No abrí los ojos al levantarme. De nuevo empezaría el bombardeo de sensaciones habitual. Esperé. Tras unos segundos…
Pequeños remolinos se formaron alrededor de la cama, aguardando. Cada entidad empezó a perfilarse: croissants y café con tostadas; hombres enfundados en traje y corbata, gatos negros y agua cayendo; sábanas blancas y unas zapatillas verdes; y una infinidad de pequeños muebles y objetos. Era cuestión de tiempo. Los pequeños tornados comenzaron a moverse: los muebles y objetos formaron un cilindro, dirigiéndose a mis ojos. Seguidamente, café y tostadas entraron por mi nariz, irrefrenables. Pequeñas sábanas rozaron mi piel, mientras varias zapatillas cosquillearon mis pies. Caminé hacia la cocina, mientras una serpiente de agua entró por mis oídos, seguida de una marabunta de pequeños hombres con traje. En la cocina encontré una taza de café llena. La apuré. Mientras lo hacía, una serpiente líquida marrón encontró su camino hasta mi boca y entró en ella. Cuando terminé, la dejé sobre la mesa, mientras pequeñísimas tazas jugueteaban en mis dedos. Bostecé.
-Presiento que hoy será un buen día…
Autor: Caronte


