lo más fuerte que hay es el 69 y poco más.
-¿Cómo puede poner cachondo eso a nadie?- dijo él.
-Eso es porque me miras como a una madre, pero a él le encantó.- Rió de nuevo.
A mí también me estaba encantando. Menos mal que tenía mi mantita para que no se notara.
-¿Qué es lo más fuerte que has hecho tú, Víctor? - preguntó ella.
-El 69.- Dijo orgulloso.
-¿Y tú Pau?
-No sabría decirte, la verdad.- Respondí.- Además me toca a mí.- Lo pensé durante unos segundos y me lancé a preguntar.- ¿Entonces eres bisexual? Por lo que has contado de tus amigas y como vas a salir con Mª José... ¿te gustan las mujeres?
-A ver, yo me considero una "libre amorosa", porque creo que todo el mundo tiene derecho a amar a lo que se le antoje. Es decir, a un hombre, a una mujer, a un perro o a un taburete...¿me entendéis?
-¿Y qué opinas de la pederastia? - Me interesé.
-Opino que eso es lo mismo que la violación.- Respondió seca y cambiando totalmente la expresión de su rostro.- Yo puedo entender que alguien sienta una atracción hacia un niño...- Cogió aire, parecía que el tema le afectaba.- Pero de ahí a obligarle a hacer algo es un salto muy grande.
-Entiendo.- Respondí.- ¿Pero y si el niño está de acuerdo en esa relación?
-¿Pau? - Se sorprendió.- ¡Un niño! Un niño no es consciente de esas cosas y de cómo podrían afectarle en la madurez.
Se quedó pensativa durante un rato, como ida, hasta que Vic saltó.
-¿Alguna vez te has sentido atraída por nosotros o por algún otro niño? - Dijo muy serio con cara de dramatismo.
-¡Qué tonterías dices Vic! - Contestó saliendo de la nube de pensamientos que la envolvían.
-Sólo quería asegurarme porque no he entendido eso de libreamorosa.- Explicó.
-Creo que lo que quiere decir es que cada cual haga lo que quiera pero respetando a los demás.- Le aclaré.- ¿Es eso? - Me dirigí a ella.
-Sí, eso es.
-Pero entonces las tías te ponen cachonda, ¿no? - Atajó Vic.
-¿A ti e ponen cachondo todas las tías?
-No, todas no. los chocos no me ponen nada.-Rió él.
-Pues yo igual.-Concluyó ella y se rió con picardía pasándose la lengua por los dientes.-¿A quien le toca preguntar? Creo que a mi.-Se lo pensó y me echó una mirada de arriba a abajo. La siguiente pregunta iba a ser para mi.
-Pregúntale si se a liado alguna vez con un tío, que a mi no me lo quiere decir.-Saltó Vic.
Antes de que mi madre me dirigiese la mirada interrogante me levanté me levanté del sofá de in salto y me dirigí a mi cuarto.
-Uy, mi móvil está sonando,voy a cogerlo.-Dije.
-¡Mentira, yo no oigo nada!.-Chilló Victor para que lo oyera desde la otra punta de la casa.
Esperé a que hablasen de otra cosa para volver al salón. Cuando lo hice mi madre le preguntaba a Vic si siempre usaba condón. Él le dijo que si y ella se volvió para preguntarme a mi mientras me sentaba.
-¿Te han pegado alguna enfermedad de transmisión sexual?.-Me dio la sensación de que sabía que si.
-He tenido algunos picores, pero nada serio.-Le contesté con naturalidad.
-¿Y alguna vez has tenido que ir a pedir la píldora del día después?.-Siguió ella.
-Alguna vez.-Dije con pesar.
-Y por qué haces eso?¿Por qué te pasas el día saltando de cama en cama?¿Es que no encuentras ninguna chica que merezca la pena?
-No, ninguna de esas merece la pena.-Le dije.-En todo caso un revolcón, pero nada más.
-qué estas esperando,¿a que llegue?
-¿Quien?.-Me intrigué.
-La chica de tus sueños.-Dijo con obviedad.-O más bien estás haciendo tiempo.
-Eso es.-Le sonreí.-Has dado de lleno.
-Claro, claro, claro...-canturreó.-Por eso dijiste antes que tú no haces el amor sino que practicas sexo, ¿eh?
Me daba la sensación de que se estaba burlando de mi y no le respondí nada.
-Pau, relájate que esto no es un maratón.-Me alentó ella.-Mírame a mi, todavía estoy esperando a mi príncipe azul, pero con paciencia, que es la madre de la ciencia.-Sonió.
-Entonces, ¿por qué vas a salir con Mª José? ¿Tienes esperanzas o ilusiones en que pueda ser tu princesa azul? - Le dije mirándola a los ojos.
-Claro que no.- Rió.- Pero nunca se sabe.- Me devolvió la mirada.
-Mamá.- Saltó Vic.- ¿Y tú alguna vez le has puesto los cuernos a alguien?
-No, pero me los han puesto a mí.- Sonrió de forma dolorosa.- Cuando yo me enamoro de alguien sólo pienso en esa persona.
-¿Y tú estás enamorada? - Insistió él.
-Sólo de vosotros mis bebés.- Dijo cariñosa.
-No, no, eso no es lo que yo quería decir.- Dijo Vic.
-¿Querías decir que en quién piensa cuando se masturba? - Le pregunté a él.
-No, tampoco.- Exclamó.
-Bueno, pero no es una mala pregunta.- Sonreí y la miré esperando la respuesta.
-Eso es muy íntimo, no os lo voy a decir a vosotros.- Se acomodó en el sillón rodeándose las piernas con sus brazos y asomando los ojos por encima de ellos. Esto en psicología sería un acto inconsciente de defensa.
-Da igual, de todas formas yo sé la respuesta.- Le sonreí burlonamente.
Se impresionó y saltó del sillón para darme una torta en el brazo.
-¿Tú qué vas a saber mal educado? - Chilló ella, pero terminó riéndose y mirándome con curiosidad cuando se sentó de nuevo.
-Sí, sí, no te hagas la tonta. - Me seguí burlando.- Que todos nos hemos dado cuenta de cómo se te cae la baba con cada película de Brad Pitt, que incluso te pusiste a buscar la primera porque te habías enterado de que salía desnudo...
Se quedó con la boca abierta, Vic empezó a reírse.
-Es verdad, no lo niegues.- Rió más.
-Vale, lo admito. Amo a Brad Pitt, pero no se lo digáis a su mujer que podríais estropear mis planes de conquista.- Se burló.
-Si quieres hacemos un trato.- Siguió Víctor.- Para ti el Pitt ése y para mí Angelina Jolie.
-Me parece un buen trato. Venga, vete adelantando que yo te alcanzo.- Se rió ella.
-Sí, ¿no? - Se mosqueó él.- ¿Y con qué frecuencia piensas en Brad Pitt? Ya por curiosidad.
Esa pregunta fue genial. Quise abrazarlo y todo.
-Pues por lo menos una vez a la semana.- Le respondió con descaro.- ¿Y tú? - Desafiante.
-Por lo menos una vez al día.- Admitió Vic.
-Y...¿has probado la masturbación anal? - Le dijo ella sin ningún pudor. No pude más que reírme.
-No, claro que no.- Dijo con un gran gesto de desdén y asco.
-Vamos Vic, no me irás a decir que no sabes que el punto G de los chicos está en el recto, ¿verdad? - Siguió ella y de nuevo me dio la risa.
-No, no, no... A mí no me cuentes pegotes, yo no me meto nada por el culo.
-¿A qué le tienes miedo Vic? ¿A que te encante y te vuelvas loca? - Me pitorreé.
-Mira Pau, déjame de mariconadas.- Dijo con desprecio.
-¿Que te deje de mariconadas? - Exclamé.- Ven aquí que te voy a enseñar lo que es un hombre.
Salté por encima del sofá, lo agarré del cuello me puse encima suyo. Empezó a gritar y a patalear para apartarme.
-¡No te resistas bribón! - Le dije con rintintín.
-¡No! ¡Para! - Lloriqueaba y se reía.
-¿No me vas a dar un beso?, ¿a tu hermano, que te quiere tanto?
-No por favor, ¡no!
Mi madre se desternillaba.
-Vic, la homofobia es una enfermedad, voy a curarte porque me preocupo por ti.- Lo agarré con fuerza y lo besé. Se revolvió más y me apartó de una patada.
-¡Tío qué asco! - Se limpiaba la boca con el dorso de la mano.- ¡Me has metido la lengua!
Mi madre se reía y aplaudía.
-No te hagas el estrecho que sé que te ha gustado.- Le guiñé un ojo y me senté de nuevo en mi sitio.
-Te lo digo en serio.- Amenazó.- Es que... prefiero que me des una bofetada antes de que vuelvas a hacerlo.
-¿En serio Vic? ¿De verdad prefieres que te pegue? - Me sorprendí.- Pues a mí eso no me parece normal. ¿Por qué tienes tantos prejuicios?
-No son prejuicios, es simple asco.- Me encaró desafiante.
-Ah, ¿sí? - Respondí aceptando el duelo.- Y si hago esto, ¿qué? - Con un rápido movimiento le metí el dedo en la nariz, y antes de que se diera cuenta ya estaba otra vez en mi sitio.
-¡Ay, mierda! - Se sorprendió.
-Y eso, ¿qué te parece? - Reí.
-También es asqueroso.- Se restregaba la nariz con la mano.
-¿Y en la oreja? - Le metí el dedo en ella.
-¡Joder para! - Se enfureció.
-¿O prefieres que te pegue? - Le di un puñetazo en el brazo que me dolió hasta a mí.
-¡Pau! - Chilló.
-¿Eh? Dime, ¿qué te ha molestado más?
-Ya te pillaré desprevenido.- Amenazó mirándome con coraje mientras se rascaba el brazo.
-¿Cuándo tengas tus propios hijos también les enseñarás así Pau? - Intervino mi madre
-Probablemente... - Sentí una punzada en mi estómago.- ¿Crees que lo estoy haciendo mal?
-No lo sé.- Rió.- Vic, ¿has aprendido algo?
-Sí, que no debo jugar con vosotros a nada que no sea el parchís. Me voy a la cama.- Se levantó y le dio un beso a mi madre en la mejilla.- Buenas noches.- Le dijo. Se acercó a mí y se dio la vuelta de golpe.- A ti nada - me despreció.
-Buenas noches a ti también.- Alcé la voz mientras cruzaba la puerta del salón.
Nos quedamos solos ella y yo. Nuestras miradas se cruzaron.
-Bueno.- Rompí el silencio.- ¿Quieres seguir? - Intrigado.
-No, en realidad ya es tarde y esto no ha servido de mucho. Más bien ha sido una tontería.- Sonrió.- Seguimos teniendo una charla pendiente.- Dijo levantándose.
-Pues dime qué quieres saber.- Insistí.
Se sentó junto a mí en el sofá, me rodeó por el cuello y me abrazó.
-¡Ay mi niño! - Me estrechó cariñosa.
Me quedé cortado. Ella me pone muy nervioso, y Vic ya no estaba para refugiarme tras su desparpajo.
La rodeé tímidamente por la cintura y apoyé la cabeza en su hombro. Sus pechos quedaban a centímetros de mi cara.
-¿No tienes calor? - Dijo apartando la manta.
-Un poco.- Respondí sin mucho interés.
-Ven aquí y dame unos arrechuchones anda.- Me abrazó y me estrujó.- ¡Ay! - Dijo cariñosamente mientras me acunaba.
-Para, me mareas.- Me solté y la rodeé yo a ella por los hombros. Se recostó para acomodarse y se quedó pensativa.
-Oye, Pau, ¿puedo pedirte un favor un poco peculiar? .- Dijo pasándome la mano por la cara.
-Claro, ¿qué?
-Te va a sonar raro, pero... ¿por qué no te echas una novia? - Me dijo mirándome a los ojos con recelo.
-¿Cómo? - Me impresioné.- ¿Qué quieres decir con que me eche una novia?
-Es que no entiendo por qué eres tan cabra loca para eso, con lo formal que eres para lo demás... Tú no eres así y no entiendo qué es lo que te pasa. - Explicó.- A lo mejor, si tuvieras novia, te centrarías en ella, todo sería más normal y yo no me preocuparía tanto por saber dónde estás, qué haces o con quién. ¿Entiendes?
-No, no lo entiendo. ¿Qué es lo que te preocupa exactamente? ¿Qué esté con muchas chicas? ¿Y qué diferencia habría para ti en que esté con una nada más?
-En que lo vería más normal, simplemente. ¿O cuántos chicos conoces que hagan lo mismo que tú?
-Los que no lo hacen será porque no puedan, no porque no quieran.- Le sonreí con obviedad.
-¿Y por qué lo haces tú? - Preguntó desafiante.
Tardé unos segundos en responder. Me miraba a los ojos esperando. En mi fuero interno deseaba que fueran celos.
-Lo hago por amor.
-¿Te estás riendo de mí?- contestó.
-No. Bueno, un poco. No te enfades.- Le sonreí con timidez.- ¿Por qué crees tú?
-Mira Pau, te voy a ser sincera.- Parecía que le costaba mucho decir lo que estaba a punto de decir.- Yo creo que tú eres un chico formal y tímido, pero te he visto con algunas chicas y con ellas te comportas de una manera totalmente diferente. Parece que tuvieras dos personalidades, la de la casa y la de la calle. - Se retiró de mí un poco acomodándose en el sofá.
-Todo el mundo finge alguna vez ser quien no es para impresionar a alguien.- Repliqué tranquilo.
-¿Y cómo eres en realidad? .- Preguntó con cautela.
-¿No lo sabes?
-No lo sé. Dímelo.
La verdad es que había sido un pregunta absurda. Claro que no sabía cómo era yo, nunca se lo había dicho. Nunca le había explicado por qué hago las cosas, nunca le había dicho que la amo; que ella es en lo único que pienso y que por ella hago todo lo que sea necesario.
Pensaba decírselo, está claro, pero no hoy. Me cuesta demasiado hablarle y ser sincero. No sé cómo va a reaccionar, y tampoco sé cómo reaccionaría yo. A veces mi mente y mi cuerpo no se sincronizan muy bien. Podría planearlo, estudiar las palabras que diré o los movimientos de mis manos para recorrer su cuerpo. Pero al final..., mi mente se hará un lío, no recordaré lo que quiero decir. Querré tocarla, besarla, y mis manos temblarán, todo mi cuerpo, y entonces no habrá marcha atrás, será saltar o saltar. Más bien saltar o caer.
Quizás debería agarrarme a ella. Me está dando la oportunidad en este momento, como tantas otras veces, de serle sincero.
Por otra parte me da mucho miedo su reacción. No sé cómo va a responder ella, claro que eso también depende de cómo se lo diga yo. Para eso he practicado. Cada chica responde de manera diferente cuando le entra un tío. Depende de cómo lo haga el tío, en este caso yo. Lo mejor casi siempre es ser directo, esto te da una respuesta inmediata. Sí o no. El problema de esta opción es que cabe la posibilidad del no, y eso me mataría. También hay que ser realista, no creo que ella me dijera que sí inmediatamente, a menos que llevara tiempo pensándolo, y aún así sería difícil. Me ve como a un hijo, así que lo que tengo que hacer es que me vea como a un hombre.
-Bueno, ¿qué? ¿Me vas a contestar?.-Me dijo ella sacándome de la nube de pensamientos en la que me encontraba.
-Es que me cuesta mucho.-Me excusé.
-¿Qué es lo que te cuesta? ¿Saber cómo eres?
-No.- Respondí seco.- Yo sé cómo soy, pero me cuesta explicártelo a ti.- La miré de reojo con prudencia. El fuego se acercaba peligrosamente a la mecha.
-Bueno, tranquilo, tampoco quiero agobiarte ahora, pero piénsalo anda.- Empezó a levantarse y a recoger cosas que había por medio.
-¿Qué piense el qué? ¿Lo de echarme novia? - Me levanté también y la ayudé a recoger.
-No friki, lo de contármelo.- Rió.
-¿Me has llamado friki? - Dije extrañado y haciéndome el ofendido.
-Pau, tienes que admitirlo, eres un friki. - Se burlaba mientras salía del salón y se dirigía a la cocina.
-¿Y tú no eres friki? - La seguí.
- Todos llevamos un pequeño friki en nuestro interior, pero el tuyo está tan escondido dentro de ti, que el día menos pensado tratará de esconderse más y explotará, llenándolo todo de frikismo.


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YolandaVineeus
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Mié Feb 25, 2009 16:43

-Me dejas anonadado.
-Anonadada me dejas tú a mí.- Sonrió.
-En serio, antes me has dicho que tengo doble personalidad, y ahora que soy un friki implosivo.
-¿Implosivo o explosivo? - Trató de corregirme.
-Implosivo. Se me quedó de una peli; el ejemplo que pusieron para explicarlo era una mujer agresiva explosiva, que todos los días iba al súper a echarle la bronca a la pobre cajera por la subida de los precios. La cajera era agresiva implosiva, aguantó y aguantó las quejas de la mujer hasta que un día se llevó un arma y mató a la otra y a medio supermercado porque ya estaba hasta el c... moño.
-Jolín, ¿pero eso pasó en realidad?
-Hombre, pues no sé si ese caso en concreto será real, pero supongo que cosas así han pasado... y siguen pasando, que la gente está cada vez más loca.- Vi que abría la nevera y buscaba la leche así que me adelanté.- ¿Quieres que te prepare un chocolate?
-¿Tú lo vas a hacer? - Dijo cediéndome el sitio.
-Claro, con nata y virutas de coco.
-¡Qué rico! Y ya después nos acostamos que mañana hay que madrugar.
Se me cayó al suelo la bolsa del coco cuando dijo lo de que nos acostamos. Ella ni se fijó.
-Oye Pau, y tanto que te gusta la psicología, ¿por qué al final cogiste medicina? - Se sentó en un taburete junto a la encimera.
-¿Cómo que por qué? Si eras tú la que estaba emocionada pensando en cómo ibas a fardar con tus amigas de tener un hijo médico. Y con las monjas también.
-Bueno es que a las monjas hay que restregárselo bien, sobre todo a sor Pilar, que se le llenaba muy rápido la boca para decirme que no iba a poder cuidar de vosotros. Además es que con las notas que sacaste en bachiller y selectividad era una pena que desperdiciaras esa oportunidad.
-A mí en realidad me daba igual una cosa que otra así que...- Me encogí de hombros.
-Eso es lo que digo de ti. ¿Quién hace medicina porque sí? ¿Quién se va a esforzar en sacar una carrera difícil, porque es difícil, en algo que no le interesa?
-Vaya, interesante sí que es, aprendo un montón de cosas curiosas, y no me parece tan difícil. Lo único, las fórmulas que hay que aprenderse de memoria pero vamos...
-Lo que yo te diga, friki, friki. - Rió.
Le hice morisquetas y me sacó la lengua. ¡Dios mío, se la comería! ¿Cuál será su sabor?
Le serví el chocolate en su taza favorita. Una cursilada de color blanco y rosa, con un asa en espiral y purpurina. Bonita bonita, vamos.
-¿Qué vas a hacer mañana? - Dijo lamiendo la nata de la cucharilla.
-Por la mañana iré a arreglar los papeles de la matrícula y después a casa de Luís. ¿Por qué?
-¿Al piso de tu amigo Luís?
-Sí, ¿por? - A ella no le gusta demasiado él, será porque es lista.
-Porque últimamente estáis mucho en su piso.- Respondió quitándole importancia, cuando parecía que le interesaba.
-Es lo que tienen los pisos de estudiantes, gente. Si no voy lo desmitifico. - Ella sabe perfectamente lo que se hace en ese tipo de sitios, de todo menos estudiar. Tampoco se lo voy a ocultar descaradamente, pero no me voy a poner a explicarle todo lo que hago. Así que se haga ella la idea que quiera.
-A saber. Y a Luís era lo que le faltaba, más libertad para hacer lo que quiera.
-Lo juzgas por sus pintas.- Reí.
-No, eso no es verdad porque no me gusta desde antes de volverse un quinqui. ¡Es que no pegáis nada!
-Pero es buena gente mamá. Es amigo mío.- Trataba de convencerla pero nada. Nunca le había gustado. Desde que lo pilló fumando porros con 16 años, en la plaza mayor con los peores pintas de su barrio y en horario lectivo. Quizás si lo hubiera visto por la tarde o en fin de semana tendría otro impresión de él. Pero Luís lo estropeó cuando le tiró un borrador a la cabeza a un profesor en bachiller y en vez de dar su número de teléfono y que se enterase su padre le dio al director el teléfono de la mía. De ésta forma mi madre tuvo que poner la cara por él y soportar lo que ella llama "uno de los momentos de mayor vergüenza ajena de mi vida".
-Bueno, ¿y mañana vas a poder dejar a tu amigo un rato y cuidar a tus hermanos por la noche?
-Por la noche no iba a quedar con él. ¿Para qué? - Dije con curiosidad.
-Porque voy a salir.- Respondió con obviedad. Claro, había quedado con Mª José.
-¿Y no puede hacerse cargo Vic? - Repliqué.
-Supongo que sí, pero me quedo más tranquila si estás tú. - Ya estaba apurando su taza y rebañando el fondo. Enseguida se acostaría, y a mí me tocaría noche de insomnio pensando en ella.
-Bueno, si quieres te haré de canguro mientras tú sales por ahí de marcha con una tía, pero que sepas que no me hace nada de ilusión.- Más bien me encabronaba bastante.
-¡Ay lo más bonito! - Dijo agarrándome de la cara y besándome en la frente.
-Vas a necesitar más que eso para que me sienta agradecido. - Solté en voz baja.
-¿Cómo? - Preguntó distraída.
-Nada.- Repliqué y recogí. Enjuagué las tazas y algunos cacharros más mientras ella terminaba de prepararse para ir a la cama.
Salió de su cuarto y la vi cruzar el pasillo con una antigua camiseta mía. Le queda muy grande, el cuello se le escurría hasta el hombro y el largo hacía difícil reconocer si llevaba bragas o no.
De pronto, tropezó con unos juguetes y tiró un cubo lleno de cochecitos al suelo, que se esparcieron por todo el pasillo. Los dos corrimos a recogerlos, como si así evitásemos el ruido que ya habían hecho al caer. Nos agachamos a la vez y mientras ella recogía los coches yo me quedé absorto en una visión, la de sus pechos a través del cuello de la camiseta. Ella estaba de rodillas, inclinada frente a mí, alargando sus manos y brazos alrededor de su cuerpo para meter en el cubo los juguetes. Hubo un momento en el que los más cercanos a ella ya estaban tras de mí, y cuando se estiró aún más para cogerlos se dio cuenta de que mi mirada seguía el movimiento de su escote.
-¿Pau? - Exclamó sorprendida poniéndose la mano en el pecho para taparse con la camiseta.
¿Qué podía responder? Me había pillado de lleno. Lo único que podía hacer era quitarle importancia, pero me sentía tan estúpido de que me hubiera visto babeando por sus tetas que cuanto más tiempo pasaba más difícil se hacía.
-¿Por qué me estabas mirando las tetas? - Se empezó a reír.
-No te las estaba mirando. - Mentí descaradamente.- Yo estaba pensando, mirando al vacío, hasta que me las has puesto delante de la cara, entonces he mirado pero sin querer.- De repente mi excusa me pareció buena y aproveché.- Además te diré dos cosas. La primera es que te he visto desnuda demasiadas veces como para que te escandalices ahora. Y la segunda es que si no quieres que te miren, no enseñes.- Dije bruscamente recogiendo los coches de mi alrededor.
-¡Uy! Perdona hijo, perdona.- Dijo quitándole toda importancia al asunto.
Se levantó despacio y me dio la espalda. Ahora fueron sus braguitas blancas lo que llamaron mi atención, enmarcando su precioso trasero. De ahí continuaban sus esbeltos muslos, uniéndose en unas apetecibles mollitas que no cubrían las bragas. Más abajo quedaban las rodillas, una curva abierta y perfecta receptora de las más dulces caricias. Los gemelos, duros y tersos, una de las partes más excitante de una mujer. Una delicia al tacto.
De nuevo divagaba, y se iba a dar la vuelta. Terminé de recoger rápido y me levanté. La encontré de frente y me miraba. Sabía que llevaba un rato rojo como un tomate, podía notarlo, y ella me miraba.
-¿Qué? - Me atreví a preguntar.
-Nada.- Respondió rápido.
Puso la mano en mi hombro, se elevó un poco poniéndose de puntillas y me dio las buenas noches con un beso en la mejilla. Tenía los pezones duros. Giré en redondo sobre mis talones para meterme en mi cuarto, pero su móvil sonó y la curiosidad me hizo quedarme ahí plantado mientras ella corría a cogerlo, aunque era un mensaje.
-¿Qué horas son éstas de mandar mensajes a una casa decente donde hay niños durmiendo? - Dije esperando una contestación que aclarase quién era.
-Es Mª José que le acababa de dar un toque. Por otro lado tienes razón, ya deberías estar en la cama. - Dijo en broma pero gran parte en serio, lo que me mosqueó.
-Vale.- Le contesté seco.- ¿Pero qué te dice? - No pude evitar preguntar.
Me miró de reojo por encima de la pantalla del teléfono y sonrió.
-¡Qué cotilla eres! ¿Para qué quieres saberlo? - Respondió entre tímidas risitas que me daban aún más morbo.
-Si no me lo piensas decir, vale, pero no te hagas la interesante.- Atajé.
Hizo un gesto de sorpresa, como si le hubiera dado un corte. Luego me leyó el mensaje. En él le decía que tenía muchas ganas de que llegara mañana para verla, que se había pasado la semana entera pensando en ella y un montón de chorradas por el estilo. Lo que quería esa tía era follársela y punto. Se deducía por la cantidad de mariconadas que había escrito, con las que a mi madre le hacían chirivitas los ojos.
-¿Qué te parece? - Me preguntó con ilusión, seguramente esperando que le dijera lo bonito y romántico que me parecía.
-¿De verdad te estás tragando estas pamplinas? Sólo os conocéis de un rato, ¿no crees que es más probable que te esté camelando con frasecillas para darte un simple revolcón a que realmente esté...- Le cogí el móvil y leí textualmente - "suspirando por ti día y noche, y su corazón palpitando cada vez que piensa en tu nombre"? - Qué coraje me daba releerlo. - ¡Vamos, por favor! Yo he usado estas frases miles de veces para llevarme a alguien a la cama.
-Bueno, ¿y qué problema tienes con eso? - Dijo quitándome el móvil.- Yo sé lo que me hago. Además, tampoco me ha dicho que esté enamorada de mí, sólo que le gusto. Yo creo que está siendo sincera. Ahora. que si tú crees que es una falsa es porque el ladrón creen que todos son de su condición. - Me hizo un gesto de burla y se quedó esperando si le contestaba, pero me había pegado un buen corte y no se me ocurría nada.
Se iba a meter en su habitación y la paré cogiéndola del brazo. Se giró y nor miramos a los ojos. Tomé aire y abrí la boca, pero nada salió de ella. Me quedé petrificado, como siempre.
-¿Vas a decirme algo? - Apremió.
La solté y con la mirada al suelo le respondí que no.
-Te cuesta demasiado, y no es tan difícil.- Me dijo.
-¿A qué te refieres?
-¡A ser sincero Pau! - Dijo agarrándome la cara. - Abre tu corazoncito al mundo.- Rió.- Y a mí, que soy tu mamá y me lo tienes que contar todo.
Se me escapó la risa de pensar que le contaba todo por ser mi mamá. Qué absurdo. ¿Qué será lo que espera ella que le cuente?
-¿De qué te ríes? ¿Te ríes de mí? - Se hizo la ofendida.
-Sólo de lo de "mamá".- Respondí.
-¿Por qué? ¿Cuál es la gracia?
-Que tú no eres mi mamá, y si fuera totalmente sincero contigo no sería por ese absurdo motivo. - Expliqué con una sonrisa, hasta que vi su cara.
Metí la pata, pero ya me daba igual.
-Vete a la cama.- Ordenó dándome una torta en el culo.
¡Uy! Eso me pone de lo más cachondo.
Se metió en su cuarto y dejó la puerta entreabierta, como siempre. Yo me metí en el mío y cerré. Me agarré la polla por encima del pantalón y estaba bastante dura. Me preguntaba si ella me habría visto alguna vez empalmado. Y si era así, ¿qué habría pensado? ¿Qué habría sentido?
Cuando yo le veo a ella los pezones duros, como antes, me pongo malo. También me excito viendo a otras tías, y alguna vez con tíos. Es algo, a veces, involuntario, pero que está ahí. Ella podría haberlo sentido por mí alguna vez, ¿no?
Me deshice de toda la ropa y me metí en la cama. Me tapé con la sábana hasta el cuello y me tumbé boca arriba, con la polla sobre mi vientre y las manos sobre ésta, sintiendo las palpitaciones. Cerré los ojos y me quedé inmóvil, recapacitando como estoy haciendo ahora mismo, en la silenciosa oscuridad de mi habitación.
Pero en ese momento pensaba en otras cosas. Como por ejemplo, que ella entraba, cerraba la puerta y me comía la polla. Fue un pensamiento repentino, una visión fugaz, pero bastó para que no pudiera evitar tocarme más. Con los ojos cerrados, movía mi cuerpo por no mover mis manos. Me retorcía entre las sábanas sintiendo su delicioso frescor en la espalda y el culo. El placer se iba haciendo con mi cuerpo y cuando cerré la mano en torno a mi capullo, de mi garganta brotó un repentino quejido. Me sorprendí a mí mismo y abrí los ojos pensando que podían haberme oído. Me quedé quieto y atento pero no oí nada.
Mi madre debía seguir despierta, aunque normalmente cae grogui pero yo me regodeaba de nuevo en su imagen entrando en mi cuarto.
Me lamí la mano y empecé a masturbarme ágilmente y con celeridad mientras cientos de imágenes de ella invadían mi mente. El placer y los escalofríos se apoderaban de mi cuerpo. Y entonces, de repente, una secuencia devastadora cruzó ante mis ojos. Era ella comiéndose aquel chupachup en la playa. De mi cuerpo brotaron todo tipo de espasmos incontrolables, ni siquiera por el hecho de recordar que era para la otra, para Mª José, a quien iba dedicado. Y la cara de ésta mirando a mi madre, ¡me repugna!
Hacía un rato le había mandado un mensaje, puede que mi madre le haya contestado. Ahora podría estar pajeándose pensando en ese chupachup y ella sí lo estaría disfrutando.
Repentinamente me sentí como un total y completo idiota. Como un gilipollas y subnormal. ¿Qué carajo estaba haciendo ahí con mi verga ahora fláccida entre mis dedos, dándole vueltas a la cabeza y torturándome con ideas catastróficas de sueños rotos, amores imposibles y pajas incompletas?
Empecé a compadecerme de mí mismo y ya no aguanté más. Me llevé las manos a la cara y me desmoroné. Me tapé con la almohada para acallar los sollozos. Esto sí que no quería que lo oyese nadie, pero cuanto más intentaba tranquilizarme más real y dolorosa se me hacía la sensación de estar a punto de perderla, incluso antes de poder tenerla.
Alargué el brazo y encendí la minicadena. Puse la música en un volumen bajo, pero lo suficientemente alto para no oírme ni yo mismo.
Estuve ahí un buen rato, calmando mi respiración, acurrucado, agarrado a la almohada como un bebé. Patético.
Me relajé un poco y me paré a escuchar la música. Es curioso como algunas veces parece que las canciones de la radio narran tu vida. Como si alguien las hubiera puesto para hacerte pensar y recapacitar.
Me quedé adormilado, mezclando en mi mente pensamientos con ilusiones y con sueños. Pude soñar con ella, que era mia, que me amaba y me deseaba... Pero tras un momento fugaz me golpea la realidad al recuperar la conciencia. Ella no estaba conmigo, nunca lo había estado. Sin abrir los ojos trataba de no perderla, de mantener la ilusión un desesperado momento más, pero el sonido de la radio me llenó la cabeza de basura tertuliana.
Abrí los ojos enfurecido y apagué la minicadena, aunque al rato de ver que así no me volvería a dormir, la volví a encender. Pero esta vez puse una de mis canciones predeterminadas, la número 8, "Requiem for a Dream" de Clint Mansell; aunque bueno, ésta es en realidad "Requiem for a Tower", una remasterización que se hizo para el trailer de "El Señor de los Anillos: Las dos Torres". Esta versión fue regrabada con una orquesta y un coro. Me gusta mucho más. En cualquier caso, me parece una obra sublime, lo comprendí en cuanto la escuché por primera vez. Antes de conocer siquiera el título "Réquiem por un sueño". Un sueño en el que nos dejamos la piel segundo a segundo en las idas y venidas del destino.
Cada vez que escucho esta canción veo un claro resumen de mi vida, en el que destacan las desgracias y los sueños rotos
Sin embargo, a pesar del irónico título, a mí me da confianza, fuerza y fe para intentarlo de nuevo.
De pronto decidí que ya era el momento. La vida me habia conducido a través de un baile vertiginoso hasta el borde del precipicio. Ya era hora de dar el salto y despertar.
Me levanté decidido y sin pensármelo dos veces me dirigí a su cuarto. Si me lo hubiese pensado de nuevo no lo habría hecho, pero en fin, hecho está. Me metí en su cama y le confesé lo que siento por ella.
Su reacción no fue mala del todo, más o menos como yo esperaba.
Ahora empieza el juego.
He vuelto a mi cama y ahora estoy esperando a que sea la hora de levantarme, luego lo hará ella.
Estoy impaciente...


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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor Tuora el Vie Feb 27, 2009 14:53

Ey, Vineeus, ¡ya es hora de estrenar el tercer capítulo!

Lo digo en bromichuela... pero es que el relato me ha enganchao :mrgreen:
Hoy me ha visitado Dios. Quiero sufrir.
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Re: Relato Erótico-Romántico

Notapor YolandaVineeus el Vie Feb 27, 2009 18:19

jejejjeje, hasta el lunes no hay nada, ya lo digo en la página. me he visto muy ocupada y no podía llevar ese ritmo diario... :wink:
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