por Simkin el Lun Dic 29, 2008 18:16
Bueno, el libro me ha gustado bastante. Sin duda me parece el relato más fidedigno de un posible futuro que se haya escrito jamás, y eso que vaticina en orden de cientos de miles de años vista, y no cosa de cincuenta o cien años, como otros.
Me parece fidedigno porque no tengo ninguna duda de que H.G. Wells era un tipo muy cultivado, y se nota descaradmente sus vastos conocimientos de las teorías darwinianas, que aplica magistralmente en la obra.
La idea de una humanidad acomodada, donde no hay competencia y que deriva en un atontamiento físico y mental, es asombrosamente visionaria. Quizás no tenga nada de cierto, y el desarrollo mental humano sea un no parar hasta que nos duren las pilas, pero la propuesta es digna de elogio por parte de Wells.
También me asombró cómo este buen hombre se adelantó a su tiempo y se aventuró a considerar el tiempo como la cuarta dimensión. Desconozco si fue el primero que mentó tal osadía por entonces, pero si no fue, le faltó poco. Hoy día es una verdad completamente asentada por parte del mundo científico.
Todo el relato, en general, está salpicado de cuestiones que revelan gran sapiencia en la parcela de la astrofísica por parte del autor. Incluso se atreve a mencionar las paradojas de la máquina del tiempo. La famosa paradoja del "si viajase al pasado y matase a mi abuelo... ¿Qué pasaría conmigo?". No trata ésta en concreto, pero es muy valiente por su parte citar siquiera la palabra "paradoja" en un relato sobre una máquina del tiempo.
Le puse un 8 al libro, y me estoy dando cuenta de que quizás me quedé corto. Lo que hizo H.G. Wells es un ejercicio de clarividencia futura espectacular. Lo que se dice un visionario.
Lo peor: No me gusta la máquina del tiempo en sí. La pinta como un cachivache mecánico casi como otro cualquiera,y por muy manitas que se pinte al protagonista me hubiese gustado más que se hablase de un artilugio más "místico", de una sofisticación casi sobrenatural, ideado gracias a una serie de casualidades mayúsculas.
Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que había soñado ser hombre.