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La soledad en mi alma, relato largo.
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
La soledad en mi alma, relato largo.
“No importa cuando te quieras alejar de mí, siempre te amaré, y éste nuestro mar, será testigo”
En el momento que esas palabras manaron de tu boca, con una mezcla de odio, resignación y dolor por mi abandono inminente; jamás imaginaste lo proféticas que resultarían. No he podido compartir ese mar con otro, evito su cercanía, más si cabe en la noche. Delante de él solo quiero estar sola, sino es contigo.
El mar, ese mar, nuestro mar, me hipnotiza, me quita la coraza que me he puesto y desnuda mi alma. Solo tu sabes lo que hay dentro, y ni tu sabes lo que yo aún siento. He rehecho mi vida sobre los pedazos de nuestro amor, pero el mar mueve esos pedazos y derrumba mi convicción.
Con la última ola me ha parecido oír tu voz, en el rumor del viento, en mi alma. Cierro los ojos e intento disfrutar de estos momentos robados a mi vida. Soy tuya, aunque no lo sabes, te amo aunque ya me odies. Te tengo anclado en mi pecho y ni sé -ni quiero- quitarte de él.
Te recuerdo, en aquella playa, en aquella noche, nuestra última noche. La suerte ya se había decidido, pero quisimos vivirla como si no hubiera un mañana, porque el mañana me alejaba de ti. Paseábamos por la orilla, yo con mi vestido blanco que mecía la brisa, y tú con tu sonrisa y esos ojos verdes del mar. Solo un pescador era testigo de nuestro caminar.
Aún siento en mi mano la tuya, acariciándomela, demostrándome lo que yo ya sabía pero me había negado a escuchar. Tu calor, aun creo sentirlo. Tu respiración agitada, intentando en vano que las lagrimas no manaran de tus ojos, tus lindos ojos. Apuré a secarlas, y mi acto solo logró que más se te escaparan.
“Te amo vida, ¿cómo quieres que te lo diga?¿Qué necesitas para escogerme a mí? Sea lo que sea lo haré, por ti”.
Ya no hay vuelta a atrás, dejemos de torturarnos con palabras, aprovechemos el tiempo que el alba camina rauda hacia nosotros. Te besé.
En ese beso confluían todo un torrente de sentimientos, dolor, amor, tristeza, pasión. Un solo alma dividida que obligaban a separar. Un corazón partido por la mitad. Un sueño adolescente, roto.
Me abrazaste fuerte, muy fuerte, contra ti. Podía sentir el palpitar de tu corazón, acelerado, la humedad de mis lagrimas y tus lagrimas, saladas, mezcladas, un solo llanto.
Poco a poco los besos se apasionaron, cada vez había menos dolor y más pasión en ellos. Comencé a notar que algo crecía bajo tus pantalones y que me presionaba al tiempo que tú me abrazabas. Te miré a los ojos y sonreí. Sin llegar a soltar tu mano me recosté sobre la arena, suplicándote con la mirada que tú también lo hicieras.
Abrazados nos tendimos en la playa, estábamos solos, hacía un rato que el pescador había recogido sus aparejos y se había ido. Tus manos acariciaban mi piel, con deseo contenido, pausadamente. Mis manos ansiaban tu piel, sentir su calor, su tacto. Aspiraba tu olor para embriagarme de él, para fijarte en mi mente, para guardarte por completo en un rincón de mi memoria donde permanecerás por siempre.
Te acaricié el rostro, rasposo por la barba incipiente, tu mandíbula, dibuje su contorno. Tu cuello, tu clavícula que se marcaba bajo la camiseta. Bajé mi mano por tu pecho, sobre la ropa, y buscando un hueco para acariciar tu piel.
Tus manos vagaban sin rumbo fijo por encima de mi vestido, como si temieran llegar más lejos, como si temieras tenerme para luego perderme.
Por fin tus caricias tuvieron el valor de llegar a mi piel, que se estremecía con cada una de ellas. Tus manos recorrían mis hombros, despojándolos del tirante del vestido, liberando mi intimidad. Bajaron poco a poco hacia mis pechos, que deseosos las esperaban.
Levantaste mi falda levemente, y tu mano se adentro en busca de mi secreto más intimo. Agitando al tiempo mi respiración. Tus caricias se intensificaron, nublando mi mente, haciéndome olvidar todo lo que nos rodeaba.
Me despojé de mi ropa y me subí sobre ti. Mi boca buscaba tu boca, mi piel tu piel. No quedó un cm de tu piel que mis labios no recorrieran. El plato fuerte para el final. Un delicado beso en la punta. Pura ternura.
Tu miembro desafiaba la gravedad. Mi sexo se había diluido bajo tus caricias y nuestros cuerpos ansiaban ser uno solo. Se lo permitimos. Suavemente te introduje en mi, sintiendo como cada resquicio de mi intimidad era invadida por ti. Trazas de pasión y placer nublaban mi mente, mareándome. Me negué a sucumbir. Los movimientos pausados iniciales fueron en cresccendo hasta finalizar en una explosión de sensaciones y de placer. El orgasmo.
Caí tendida sobre la arena y me abrazaste, y lloramos. Conscientes de que jamás volveríamos a amarnos, que los besos que nos estábamos dando eran lo últimos, que cuando volviéramos a la ciudad, todo habría acabado, que ese besó sería el último, que “nosotros” se quedó atrás.
Otra lagrima se me escapa al recordarte. Siento como él se acerca y me apuro a borrar la lagrima de mi rostro. Me giro y pinto en mi cara la mejor de mis sonrisas. Volvemos al coche, nos esperan.
Vendí mi corazón y pagué un alto precio: la soledad en mi alma.
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kata1ina - Recién llegad@

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- Registrado: Lun Jun 30, 2008 13:36
Re: La soledad en mi alma, relato largo.
mis felicitaciones y saludos.
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gran lobo gris - Especialista

- Mensajes: 1047
- Registrado: Dom Abr 13, 2008 01:51
- Ubicación: los siete mares
Re: La soledad en mi alma, relato largo.
Kata1ina escribió:Me despojé de mi ropa y me subí sobre ti. Mi boca buscaba tu boca, mi piel tu piel. No quedó un cm de tu piel que mis labios no recorrieran. El plato fuerte para el final. Un delicado beso en la punta. Pura ternura.
Hay que cuidar esos detalles. Me he descentrado al leer esa abreviatura y he perdido un instante el hilo del relato. Son cosas fácilmente evitables.
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Simkin - Pluma de plata

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