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Realice la secuencia 3: D- B2 D B
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
Realice la secuencia 3: D- B2 D B
El alboroto se hacía insoportable. Cientos de conversaciones inconexas, al unísono, creaban una nebulosa de ruido blanco gaussiano que dificultaba la respiración. Pares de diálogos entre tímpanos y membranas móviles vibrantes de los auriculares adjuntos tenían lugar a primera hora de la mañana en los vagones de metro. Nadie hablaba, sin embargo, los gritos de los tímpanos agrietados se clavaban en las sienes y los auriculares, medio sordos ya, elevaban su volumen al máximo para escuchar los consejos chillados por las sabias orejas.
Inmerso es este conflicto de ecos Siro se dirigía al tajo. Trabajaba en una importante multinacional en el puesto de Director Técnico Superior de Administración y Gestión Agregada. Un día sí, otro no y el del medio también vestía un traje gris, con una camisa color humo y corbata de un tono ceniciento.
“Próxima estación: parque empresarial. Correspondencia con: Líneas tres-catorce, setenta y Lejanías Chenfe”
Una vez en la superficie caminó raudo hacia el edificio de su empresa. Al llegar se dio cuenta de que la puerta de entrada se encontraba tumbada sobre la arista lateral izquierda. Esto ocurría siempre después de una reestructuración de personal en aquellas empresas cuyo edificio adquiría la forma de un cubo de Rubik. Al producirse ascensos, descensos, despidos y nuevas contrataciones, la construcción, que hasta el momento se distribuía de forma jerárquica, debía reordenarse para que los despachos de los directivos continuasen en la cima del cubo y los “colgados” permaneciesen en la zona baja.
Al entrar se encontró con la Secretaria de Recursos Humanos Adquiridos por Méritos Propios fotocopiándose los senos. Siro la felicitó. La habían ascendido al puesto de Secretaria Adjunta de Recursos Humanos Adquiridos por Méritos Propios. Aunque no le darían otra pared, podría colocar sus incipientes pechos en la que ya poseía, a continuación de su saliente ombligo.
En la placa, junto a su puerta, ya no figuraba el título de Superior. Se esperaba lo peor. Abrió el portón. La pared lateral derecha, la del gran ventanal, había desaparecido, y con ella una de sus orejas, parte de su hombro y todo su magnífico esternón.
Fue a tomarse un café. Estaba desorientado. El giro horizontal de la fachada verde superior, seguido de otro vertical de la pared amarilla, colocó a su despacho en la esquina inferior derecha, boca abajo y diametralmente opuesto al lugar donde se encontraba en esos instantes la cafetería. Caminó durante dos días, tres horas y veinticinco minutos hasta que consiguió degustar el insípido café, subiendo escaleras abajo por paredes y bajando por tejados tumbados.
Siro, agotado, tropezó con una insignificante muchacha en el portón de su oficina. Para colmo, durante la estratificación, iba a estar rodeado de esa panda de Colgados, con sus brillantes colores, molestos canturreos… ¿Es que no sabían que el trabajo de un Director Técnico de Administración y Gestión Agregada requería de una plena concentración mental?
- Lo siento- balbuceó la chica arrodillándose ante un superior mientras bajaba la cabeza.
Su sensual cogote, con ese bello fino y oscuro que le guiaba hacia la espalda, pareció sonreírle.
Ninguno de los dos sabía que, con edad temprana, ambos sufrieron un soplo simultáneo en sus pequeños corazones. Hecho que se repitió en el momento en el que ella se levantó del suelo y respiró el aire que él por su nariz espiraba, y en el que a Siro se le cayeron los ojos al delimitado escote de ella.
Era una Colgada de nueva contratación. No podía ser de otra manera. La ausencia de paredes y de gravedad que soportaban a diario en sus despachos les desequilibraba notablemente.
- No te preocupes. Es normal que en tu primer día de trabajo como Colgada tropieces incluso con las paredes…acostumbrada a trabajar sin ellas, sin adherencia alguna, en el más absoluto vacío… te irás acostumbrando.
- Me llamo Rellina y la inusual curvatura de tus pestañas ejercen sobre mí una fuerza centrípeta que, unida a mi falta de equilibrio… no tengo más remedio que abrazarte.
Se abrazaron, sí. Y caminaron encadenados toda la tarde por plazas y rincones atractivos hasta llegar a un pequeño y coqueto parque que se ubicaba en la zona alta de la cuidad. Desde allí contemplaron, por un lado, la puesta del sol amarillo ante el amplio campo de coliflores y, por el otro, la del sol azul sobre el área metropolitana.
Una intensa luz iluminó el cabello castaño de Rellina. Cada uno de los rayos se curvaba individualmente en la trayectoria que trazaban sus rizos. Siro pellizcó uno de ellos alisándose del susto. Ambos sonrieron en la complicidad. El haz procedía del faro bizco que, en un golpe de aire, seguido de un pequeño tsunami, desvió su globo ocular del mar. Desde entonces proyectaba su luz tierra adentro y, en ese momento, el borbotón de ondas electromagnéticas que brotaban de sí, quedaban imantadas por los cabellos de la joven, desviando todo su vector energético hacia su redonda cabecita.
Durante la noche Rellina apenas pudo conciliar el sueño pues la energía captada que se desprendía lentamente de sus cabellos iluminaba su alcoba en un inusual albor.
El gallo interpretaba su rutinaria melodía cuando Siro despertó. De un certero golpe atizó al ave que hincó el pico en el suelo de madera. Cepilló y abrillantó sus plumas. ¡Sin duda alguna era el despertador más apuesto y eficaz del edificio! Nunca se retrasaba y se ajustaba a la perfección al cambio horario. Fue el mejor regalo que le podría haber hecho su madre tras la noticia de su contratación en la multinacional.
Se desperezó, bostezó, caminó y dio un traspié. ¡Vaya! ¡Se había levantado con dos pies izquierdos! El día no podía empezar mejor, éste le esperaba con la mejor de sus fortunas.
Compró, para Rellina, un hermoso ramo de raíces con tubérculos en flor, amarradas con un bellísimo lazo rojo y el periódico del día, en cuyo titular rezaba en letra Arial, negrita y tamaño 21:
“Una joven ha rematado el hilván. No contenta con haberlo matado la infeliz adolescente decidió rematarlo en un ataque de ira contra su prenda favorita, un suéter azul marino. Para ello se valió de una aguja de lana de calibre 8 milímetros”.
Más abajo, junto con la fotografía principal de la portada:
“Desafortunado final para Vanio, un hombre de mediana edad, que decidió arrojarse por el balcón de su casa cuando dicho balcón se precipitó hiperbólicamente sobre él, muriendo en el acto y frustrando los planes de suicidio del pobre Vanio. Los restos del balcón isabelino serán incinerados, junto con la balaustrada, la noche del viernes en el vertedero municipal. Se ruega compren la invitación para la ceremonia en la churrería de la esquina.”
Alboroto insoportable. Conversaciones inconexas. Ruido blanco gaussiano. Tímpanos y membranas. Metro. Nadie habla. Auriculares sordos ya. Siro se dirige al tajo. Otro día sí, otro día no, otro también. Viste traje gris, camisa color humo y corbata cenicienta.
“Próxima estación: parque empresarial. Correspondencia con: Líneas tres-catorce, setenta y Lejanías Chenfe”.
Simplemente parpadea.
Camina raudo hacia el edificio de su empresa. Al llegar se da cuenta de que la puerta de entrada se encuentra boca abajo sobre la arista superior trasera. Esto ocurre siempre después de una reestructuración de personal. Afortunadamente su despacho, aunque no sigue en el mismo lugar que el día anterior, continúa junto al de Rellina y otros “colgados” en la zona baja.
Se han vuelto a ausentar el título de Superior, sus orejas, parte de su hombro y su magnífico esternón.
Va tomarse un café.
Se acopla a su equipo informático hasta que la alarma de grandes ventas se activa ruidosamente empotrándole, del susto, contra la pared del fondo.
Azarosamente, otro empleado cualquiera, ha sido capaz de realizar una portentosa venta de acciones precipitando a la competencia, una disolución salina, al mismísimo vertedero local donde quedará expuesta a la ruina espiritual y temporal de gaviotas carroñeras.
Instantáneamente, el crecimiento económico experimentado por el cubo de Rubik de 3x3x3 propicia que se convierta en otro de 5x5x5, que pocos personajes adictos a él son capaces de resolver.
A la noche se celebraría una fiesta para inaugurar los nuevos espacios y proclamar al afortunado del título de Vendedor Oficial de Acciones al por Mayor y Directivo Técnico Empresarial del Cinco al Cubo.
Siro, agotado, tropieza con la mayestática Rellina en el portón de su oficina. La invita al “baile de fin de cubo de 3x3x3” y promete pasar por su casa a recogerla.
La espiral económica explicaba los numerosos tornados acaecidos en los últimos años. Por supuesto, sólo destruía los países tercermundistas. Cada vez que se ponía en venta una nueva acción tres centímetros cúbicos de aire (fundamentalmente de ce o dos) surgían hacia la atmósfera a, aproximadamente, cuarenta y siete metros por segundo. Este efecto tenía mayores consecuencias si dichas acciones se vendían. En este caso, diecisiete centímetros cúbicos a cien metros por segundo.
Todos los días, desde la bolsa de Nueva Pork hasta la de Cokio, toneladas de viento de ce o dos emanaban del hemisferio norte terráqueo para sumergirse en el sur, en lo que venía siendo el efecto que los ignorantes meteorólogos denominaban “efecto fuente- sumidero”. África, América de sur y Australia se habían convertido en el retrete más grande del sistema solar, según el siempre no autoritativo libro guiness de los récords.
El bien inmueble de inversión de Rellina se encontraba, como no podía ser de otra manera, formando un triángulo escaleno con la vivienda de Siro y el pentacubo.
Caminó raudo con su traje gris, camisa color humo y una inusual corbata amarilla chillona, que iba provocando a cada uno de los perros que se cruzaban, a los cuales les afectaba enormemente los estridentes gritos de la seda anudada.
Caminaba bajo la ausencia de luz que le proporcionaban las farolas miopes, primas hermanas del faro bizco, que acumulaban su radiación en una pequeña esfera alrededor de su foco. Era como estar bajo grandes y cercanas lunas alineadas en la más absoluta y espesa oscuridad.
¡Estás increíble!- Dijo Siro al ver a Rellina, que le esperaba estática en el umbral de su ventana. Estaba suave, blanda y caliente.
Ella sonrió tímida con la cabeza inclinada hacia abajo y los ojos tornados hacia arriba y así parecía más hermosa. Siro, en consecuencia suficiente y necesaria, la besó en la frente.
Su vestido largo era azul Yveskleiano, sin más sujección que un dadivoso escote que no daba la oportunidad a la Sugerencia, la cual marchó frustada a los pequeños pies blancos de la muchacha. También se ceñía celoso bajo sus senos y sobre sus pronunciadas caderas.
Me gusta tu corbata. Pero es algo provocadora. Debemos irnos antes de que avisen a la policía y te detengan por tenencia implícita de prenda escandalosa.
Emanaba un tibio aroma por todo su cuerpo, en especial, por los poros de su labio superior y sus axilas. ¡Qué magníficas redondeces! Le susurraba su órgano vomeronasal a Siro.
Un rizo se le resbaló por su hombro. Siro lo recogió antes de que se perpetuase su trágica caída.
El maquillaje la avejentaba dándole un toque un tanto artificial. Mientras, sus ojos y muslos parecían haberse torneado . Sus carnes eran demasiado apetecibles.
- ¡Vámonos ya! ¡Llegaremos tarde!
- ¡Dame la mano, que ya somos pareja!
- ¡Camina erguido, junto a mí, que parezcamos perfectos!¡Aarrrrr!- Gritó Rellina.
El zagal obedeció a las dulces sentencias, sin saber que ni siquiera iba a ser el principio de una amarga relación que le privaría de su individualidad.
Mientras se dirigían a la fiesta, Sugerencia, llamó la atención del joven sobre los pies de Rellina. Se dió cuenta de que tenía un pie derecho y otro izquierdo. ¡Vaya por dios! Mi princesa, hoy, no tendrá la misma buena suerte que yo. Algo no saldría bien.
Ya en la fiesta, los comensales se deleitaron con un exquisito menú de la famosa comida de diseño. Cada empleado comió en un plato de un metro cuadrado, donde se presentaba, con mimo, un par de tropezones de sangre coagulada en compañía de dos granos de arroz y un miserable chorreón de una insípida salsa marrón. Todo ello acompañado de un par de vasos, de culo ancho, de fresquita sidra asturiana y escarabajos cocidos.
Tras la copiosa cena, la celebración culminó con música de clavicordio en directo.
Bailaron hasta que un desconocido borracho derramó su copa de vino sobre la corbata de Siro. Ésta, afortunadamente, murió en el acto de un coma etílico. Ambos sabían que era lo mejor que le podía haber pasado. La muerte por desteñido era mucho mas lenta y dolorosa. Siro la arrojó al contenedor de residuos tóxicos y caminó dando tumbos al único sofá que permanecía vacío en la sala.
El sofá le empujó. No consentía que nadie se sentase en él sin llevar puesto el pijama. Era lo que se denominaba: un sofá vago. Nadie conocía el origen de estos engendros. Lo más extraño es que las mutaciones ocurrían en las mejores familias de tresillos.
Rellina se desvistió y se puso el camisón de seda que llevaba en el bolso. Siro, por su parte, simplemente se desnudó, quedándose abrigado con el calzón de ganchillo que le hizo su madre al nacer. El sofá les arropó educadamente. Una vez dentro, los jóvenes se buscaron ansiosos hasta que culminaron su encuentro con un baboso beso. Sintieron que el mundo giraba bajo sus pies.
Y así era. La grandiosa venta de acciones provocó la creación de violentos vientos huracanados, que hicieron virar el eje rotatorio de la tierra, invirtiéndolo en los polos. Dios había tirado de la cisterna.
La destrucción y siguiente desaparición de la Tierra, tan sólo supuso un ligero socavón del espacio-tiempo, que satélites y el tráfico aeroespacial esquivaban con sumo cuidado.
- Noelia
- Recién llegad@

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- Registrado: Lun Sep 03, 2007 21:22
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