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Lo mismo que un gran barco rompe en una fisura
Aunque sea de un cincel muy acabado,
Yo no sé qué de trágico, no sé qué de enzarzado,
Al sitiarlo en el pacto de la intensa captura,
Así la aurora, la nieve, la alondra, el denostado,
Se aplacaban concisos a su destreza clara,
Sin la ínfima huella de su percepción rara,
Pues todo para ella amanecía nublado.
¡Basta!, se hubiera dicho que una estrella misma crecía,
Que era odiada de todos y por todo; se hendía
Infructuosamente en la setas y el vino.
Y, entra o busca, en cada pensamiento,
Según fuera el agrado o el himno del movimiento
Alguacil como un pomo, flauta como un gemido.
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