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PERPETUA SOLEDAD.
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
PERPETUA SOLEDAD.
PERPETUA SOLEDAD.
La luz mortecina del fluorescente iluminaba la pequeña sala del hospital, a mi alrededor varias personas ataviadas con batas blancas hablaban entusiasmadas, las imágenes que percibía eran muy difusas, parecían sombras difuminadas, todo era confuso, los objetos y las personas se intuían en vez de verse, la fuente de luz fantasmal brotaba del techo, los espectros blancos hablando en torno a la cama, enfrente una pequeña televisión y un armario empotrado que, como un lienzo mojado parecían escurrirse de la pared. Todo era demasiado irreal, podría ser un sueño, o incluso una pesadilla, pero poco a poco el mundo onírico se fue haciendo más tangible, la luz melancólica del techo comenzó a perfilarse, los finos destellos blanquecinos me permitieron ver más nítidamente a los médicos, la televisión y el armario empotrado se dibujaban ahora perfectamente.
Intenté decir algunas palabras, pero los labios estaban entumecidos, parecían haber olvidado la manera de articularlas, mi cuerpo estaba aun dormido, no obedecía ningún estímulo, el cerebro tampoco reaccionaba correctamente, cualquier intento de recordar, de dar sentido a esta situación, se traducía en una intensa jaqueca que dejaba claro que por ahora necesitaba seguir estancado, sin pensar en nada que estuviese más lejos de los médicos y la cama.
-Dejaremos que descanse por ahora, no permitan entrar todavía a los visitantes.
Las palabras de uno de los médicos llegaban lentamente, como el eco que retumba en la pared de una roca, se repetían en mi agotado cerebro, cada vez con menos intensidad, hasta que desaparecieron dejando un significado algo irreal.
Cuando los médicos se marcharon miré a la derecha, había una ventana abierta, haciendo un gran esfuerzo intenté dirigirme a ella, mi cerebro estaba mucho más lúcido, el dolor, antes insoportable, se había atenuado hasta el punto de ser un pequeño pinchazo. Ordené a los músculos que se tensaran, que movieran el cuerpo y lo llevaran a la ventana, por alguna razón, aquella ventana era mi objetivo, necesitaba mirar, darle a la mente una referencia para empezar a recordar, el artista creador necesitaba de su musa.
Con paso lento, y sin dejar de tambalearme conseguí llegar a la ventana, el exterior me invadió por completo, cientos de coches se movían incesantemente, personas caminando con decisión, sin mirar atrás ni percatarse del cielo azul que tenían sobre sus cabezas, sin darse cuenta de los parques, de los pájaros, de las caras sonrientes de unos niños que jugaban despreocupados, era un mundo en plena ebullición, demasiado ocupado para mirarse al espejo.
Este cuadro viviente sirvió al propósito de recordar, empezaron a surgir imágenes aleatorias: la facultad de derecho, ese edificio imponente que llegaba a intimidar, miles de apuntes, caras de otros estudiantes, una pequeña casa a la izquierda del río, mis padres, amigos, y por último el recuerdo de un ser muy querido, era la otra mitad de mi alma, yo tenía novia, apenas recordaba los rasgos de su cara, pero su ausencia había dejado un profundo vacío en mi corazón.
Ese recuerdo, trajo otro, los dos vinieron a visitarme cogidos de la mano, el accidente de coche en aquel puerto de montaña que subía hacia el pirineo.
La puerta de la habitación se abrió, dos personas entraron en el cuarto y me encontraron junto a la ventana, mirándoles fijamente, eran un hombre y una mujer de aspecto
bastante vulgar, pero había algo en sus ojos, estaban secos, cansados, ya habían derramado todas las lágrimas que tenían, yo no sabía cuál podía ser su pena, pero sin duda supe que era demasiado grande como para hacer que llorar no tuviese sentido. Sus rostros, agrietados y castigados me resultaban familiares, eran personas cercanas, importantes, los padres de la otra mitad de mi solitaria alma.
Se sentaron en la cama y comenzaron a hablarme, yo no comprendía todo de manera lineal, eran ideas que se entremezclaban, se amontonaban sin sentido aparente, aunque poco a poco se fueron ordenando, el viaje, la intensa niebla, aquel coche que circulaba en sentido contrario, los dos viajábamos juntos, yo conducía, sí, lo recordaba perfectamente, no pude evitar la colisión, aquel coche negro nos tragó como se traga la noche al día, fue inevitable, no pude hacer nada.
-¿Dónde está ella?, ¿está bien?
Solo silencio por respuesta, me moría por verla, todo mi cuerpo ardía por dentro, necesitaba sentir su piel, olerla, que nuestras almas volvieran a unirse para matar esta sensación de vacío, esta soledad inmensa. Seguían sin responder, más silencio, más incertidumbre , perdí el control sin darme cuenta, rápidamente mis manos agarraron fuertemente al padre, se clavaban en su carne como pinzas, no podía parar de gritarles, necesitaba una respuesta a toda costa, la escena se volvía cada vez más violenta, demasiada locura, demasiada sinrazón y rabia…hasta que vino la calma, toda la energía desatada y el dolor cayeron en un sueño profundo, todo se hizo otra vez difuso, la última imagen que recuerdo es la de un médico con una jeringuilla vacía en la mano.
Lo que ocurrió al despertar fue demasiado doloroso como para relatarlo, las palabras de los padres me penetraron el corazón partiéndolo en mil pedazos, desgarraron mi mente, mataron toda esperanza, arrodillaron a la pobre media alma condenándola a la eterna soledad. Ella estaba muerta, su delicado cuerpo no soportó el impacto. Muerta, sus labios no volverían a pronunciar las palabras que daban sentido a este mundo despiadado, su aroma rebosante de vida extinguido para siempre, ni mil perfumistas trabajando una eternidad podrían recuperarlo, hacía ya tiempo que se había agotado, había mutado, y ahora su descompuesto cuerpo acribillado por miles de gusanos solo traería la fragancia húmeda de la muerte.
Salí corriendo con la ropa del hospital todavía puesta, rápido, debía huir, mi cuerpo moría poco a poco, la soledad lo invadía, mi alma fue consciente de que siempre estaría partida y lloraba amargamente, pedía a gritos su liberación, el yugo de la soledad la oprimía con tal fuerza que prefería mil veces salir de este cuerpo entumecido y evaporarse antes que vivir junto a su amargo torturador.
Seguí corriendo hacia ninguna parte, la gente que deambulaba por la calle solo podía mirar la escena como quien ve un anuncio de televisión, la ciudad estaba demasiado deshumanizada como para que alguien frenara esta absurda carrera, nadie estaba dispuesto a tender la mano a un hermano en el mundo mediático del siglo XXI, la gente caminaba afanada en sus compras, en sus insulsas vidas. Aunque no lo sabían, caminaban por una ciudad de muertos, condenada a la peor de las soledades, la perpetua soledad de miles de personas deshumanizadas por la existencia egoísta, no lo sabían pero estaban solos, mucho más de lo que pensaban, tal vez algún día puedan llegar a darse cuenta, aunque quién sabe si no será demasiado tarde.
La huida estaba llegando a su fin, el destino, o el subconsciente de un alma que atacaba al cerebro me llevaron hasta aquel puente, comencé a cruzarlo despacio, sintiendo el murmullo del agua, su frescor, su transcurrir continuo, su constante renovación, al chocar con las rocas parecía que murmuraba: -salta, búscala, no merece la pena vivir solo para siempre, mata la perpetua soledad. Subí a la barandilla, el miedo pegó mis pies al frío metal oxidado sobre el que me sostenía, sin embargo el espíritu condenado es más fuerte que las emociones más elementales. Finalmente invoqué el recuerdo de mi desaparecido amor, lancé al cielo una súplica pidiendo perdón, el sentimiento de culpa había habitado desde el principio. Despues de esta súplica el alma pudo volar, al fin se liberó del cuerpo que la retenía. Fue como ese sueño en el que caemos por un gran precipicio y despertamos antes del momento del impacto, sin embargo esta vez no hubo despertar.
Ahora soy un fantasma, una sombra, os he relatado mi historia aprovechando la magia de la literatura. He intentado que los vivos sientan lo amargo de la soledad forzada y perpetua. Ahora camino errante, todavía atado a mi verdugo, el suicidio no supuso la liberación, soy un espíritu incompleto que vaga por la tierra buscando a su otra mitad, estoy atrapado, miles de años vagando no han sido suficientes para encontrarla, perdida ya toda esperanza sigo vagando, siempre en perpetua soledad.
- werther
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Simkin - Pluma de plata

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