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LAS BATALLAS DE ACROMBA
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
LAS BATALLAS DE ACROMBA
Su expansión es imparable, sus ejércitos ahora divididos por todo el continente de Acromba, están dispuestos a luchar por una nueva conquista, la tribu de los Kornak, pueblo al que todavía no han sometido por miedo a sus hechiceros.
Mempek encabeza el batallón, empuñando su afilada espada consigue romper las primeras filas, algunos hombres que ahora yacen en el suelo piden clemencia, pero Menpek nunca fue generoso en batalla.
-¡Acabad con estos bastardos!
- veerginia
- Recién llegad@

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- Registrado: Sab Ago 21, 2010 19:11
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Re: LAS BATALLAS DE ACROMBA
-¿Atacamos ya, señor?
-Sí, id a por ellos, Grantis.
Grantis asintió y elevó su espada. Los rayos de sol se reflejaron en el pulido metal. La primera fila de los Kornak que quedaba en pie comenzó a retroceder. Entonces Grantis hizo un leve giro de muñeca, apuntándoles directamente con su arma. Lo que sucedió después ya es leyenda. Cientos de hombres avanzaron sin piedad, perforando con saña el batallón enemigo. Sus botas enfundadas en acero se cebaban con las demacradas anatomías de los soldados vencidos, que en esos momentos lamentaban la falta de tino de Menpek con ellos.
Los enfrentamientos duraban poco, las armas de los Grozum no tenían problemas para mancillar las armaduras y los escudos de sus enemigos. Sus brazos y piernas caían al suelo de piedra entre estallidos sanguinolentos. Los hombres perdían el equilibrio como palos con los envites. Grantis caminaba por detrás, otorgándole la muerte a todo aquel que se la pedía. Su piedad en el campo de batalla era de la misma categoría que sus capacidades para la estrategia militar.
Unos gritos procedentes del corazón del batallón Kornak inquietaron a los hombres de Grantis, que dejaron de mutilar para oirlo mejor. Se miraban anonadados y con miedo. Sabían que se trataban de sus hechiceros. Estaban realizando algún tipo de ritual en pleno combate.
-¡No tengáis miedo de esos ateos, no son más que bailes inútiles!- La voz de Menpek sobrevoló los gritos rituales e insufló los ánimos necesarios a sus hombres para que retomaran el avance. Pero Grantis no lo veía tan claro. Mientras regalaba muertes entre los agonizantes hombres caídos echó un vistazo a lo lejos, atravesando con su mirada las cabezas y las armas de los demás soldados hasta detenerse en la parte baja del flanco de la colina. Allí una bestia inimaginable galopaba en dirección a la multitud.
-¡Eh, regresad!¡Regresad!- De la garganta de Grantis salió un vapor húmedo. Echó a correr repitienedo esas palabras continuamente, azuzando a todo el que podía para que dejase de pelear y retrocediera. La bestia estaba ya tan cerca que el retumbe de sus pasos ya podía percibirse desde allí. El ejército Kornak se abrió al unísono en ese instante, creando un camino de sangre y miembros destrozados que conectaba a Grantis y a sus hombres directamente con la bestia. Se había detenido junto a la hoguera encendida por los hechiceros, apartados a un lado junto a los suyos. Era una especie de felino gigantesco, del triple de tamaño que un tigre adulto. Sus zarpas arrancaban montones de tierra a cada paso y su aliento cálido formaba una nube que abandonaba lentamente la superficie en dirección al cielo diáfano.
Mentek se incorporó junto a Grantis y le rozó el hombro.
-Esta es para mí.
-¿Estás seguro de que no necesita ayuda, señor?
--Tan seguro como de que esta noche cenaremos carne de gato- Mentek mostró una sonrisa burlona mientras acariciaba su espada, aún enfundada en su cintura. Grantis retrocedió, abriéndole espacio.
El animal gruñó, enseñando unos colmillos del tamaño de los de un elefante, y echó a trotar hacia Mentek. Éste cerró la mano en torno al mango dorado de su arma, preparado. La bestia se impulsó sobre sus patas traseras cuando estaba a unos diez metros del gladiador de la muerte, elevándose cerca de quince metros con una inmensa estela de polvo detrás. Su figura recortada por el sol parecía la de un ser alado, similando sus enormes patas ser auténticas alas de pájaro. Mentek dio un brinco hacia atrás con la espada sostenida en alto, esperando a que cayera de una vez para atacar. Pero la bestia cayó varios metros por detrás, entre la muchedumbre. Aplastó cerca de una veintena de personas, sin discriminar a ninguno de los dos bandos, y giró nuevamente en busca de Mentek, quedándose esta vez en tierra firme, erguido y lanzando sus monstruosas patas delanteras contra el líder de los Grozum. Los esquivaba ofreciendo todo un recital de acrobacias, intentando quedar cada vez más cerca del torso del animal, donde sus ataques estarían más limitados y su cuerpo más expuesto.
Grantis observaba la contienda con los brazos cruzados, realmente tranquilo y confiado. No en vano, había visto a su líder salir de cosas peores indemne. Ésta no iba a ser menos. Con la destreza que solo poseen los grandes, el gladiador salvó decenas de veces las garras del enorme monstruo, del tamaño de cuernos, terminando debajo de su sombra. El tórax ya estaba dentro del radio de acción de su espada, así que cargó todas sus energías y soltó un primer golpe. Tan solo rasgó un poco su grueso traje de pelo blanco y naranja. La bestia estaba incómoda con Mentek tan cerca y se alejó un poco para volver a la anterior disposición. El gladiador sabía que si seguían mucho más tiempo así acabaría cansándose y no podría hacer nada. Así que optó por comenzar a pensar.
Una idea se encendió en su mente. Decidió ponerla en práctica en aquel preciso instante. El gladiador Echó a correr en dirección opuesta a donde estaba erguido el felino. De fondo se oyeron algunas risas en las bocas de los Kornak porque creían que huía despavorido. Pero cuando estaba ya a una considerable distancia, cambió de sentido, sosteniendo al espada en vertical con su mano derecha tan solo. El felino volvió a apoyarse de nuevo sobre sus cuatro patas e inició la carrera hacia él. Entre las filas de los Grozum dominaba el pánico y la incomprensión. Algunos hombres se taparon los ojos o miraron al suelo para no ver cómo su adorado líder sucumbía bajo el enorme poder de la diabólica bestia.
En el momento en que parecía que todas aquellas toneladas de músculo iban a arrollar al gladiador de la muerte, él agarró el mango de su arma entre las dos manos y la hizo descender sobre la superficie de una gran roca del camino, salvando en el aire una distancia inconcebible para un ser humano. El felino, al contemplar a Mentek volando hacia él a toda velocidad con su resplandeciente metal enarbolado, intentó esquivarlo con su agilidad. Pero era demasiado tarde, estaba ya muy cerca e impactó contra su duro pecho. Mentek le atravesó con su espada de manera certera, encontrando su corazón debajo de su pelo y su carne y liberando litros y litros de sangre que le bañaron de los pies a la cabeza. La bestia se removió como poseída, exhibiendo su salvajismo y tirando al gladiador contra el suelo en una de las oportunidades, para luego perder el equilibrio y morir. Sus salvajes gruñidos parecían los de un ser enviado por satanás. Le deterioraban a uno el alma.
Todos los que estaban allí quedaron sin palabras ante la grandiosidad del gladiador de la muerte.
- EddieVedder
- De la familia

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- Registrado: Dom Abr 19, 2009 13:04
Re: LAS BATALLAS DE ACROMBA
Grantis volvió a reagrupar a la línea y prosiguieron con la sangrienta carnicería. En ese preciso momento el cielo se oscureció:
-Arqueros!!!!- Gritó Grantis.
Y una lluvia de flechas comenzó a caer sobre la línea de ataque, las flechas de los Kornak no eran flechas comunes ya que estas tenían las puntas bañadas en el potente veneno de la rana del dardo dorado. Este veneno producía una muerte instantánea aquel que fuera besado por sus flechas.
-Grozums!!! Preparados para cargar!!! Adelante!!!- Gritó Menpek, al cual estaba bañado por la sangre de la bestia.
Todo el batallón Grozum comenzó a cargar sin contemplaciones hacia las faldas de la colina donde se hallaban el resto de fuerzas Kornak.
- amartido
- Recién llegad@

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