
Hace un tiempo que Caterina y K.617 me regalaron el libro de relatos
de Manuel Rivas titulado Las llamadas perdidas. Había leído alguna
novela del autor gallego, El lápiz de carpintero, y su anterior colección
de relatos, ¿Qué me quieres, amor? De la satisfacción obtenida con
su lectura, tenía motivos más que suficientes para haber leído ya
Las llamadas perdidas, pero la verdad es que siempre había encontrado
la forma de posponer su lectura. Hoy finalmente he empezado el libro.
La espera (aunque voluntaria) ha merecido la pena. Tan sólo he leído
tres relatos, pero ya se puede confirmar lo que apuntaba en su anterior
colección: Manuel Rivas no sólo es un gran escritor sino que además
es un excelente cuentista. El héroe, El partido de Reyes, El escape
o El amor de las sombras podrían formar parte de cualquier antología del relato.
De la página de Alfaguara:
La memoria viaja sobre los hombros del lenguaje. Los recuerdos aquí no son pasado, son una reconstrucción de la vida por medio de las sensaciones y de una mirada táctil.
El impacto de las pérdidas hace tambalear la existencia cotidiana. Esa excitación, ese levantarse en la caída, es el punto de partida de este libro emocionante.
Estamos ante un realismo íntimo, donde golpean a puñetazos la conmoción y la sorpresa, pero que rechaza la convención de lo mágico como etiqueta limitadora. Al contrario, reclama más realidades: la que se oculta, esconde o se disfraza. La literatura viene siendo nuestra intrahistoria, y el camino que aquí va abriendo la escritura es un paso clandestino, con tramos inquietantes, que nos conduce al paisaje de la emoción.
Pero son relatos, los de Las llamadas perdidas, que se rebelan contra la fatalidad. En ellos surgen siempre personajes que luchan, cuerpo a cuerpo, contra la adversidad y la tristeza. Se hacen fuertes con su brizna de esperanza, con sus puñetazos de humor e ironía.



