Nos pilló por banda finalmente anoche. Vic y yo estábamos hablando de tonterías en el salón y mi madre acababa de acostar a Carlos y Alexis. Entró en la habitación haciendo un gesto de dramatismo y misterio. Se puso frente a nosotros, nos miró y cogió aire.
-Chicos, agarraos a los asientos, tomad aire, bebed agua, que vamos a hablar de sexo.
Vic se atragantó. Ella se sentó despacio en el sillón individual.
-¿A estas alturas pretendes enseñarnos lo de las abejas y las flores?- Dije en tono de burla.
-No, tranquilos. Eso se lo enseño a Alexis.
-Es que eso está desfasado hasta para Carlos.- Rió Vic.
-Bueno, que no es de eso de lo que quiero que hablemos.- Dijo empezando a ponerse nerviosa.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres decirnos? - Atajé.
-En realidad no quiero deciros nada, quiero que me lo digáis vosotros a mí. - Resumió.
Hubo un silencio hasta que Vic respondió.
-¿Quieres que te expliquemos cómo se hacen los niños?.- Extrañado.
-No me seas de pueblo chico.-Le dijo a Víctor.- Lo que quiero es saber de vosotros. Lo que hacéis, lo que no hacéis. Si sois prudentes...¿Me entendéis?.-Dijo dudosa.- Yo creo que tenemos la suficiente confianza como para ser sinceros entre nosotros.
-Ya lo entiendo.-Dijo Vic.-Tú lo que quieres es jugar a la verdad.
-¿Qué dices?.-Repliqué.-Ella lo que quiere es información a cambio de nada. De un “gracias” como mucho. No va a jugar a la verdad.
-¡De eso nada! La información tiene un precio.-Dijo indignado.-Si quieres saber cosas de nosotros tendrás que contar cosas tuyas.-Le dijo con descaro.
-¿Pero qué es eso de la verdad?.- Dijo intrigada.
-Es un juego.-Empecé a explicar.-Alguien hace una pregunta personal a otro, y éste tiene que contestar la verdad. Luego el otro es el que pregunta. Y así se puede continuar hasta aburrirse.
-Tío, a quien le diga que voy a jugar a la verdad con mi madre no se lo cree, y encima me pega...
-Sé lo que es.-Dijo mi madre.- Yo también he jugado a eso. A ver cuántos años os habéis creído que tengo. Ochenta por lo menos, ¿no?
-Conque sí, ¿eh? - Rió Vic.- Te vas a enterar. Yo pregunto primero.
-Pues empieza tú primero que luego me tocará a mí.- Sonrió ella.
-¿Qué le pregunto? - Me dijo al oído Víctor.
-Pregúntale qué es lo que quiere saber en realidad.- Le contesté.
-A ver.- Dirigiéndose a ella.- ¿Por qué estás dispuesta a jugar a la verdad para sonsacarnos información? ¿Qué es lo que quieres saber? Sin rodeos.
-No quiero saber nada en concreto.- Dijo con sinceridad.- Simplemente quiero saber de vosotros, y me parece justo que vosotros sepáis de mí.
-Me has hecho desperdiciar una pregunta Pau.- Me dijo él enfadado.
-Me toca.- Dijo ella inclinándose hacia Víctor y mirándolo fijamente a los ojos.- ¿Has mantenido relaciones sexuales con otras personas?
-¿Pero por qué me lo preguntas así? - Dijo tapándose la cara con un cojín.-¡Qué vergüenza más grande!
-Pues tienes que contestar porque yo lo he hecho.- Replicó ella.
-Venga ya, contéstale.- Apremié.
-Bueno, sí, lo he hecho.- Respondió sin mirarla a la cara.- Venga, otra pregunta.
-Me toca a mí.- Dije yo mirándola.
Quería preguntarle tantas cosas que no tenía ni idea de por dónde empezar. Debía empezar por preguntas suaves, e ir pasando a las más duras. Tampoco debía hacer preguntas estúpidas y perder esta gran oportunidad que podría no volver a repetirse jamás. Además, Vic no debía notar que mi interés era diferente al suyo. Él quería reírse de ella y así sentirse menos idiota cuando le tocara responder. Yo quería saberlo todo de ella.
Mi primera pregunta surgió sin más.
-¿Cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien?
-Hace...- Se lo pensó.- Cuatro siglos.- Rió.- Quiero decir... cuatro años.
-¿Cuatro años?.- Exclamó Vic.
-¡Pero si esa es la edad de Alexis! Llevas sin hacerlo, ¡toda una vida! ¿Qué pasa?
¿Que tuviste que hacer un trato con las monjas para que te lo dieran o qué?
Mi madre se rió. La verdad es que yo tenía esperanzas en que hubiera contestado al menos siete años. El tiempo que yo me había pasado espantándole los ligues desde Ramón.
-Bueno, la verdad es que es es la última vez que me acosté con alguien, pero no la última vez que..., ya sabéis.- Balanceó la mirada a un lado y a otro.
-¿Qué quieres decir? - Reaccioné yo.- ¿Que te has liado con más gente?
-Sí, bueno, pero eso ya es otra pregunta, ¿no? - Dijo ella.- Y ahora me toca a mí.- Subió los pies al sillón y se acomodó apoyándose en el reposabrazos.- ¿Y tú?- Dijo mirándome.- ¿Con cuántas chicas has hecho el amor?
Me tumbé en el sofá y me tapé con una manta que había por allí. Me sentía acorralado. Tenía que responder con la verdad.
-¿Yo? Con ninguna. Te lo juro.- Dije mirándola de reojo por encima de las gafas.
-¡Ay! Serás embustero.- Saltó Vic.- No te lo creas, para nada.- Le dijo a mi madre.- Yo te voy a decir con cuántas... ¿sabes cuánto son doce docenas?
-¿144? - Resolvió ella.
-¡Eso el mes pasado! A la fecha de hoy puede que la cifra haya subido.- Me miró pronto con recelo, como si hubiese tardado en notar el picor de la mirada que le estaba echando.- Bueno pero no me mires así que estabas mintiendo.
-Lo que quería decir es que yo no hago "El Amor".- Hice el gesto de las comillas con los dedos.- Yo practico el sexo.- Puntualicé.- Si hubiera preguntado con cuántas chicas he follado habría contestado otra cosa. Pero no.
-¿Entonces nunca has hecho el amor? ¿Esa es tu respuesta? - Quiso aclarar ella.
-Sí, esa es mi respuesta.- Lo que más deseaba en ese momento era mirarla a la cara y decírselo todo. Sin embargo no podía reaccionar, no podía mirarla a los ojos. Me sentía abrumado. Además, Vic estaba ahí, desbaratando todas mis ilusiones con su presencia.
-Buah, qué mariconada.- Se carcajeó Vic.- Menos mal que ya me toca preguntar a mí...Bueno, mami.- Dijo con rintintín.- ¿Qué es lo más fuerte que has hecho jamás?
-Lo más fuerte...- repitió ella y empezó a reírse.- Seguramente fue cuando vivía en la residencia de las monjas. Un día metimos al novio de una amiga en la habitación y entre tres lo atamos a una cama y lo medio violamos... Claro que para ponerlo cachondo nos liábamos entre nosotras y eso.- Dijo con toda la normalidad del mundo y terminó riéndose.
Vic hizo una mueca de espanto. Para él, lo más fuerte que hay es el 69 y poco más.
-¿Cómo puede poner cachondo eso a nadie?- dijo él.
-Eso es porque me miras como a una madre, pero a él le encantó.- Rió de nuevo.
A mí también me estaba encantando. Menos mal que tenía mi mantita para que no se notara.
-¿Qué es lo más fuerte que has hecho tú, Víctor? - preguntó ella.
-El 69.- Dijo orgulloso.
-¿Y tú Pau?
-No sabría decirte, la verdad.- Respondí.- Además me toca a mí.- Lo pensé durante unos segundos y me lancé a preguntar.- ¿Entonces eres bisexual? Por lo que has contado de tus amigas y como vas a salir con Mª José... ¿te gustan las mujeres?
-A ver, yo me considero una "libre amorosa", porque creo que todo el mundo tiene derecho a amar a lo que se le antoje. Es decir, a un hombre, a una mujer, a un perro o a un taburete...¿me entendéis?
-¿Y qué opinas de la pederastia? - Me interesé.
-Opino que eso es lo mismo que la violación.- Respondió seca y cambiando totalmente la expresión de su rostro.- Yo puedo entender que alguien sienta una atracción hacia un niño...- Cogió aire, parecía que el tema le afectaba.- Pero de ahí a obligarle a hacer algo es un salto muy grande.
-Entiendo.- Respondí.- ¿Pero y si el niño está de acuerdo en esa relación?
-¿Pau? - Se sorprendió.- ¡Un niño! Un niño no es consciente de esas cosas y de cómo podrían afectarle en la madurez.
Se quedó pensativa durante un rato, como ida, hasta que Vic saltó.
-¿Alguna vez te has sentido atraída por nosotros o por algún otro niño? - Dijo muy serio con cara de dramatismo.
-¡Qué tonterías dices Vic! - Contestó saliendo de la nube de pensamientos que la envolvían.
-Sólo quería asegurarme porque no he entendido eso de libreamorosa.- Explicó.
-Creo que lo que quiere decir es que cada cual haga lo que quiera pero respetando a los demás.- Le aclaré.- ¿Es eso? - Me dirigí a ella.
-Sí, eso es.
-Pero entonces las tías te ponen cachonda, ¿no? - Atajó Vic.
-¿A ti e ponen cachondo todas las tías?
-No, todas no. los chocos no me ponen nada.-Rió él.
-Pues yo igual.-Concluyó ella y se rió con picardía pasándose la lengua por los dientes.-¿A quien le toca preguntar? Creo que a mi.-Se lo pensó y me echó una mirada de arriba a abajo. La siguiente pregunta iba a ser para mi.
-Pregúntale si se a liado alguna vez con un tío, que a mi no me lo quiere decir.-Saltó Vic.
Antes de que mi madre me dirigiese la mirada interrogante me levanté me levanté del sofá de in salto y me dirigí a mi cuarto.
-Uy, mi móvil está sonando,voy a cogerlo.-Dije.
-¡Mentira, yo no oigo nada!.-Chilló Victor para que lo oyera desde la otra punta de la casa.
Esperé a que hablasen de otra cosa para volver al salón. Cuando lo hice mi madre le preguntaba a Vic si siempre usaba condón. Él le dijo que si y ella se volvió para preguntarme a mi mientras me sentaba.
-¿Te han pegado alguna enfermedad de transmisión sexual?.-Me dio la sensación de que sabía que si.
-He tenido algunos picores, pero nada serio.-Le contesté con naturalidad.
-¿Y alguna vez has tenido que ir a pedir la píldora del día después?.-Siguió ella.
-Alguna vez.-Dije con pesar.
-Y por qué haces eso?¿Por qué te pasas el día saltando de cama en cama?¿Es que no encuentras ninguna chica que merezca la pena?
-No, ninguna de esas merece la pena.-Le dije.-En todo caso un revolcón, pero nada más.
-qué estas esperando,¿a que llegue?
-¿Quien?.-Me intrigué.
-La chica de tus sueños.-Dijo con obviedad.-O más bien estás haciendo tiempo.
-Eso es.-Le sonreí.-Has dado de lleno.
-Claro, claro, claro...-canturreó.-Por eso dijiste antes que tú no haces el amor sino que practicas sexo, ¿eh?
Me daba la sensación de que se estaba burlando de mi y no le respondí nada.
-Pau, relájate que esto no es un maratón.-Me alentó ella.-Mírame a mi, todavía estoy esperando a mi príncipe azul, pero con paciencia, que es la madre de la ciencia.-Sonió.
-Entonces, ¿por qué vas a salir con Mª José? ¿Tienes esperanzas o ilusiones en que pueda ser tu princesa azul? - Le dije mirándola a los ojos.
-Claro que no.- Rió.- Pero nunca se sabe.- Me devolvió la mirada.
-Mamá.- Saltó Vic.- ¿Y tú alguna vez le has puesto los cuernos a alguien?
-No, pero me los han puesto a mí.- Sonrió de forma dolorosa.- Cuando yo me enamoro de alguien sólo pienso en esa persona.
-¿Y tú estás enamorada? - Insistió él.
-Sólo de vosotros mis bebés.- Dijo cariñosa.
-No, no, eso no es lo que yo quería decir.- Dijo Vic.
-¿Querías decir que en quién piensa cuando se masturba? - Le pregunté a él.
-No, tampoco.- Exclamó.
-Bueno, pero no es una mala pregunta.- Sonreí y la miré esperando la respuesta.
-Eso es muy íntimo, no os lo voy a decir a vosotros.- Se acomodó en el sillón rodeándose las piernas con sus brazos y asomando los ojos por encima de ellos. Esto en psicología sería un acto inconsciente de defensa.
-Da igual, de todas formas yo sé la respuesta.- Le sonreí burlonamente.
Se impresionó y saltó del sillón para darme una torta en el brazo.
-¿Tú qué vas a saber mal educado? - Chilló ella, pero terminó riéndose y mirándome con curiosidad cuando se sentó de nuevo.
-Sí, sí, no te hagas la tonta. - Me seguí burlando.- Que todos nos hemos dado cuenta de cómo se te cae la baba con cada película de Brad Pitt, que incluso te pusiste a buscar la primera porque te habías enterado de que salía desnudo...
Se quedó con la boca abierta, Vic empezó a reírse.
-Es verdad, no lo niegues.- Rió más.
-Vale, lo admito. Amo a Brad Pitt, pero no se lo digáis a su mujer que podríais estropear mis planes de conquista.- Se burló.
-Si quieres hacemos un trato.- Siguió Víctor.- Para ti el Pitt ése y para mí Angelina Jolie.
-Me parece un buen trato. Venga, vete adelantando que yo te alcanzo.- Se rió ella.
-Sí, ¿no? - Se mosqueó él.- ¿Y con qué frecuencia piensas en Brad Pitt? Ya por curiosidad.
Esa pregunta fue genial. Quise abrazarlo y todo.
-Pues por lo menos una vez a la semana.- Le respondió con descaro.- ¿Y tú? - Desafiante.
-Por lo menos una vez al día.- Admitió Vic.
-Y...¿has probado la masturbación anal? - Le dijo ella sin ningún pudor. No pude más que reírme.
-No, claro que no.- Dijo con un gran gesto de desdén y asco.
-Vamos Vic, no me irás a decir que no sabes que el punto G de los chicos está en el recto, ¿verdad? - Siguió ella y de nuevo me dio la risa.
-No, no, no... A mí no me cuentes pegotes, yo no me meto nada por el culo.
-¿A qué le tienes miedo Vic? ¿A que te encante y te vuelvas loca? - Me pitorreé.
-Mira Pau, déjame de mariconadas.- Dijo con desprecio.
-¿Que te deje de mariconadas? - Exclamé.- Ven aquí que te voy a enseñar lo que es un hombre.
Salté por encima del sofá, lo agarré del cuello me puse encima suyo. Empezó a gritar y a patalear para apartarme.
-¡No te resistas bribón! - Le dije con rintintín.
-¡No! ¡Para! - Lloriqueaba y se reía.
-¿No me vas a dar un beso?, ¿a tu hermano, que te quiere tanto?
-No por favor, ¡no!
Mi madre se desternillaba.
-Vic, la homofobia es una enfermedad, voy a curarte porque me preocupo por ti.- Lo agarré con fuerza y lo besé. Se revolvió más y me apartó de una patada.
-¡Tío qué asco! - Se limpiaba la boca con el dorso de la mano.- ¡Me has metido la lengua!
Mi madre se reía y aplaudía.
-No te hagas el estrecho que sé que te ha gustado.- Le guiñé un ojo y me senté de nuevo en mi sitio.
-Te lo digo en serio.- Amenazó.- Es que... prefiero que me des una bofetada antes de que vuelvas a hacerlo.
-¿En serio Vic? ¿De verdad prefieres que te pegue? - Me sorprendí.- Pues a mí eso no me parece normal. ¿Por qué tienes tantos prejuicios?
-No son prejuicios, es simple asco.- Me encaró desafiante.
-Ah, ¿sí? - Respondí aceptando el duelo.- Y si hago esto, ¿qué? - Con un rápido movimiento le metí el dedo en la nariz, y antes de que se diera cuenta ya estaba otra vez en mi sitio.
-¡Ay, mierda! - Se sorprendió.
-Y eso, ¿qué te parece? - Reí.
-También es asqueroso.- Se restregaba la nariz con la mano.
-¿Y en la oreja? - Le metí el dedo en ella.
-¡Joder para! - Se enfureció.
-¿O prefieres que te pegue? - Le di un puñetazo en el brazo que me dolió hasta a mí.
-¡Pau! - Chilló.
-¿Eh? Dime, ¿qué te ha molestado más?
-Ya te pillaré desprevenido.- Amenazó mirándome con coraje mientras se rascaba el brazo.
-¿Cuándo tengas tus propios hijos también les enseñarás así Pau? - Intervino mi madre
-Probablemente... - Sentí una punzada en mi estómago.- ¿Crees que lo estoy haciendo mal?
-No lo sé.- Rió.- Vic, ¿has aprendido algo?
-Sí, que no debo jugar con vosotros a nada que no sea el parchís. Me voy a la cama.- Se levantó y le dio un beso a mi madre en la mejilla.- Buenas noches.- Le dijo. Se acercó a mí y se dio la vuelta de golpe.- A ti nada - me despreció.
-Buenas noches a ti también.- Alcé la voz mientras cruzaba la puerta del salón.
Nos quedamos solos ella y yo. Nuestras miradas se cruzaron.
-Bueno.- Rompí el silencio.- ¿Quieres seguir? - Intrigado.
-No, en realidad ya es tarde y esto no ha servido de mucho. Más bien ha sido una tontería.- Sonrió.- Seguimos teniendo una charla pendiente.- Dijo levantándose.
-Pues dime qué quieres saber.- Insistí.
Se sentó junto a mí en el sofá, me rodeó por el cuello y me abrazó.
-¡Ay mi niño! - Me estrechó cariñosa.
Me quedé cortado. Ella me pone muy nervioso, y Vic ya no estaba para refugiarme tras su desparpajo.
La rodeé tímidamente por la cintura y apoyé la cabeza en su hombro. Sus pechos quedaban a centímetros de mi cara.
-¿No tienes calor? - Dijo apartando la manta.
-Un poco.- Respondí sin mucho interés.
-Ven aquí y dame unos arrechuchones anda.- Me abrazó y me estrujó.- ¡Ay! - Dijo cariñosamente mientras me acunaba.
-Para, me mareas.- Me solté y la rodeé yo a ella por los hombros. Se recostó para acomodarse y se quedó pensativa.
-Oye, Pau, ¿puedo pedirte un favor un poco peculiar? .- Dijo pasándome la mano por la cara.
-Claro, ¿qué?
-Te va a sonar raro, pero... ¿por qué no te echas una novia? - Me dijo mirándome a los ojos con recelo.
-¿Cómo? - Me impresioné.- ¿Qué quieres decir con que me eche una novia?
-Es que no entiendo por qué eres tan cabra loca para eso, con lo formal que eres para lo demás... Tú no eres así y no entiendo qué es lo que te pasa. - Explicó.- A lo mejor, si tuvieras novia, te centrarías en ella, todo sería más normal y yo no me preocuparía tanto por saber dónde estás, qué haces o con quién. ¿Entiendes?
-No, no lo entiendo. ¿Qué es lo que te preocupa exactamente? ¿Qué esté con muchas chicas? ¿Y qué diferencia habría para ti en que esté con una nada más?
-En que lo vería más normal, simplemente. ¿O cuántos chicos conoces que hagan lo mismo que tú?
-Los que no lo hacen será porque no puedan, no porque no quieran.- Le sonreí con obviedad.
-¿Y por qué lo haces tú? - Preguntó desafiante.
Tardé unos segundos en responder. Me miraba a los ojos esperando. En mi fuero interno deseaba que fueran celos.
-Lo hago por amor.
-¿Te estás riendo de mí?- contestó.
-No. Bueno, un poco. No te enfades.- Le sonreí con timidez.- ¿Por qué crees tú?
-Mira Pau, te voy a ser sincera.- Parecía que le costaba mucho decir lo que estaba a punto de decir.- Yo creo que tú eres un chico formal y tímido, pero te he visto con algunas chicas y con ellas te comportas de una manera totalmente diferente. Parece que tuvieras dos personalidades, la de la casa y la de la calle. - Se retiró de mí un poco acomodándose en el sofá.
-Todo el mundo finge alguna vez ser quien no es para impresionar a alguien.- Repliqué tranquilo.
-¿Y cómo eres en realidad? .- Preguntó con cautela.
-¿No lo sabes?
-No lo sé. Dímelo.
La verdad es que había sido un pregunta absurda. Claro que no sabía cómo era yo, nunca se lo había dicho. Nunca le había explicado por qué hago las cosas, nunca le había dicho que la amo; que ella es en lo único que pienso y que por ella hago todo lo que sea necesario.
Pensaba decírselo, está claro, pero no hoy. Me cuesta demasiado hablarle y ser sincero. No sé cómo va a reaccionar, y tampoco sé cómo reaccionaría yo. A veces mi mente y mi cuerpo no se sincronizan muy bien. Podría planearlo, estudiar las palabras que diré o los movimientos de mis manos para recorrer su cuerpo. Pero al final..., mi mente se hará un lío, no recordaré lo que quiero decir. Querré tocarla, besarla, y mis manos temblarán, todo mi cuerpo, y entonces no habrá marcha atrás, será saltar o saltar. Más bien saltar o caer.
Quizás debería agarrarme a ella. Me está dando la oportunidad en este momento, como tantas otras veces, de serle sincero.
Por otra parte me da mucho miedo su reacción. No sé cómo va a responder ella, claro que eso también depende de cómo se lo diga yo. Para eso he practicado. Cada chica responde de manera diferente cuando le entra un tío. Depende de cómo lo haga el tío, en este caso yo. Lo mejor casi siempre es ser directo, esto te da una respuesta inmediata. Sí o no. El problema de esta opción es que cabe la posibilidad del no, y eso me mataría. También hay que ser realista, no creo que ella me dijera que sí inmediatamente, a menos que llevara tiempo pensándolo, y aún así sería difícil. Me ve como a un hijo, así que lo que tengo que hacer es que me vea como a un hombre.
-Bueno, ¿qué? ¿Me vas a contestar?.-Me dijo ella sacándome de la nube de pensamientos en la que me encontraba.
-Es que me cuesta mucho.-Me excusé.
-¿Qué es lo que te cuesta? ¿Saber cómo eres?
-No.- Respondí seco.- Yo sé cómo soy, pero me cuesta explicártelo a ti.- La miré de reojo con prudencia. El fuego se acercaba peligrosamente a la mecha.
-Bueno, tranquilo, tampoco quiero agobiarte ahora, pero piénsalo anda.- Empezó a levantarse y a recoger cosas que había por medio.
-¿Qué piense el qué? ¿Lo de echarme novia? - Me levanté también y la ayudé a recoger.
-No friki, lo de contármelo.- Rió.
-¿Me has llamado friki? - Dije extrañado y haciéndome el ofendido.
-Pau, tienes que admitirlo, eres un friki. - Se burlaba mientras salía del salón y se dirigía a la cocina.
-¿Y tú no eres friki? - La seguí.
- Todos llevamos un pequeño friki en nuestro interior, pero el tuyo está tan escondido dentro de ti, que el día menos pensado tratará de esconderse más y explotará, llenándolo todo de frikismo.
CONTINUARÁ...
