por Simkin el Mié Abr 08, 2009 16:10
Pues yo voy a comenzar a comentarlo, aprovechando que lo tengo fresco y que necesito analizar la profundidad de la obra antes de que se pierda en el olvido:
Guía rápida para escribir 'Once minutos':
1) No tener talento.
2) Realizar una laboriosa tarea de documentación, a saber:
2.1) Visitar los prostíbulos de todo centroeuropa. Vivir con las prostitutas, para adentrarse en su rico mundo interior. Intercalar algún casquete, pero sólo en beneficio de la obra.
2.2) Leerse por encima dos o tres obras, "Origen de la prostitución", "Sadomasoquismo for dummies", "Tratado sobre el clítoris". Extraer cuatro o cinco datos curiosos de todos ellos, y arreglárselas para calzarlos en la historia, sin ton ni son.
3) Conseguir que en ese mágico mundo, una muchacha brasileña sea capaz de hablar francés en 9 meses (o menos) de forma fluida, hasta el punto de poder sostener conversaciones de calado trascendental con lugareños, e incluso con un artista, demostrando una riqueza de vocabulario y un dominio de la lengua realmente asombroso.
4) Apañárselas para que infinidad de detalles como éste, doten a la historia de una redondez y una consistencia que no posee, sustentada sólo en estúpidos artificios del escritor.
5) Dedicar el penúltimo capítulo de la obra a un personaje secundario sin ningún peso en la historia como el de la bibliotecaria, en una conversación de besugos antológica por su tremenda ridiculez.
6 y último) Creerse, en algún momento, que escribiendo este bochornoso esperpento literario, alguien iba a poder sentirse identificado/a, por la "humanidad" de la protagonista, y por su "Luz".
¡Oh dios mío, la LUZ! ¡Qué hombre, Coelho, cómo me conoce!
Al contrario de lo que opina Androlink, lo único que salva al libro es la escena del látigo en la vagina. Al menos me empalmó.
Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que había soñado ser hombre.