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Juego de Dados

La mejor forma de dar a conocer tus escritos.

Moderadores: Yolanda, Colaboradores

Juego de Dados

Notapor Scytale el Lun Oct 19, 2009 14:17

- Dime, cabrón.
- ¡Hey Miki! ¿Dónde andas?
- Te he dicho mil veces que no me llames Miki – respondí simulando cierto enfado.
- Vale, vale… ¿Pero donde coño andas?
- Estoy con una amiga tomándome unas cervezas, ¿Por?
- Pues coge a tu amiguita y las cervezas y veniros para mi piso, que estamos aquí todos.
- ¿Quiénes?
- Pues Fran, unas amigas y yo. ¿Qué más dará? Vente de una vez que aquí tenemos para beber.
- Es que le había dicho que…
- No me interesa ni me importa – me cortó – Más te vale estar en menos de 20 minutos en mi casa sino quieres que salgamos los 4 a buscaros por ahí y montarte un numerito.
- Vale hombre, vale. Se lo diré y sino le importa tiramos ya para allá.
- Tienes 20 minutos – respondió justo antes de colgarme.

Y, la verdad, es que al final acabamos yendo a su piso. Normalmente no soy tan fácilmente manipulable ni fácil de convencer. Realmente, tenía más ganas de ir con ellos a tomarnos unas copas y pasar una noche de borrachera que quedarme con esta chica, pero eso no podía decirlo.

Esta amiga de la que hablo se llama Sonia y, bueno, nos conocimos hace un par de semanas por la facultad. Lo típico que nos presenta un amigo en común, hablamos un par de veces en la cafetería y, al final, me acabo lanzando y diciéndole que si quiere venir a echarse unas cervezas. Y si, aceptó. Hasta ahí parece que todo va muy bien pero la velada en la que tantas expectativas había puesto no estaba saliendo tal y como pensaba. Supuestamente la cerveza hace que uno se anime y las conversaciones fluyan con más velocidad, pero parece que hoy no es nuestro día. La llamada me interrumpió justo cuando iba a pedir la cuarta ronda y aún no ha salido ningún tema de conversación interesante. Mucho hablar de clases, de profesores y de conocidos en común, pero nada interesante.

La chica que me parecía tan interesante en la cafetería ya sólo respondía a mis preguntas con pocas palabras y decía poco más. O eso, o yo en la tensión de esta supuesta cita me había convertido en un ser incapaz de decir lo que uno tiene que decir y preguntar lo que se tiene que preguntar.

El caso es que, aunque intenté disimularlo, la llamada de Borja llegó en el momento justo. Esta noche de viernes parecía condenada al fracaso, así que puestos a tirarla en esta cita con tan poco éxito nada mejor que una borrachera con mis colegas.

Se lo comenté a Sonia y no tuvo ninguna pega en ir con mis amigos, a los cuales ella no conocía absolutamente de nada, así que, sin siquiera pedir la cuarta ronda, nos dirigimos al piso franco donde tantas veces había despertado de resaca. Tardamos sólo unos pocos minutos en llegar hasta el piso, y una vez allí comenzaron las presentaciones.

La verdad, es a que ellos la noche les estaba yendo bastante mejor que a nosotros. Parece que el alcohol si que había surtido efecto en mis colegas y sus dos amigas, pues nada más llegar se nos echaron encima gritando y diciendo que menos mal que habíamos llegado.

En el piso se encontraban mis dos colegas cuyos nombres ya conocéis, Fran y Borja, además de Sara y Marta, sus dos encantadoras amigas. O eso, al menos, es lo que parecían, pues en ambas ya eran claramente visibles los efectos del alcohol.

Una vez finalizadas las presentaciones y estando yo y Sonia con una copa de ron en la mano, empezó la verdadera fiesta. Si os soy sincero, no tengo muy claro cómo sucedió todo ni cómo empezó, así que contaré lo que recuerdo y cómo lo recuerdo. Sólo unos cuantos rones después de llegar se habían acabado todas las conversaciones triviales y había empezado un tema que siempre le gusta a todo el mundo, sobretodo cuando lleva un par de copas de más.

- Venga va, ¿Me vas a decir que ningún tío se te ha corrido en la boca? No te lo crees ni tú – vociferó Sara – Que ya tenemos una edad, joder.

Las risas resonaron por toda la habitación. Todos mirábamos a la pobre Sonia, curiosamente a quien menos se le notaban los efectos del alcohol, que se acurrucaba sonrojada en el sillón. Poco a poco, se acercó su vaso a los labios y sorbió un poquito de su copa.

- ¿Ves? ¿A que no era tan difícil? Ya hemos bebido las tres. Ahora los chicos, ¿Ninguno bebe o que? – continuó Sara.
- Joder, pues claro que no se me ha corrido ningún tío en la boca – contestó Borja.
- La pregunta sólo era si habías probado el semen, da igual que fuera tuyo, imbécil.

Ahí fue cuando Fran y yo nos llevamos el vaso a los labios y bebimos. Las chicas comenzaron a reírse, algunas con más intensidad que otras, mientras Borja nos miraba con cara de asustado.

- Loco, sois unos putos pervertidos.
- Lo que son es sinceros, que es para lo que vale este juego, así que venga, ¿A quién le toca? – interrumpió Marta.
- ¡Mi turno, mi turno! Yo nunca me he tirado a alguien a quien haya conocido el mismo día – contesté.

Todo el mundo tenía ya sus vasos preparados para beber, aunque esta vez sólo Borja y Sara pudieron disminuir la cantidad de bebida de sus vasos. Ambos se miraron y empezaron a reírse.

- ¡Joder! ¿Te la tiraste aquel día y no me habías dicho nada? – dijo Fran, indignado.
- Claro que no te dijo nada, esas cosas no se cuentan – contestó Sara, sin poder parar de reírse.
- Bueeno… digamos que se me olvidó contarte ciertos detalles de la noche – continuó Borja.





Fran, sin contarse un pelo, comenzó a preguntar a Borja todo tipo de detalles. Sara reía sin parar, mientras Borja intentaba quitárselo de encima. Marta, que sí parecía haberse enterado de qué había pasado entre ellos dos, compartía las risas de su amiga y, bueno, Sonia y yo mirábamos la escena sin casi enterarnos de nada.

- ¿Dejamos los interrogatorios para luego y seguimos con el juego? – interrumpí.
- Pues que hable tu amiguita que está tan callada – contestó Sara.
- Eso, Sonia, que te toca a ti.
- Pues… yo… bueno, yo nunca he hecho un trío – dijo Sonia.

Todos nos miramos. Nadie se acercaba el vaso a la boca. Nadie bebía. Todos, simplemente, nos mirábamos unos a otros.

- Joder Sara, ¿Nunca has hecho un trío? Me estás decepcionando – dijo Borja, cortando el silencio que se había creado.
- Porque nunca he tenido oportunidad, que quieres… Tú tampoco has bebido, así que tampoco te quejes – contestó.
- A eso le podemos poner solución cuando quieras.
- Pues no seré yo la que me queje.
- ¿A quien le toca? – interrumpió Fran, cansado de los jueguecitos entre Sara y Borja.
- Te toca a ti, Sara. Así que deja de pensar en montarte un trío conmigo y suelta algo – contestó Borja.
- No era contigo el trío que estaba pensando, creído. A ver, sigamos con esto… yo nunca he recibido penetración anal – sentenció Sara.

Y, segundos después, se terminó el resto de su copa en un momento. Sonia probó un poco de la suya y Marta bebió una cantidad intermedia a lo de las dos anteriores.

- Sara, bebes en relación a la de veces que te la han metido por el culo, ¿o que? – comentó Borja.
- No, pero quería hacerme otra copa de una vez. Además, ¿Por qué te metes siempre conmigo y no comentas nada sobre las demás que también bebieron? – respondió Sara.
- Es verdad, Sonia también bebió. Aunque fuera disimuladamente, pero todos te vimos – continuó Fran.
- Vaya, vaya con la santita – contestó Marta.

Sonia sonreía, el alcohol acaba haciendo efecto incluso en el más tímido de los tímidos. Además, todos podíamos ver ya que lo de Sonia era más apariencia que otra cosa. En ese momento, Borja nos dijo que esperáramos un segundo y se fue a su cuarto. Al volver traía algo en la mano, pues llevaba el puño cerrado. Al acercarse a la mesa abrió la mano y lanzó unos dados sobre la mesa. Eran unos dados verdes con unas letras inscritas. Todos nos acercamos a ver que ponía.

- Venga, ¿Quién se anima? – dijo Borja riendo.

En uno de los dados ponía “lamer” y en el otro “oreja”. El cabrón se había traído de su cuarto unos dados eróticos. En uno de ellos salía lo que tenías que hacer y en el otro el lugar donde había que hacerlo.
- Le tocaba a Fran. Así que como tú tiraste los dados y le toca a Fran pues… venga, a comerle la oreja a tu amiguito – soltó Sara antes de que nadie interviniese.
- Si hombre, que me voy a dejar yo comer la oreja por Borja- contestó Fran.
- A ninguna de nosotras nos vais a tocar, así que mas os vale – continuó Marta.
- Venga Fran, ven aquí mi amor – vaciló Borja.

Lo primero que me pregunte fue que porque había sido tan fácil convencerles para que acabaran así entre ellos. Ahora, viéndolo en perspectiva, veo que todo era un elaborado plan de ellos dos. O eso, o no era la primera vez que sacaban estos dados en alguna fiesta. El caso es que Borja se acercó a Fran y empezó a comerle la oreja como si se lo estuviese haciendo a una tía. La cara de asco de Fran y la ridiculez de la situación nos permitió a todos reírnos hasta la saciedad. La situación en sí duró muy poco pero las bromas por lo que habían hecho durarán mucho tiempo.

Sara fue la siguiente en animarse a coger los dados, los revolvió un poco en sus manos y los volvió a tirar sobre la mesa.

- A ver que más tienen estos dados – dijo.

Tras rodar un poco por la mesa todos pudimos ver lo que ponía. Esta vez había tocado “Besar” y “Cuello”.

- Pues venga Sara, que esta vez me tocaba a mi – saltó Borja rápidamente.
- Si hombre, tu cuello ya lo tengo muy visto – contestó Sara.
- El mío no lo has visto mucho – comentó Fran.
- Nada, no me interesan vuestros cuellos de salidos – dijo Sara.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pues ver cuán santa es nuestra monjita – contestó.

Sonia la miró con cara de asustada. Sara se acercó a ella sonriente y nosotros nos colocamos para poder observar lo que iba a pasar. Como si de un vampiro se tratase, Sara se acercó lentamente hacia el expuesto cuello de Sonia, que se había colocado de forma que le daba todo el acceso posible a Sara. Luego me di cuenta de que esto nos impedía, al resto, verle la cara. Así que solo pudimos ver una maraña de pelos y escuchar como Sara “besaba” el cuello de Sonia. Una lástima, pues la cara de placer de Sonia hubiera sido lo más interesante de la jugada. Lo que si pudimos ver todos es la cara de complicidad entre ellas dos cuando Sara se separó de su víctima. El ambiente empezaba a calentarse.

Una vez todos sentados de nuevo, Fran se abalanzó sobre los dados.

- Yo también quiero probar – explicó.
- No, déjame a mi primero, anda – contestó Marta.
- Yo los he cogido primero – replicó Fran infantilmente.
- Si me dejas tirar a mi, te haré a ti lo que salga – replicó Marta.

Obviamente, Fran aceptó. Creo que nunca le había visto una sonrisa tan grande en su cara como cuando esperaba a que Marta hiciera rodar los dados. Marta los cogió, les echó una pequeña ojeada y los lanzó, como las otras dos veces, contra la mesa.
De nuevo unos instantes de expectación y, tachan, “Lamer” y “Pezón”. La cara de Fran cambió al instante, pues se arrepintió de no haber sido el quien lanzaba los dados y Marta la receptora. Bueno, a todos nosotros nos hubiera gustado ese resultado si era a Marta a quien había que aplicárselo.

- Bueno, prepárate que voy para allá – dijo Marta.

Se levantó y, contoneándose, se dirigió hasta Fran. Aunque a primera vista Sara parecía la más guapa de las dos, Marta no se quedaba nada atrás. Tenía un cuerpo más que decente que pasaba desapercibido por esas dos increíbles tetas que tenía. Que, además, solía lucir siempre con unos buenos escotes.

Se sentó junto a éste en el sillón y le levantó la camisa. Acercó su boca y comenzó a lamerle primero un pezón para luego pasar al otro. La cara de Fran era un poema. Por una parte tenía a cuatro personas mirándole fijamente a la cara, pues las vistas a su pezón y a Marta eran imposibles y, por otra, tenía a una tía comiéndole los pezones. Así que cambiaba rápidamente de una sonrisa cómplice para con nosotros, un intento de cara seria para que dejáramos de mirarle y, lógicamente, una cara de placer y perversión sólo digna de él mismo. Por suerte Marta no le estaba mirando, porque sino se habría dado cuenta rápidamente de qué intentaría Fran durante el resto de la noche.

Tras el instante de placer, Marta se levantó y se dirigió, de nuevo, a su sitio. En ese momento, cuando la miraba al marcharse, con sólo verle la cara a Fran podíamos darnos cuenta de que ya estaba empalmado. Supongo que Marta también se dio cuenta, así que ya sabía lo que le esperaba.

Esta vez me adelante a coger los dados. Una vez los tenía en mis manos esperé a que los demás me atendieran.

- Bueno, a partir de ahora seguimos los turnos para tirar pero el que tira elige a quien lo hace, ¿no? – comenté.
- Yo no quiero que me acose el salido de Borja – contestó Sara.
- ¡Cállese! – respondió Borja.
- Bueno, pero que tire ahora Sonia, que aún no ha tirado, ¿vale? – dijo Marta.
- Venga, va, que tire Sonia – contesté, resignándome.

Le pase los dados a Sonia y esta me lanzo una mirada, complaciente. Ya no se le notaba tan tímida como al principio, supongo que la mezcla de los efectos del alcohol y la habilidad de Sara con su cuello la habían alterado. Sin pensárselo dos veces tiró los dados, mostrando “Labios” por un lado y “Besar” por el otro.

Si tuviéramos que elegir a la tía que estaba más buena entre las del grupo probablemente todo el mundo votaría a Sara pero, sin duda, Sonia era la más guapa de las tres. Tenía, como decirlo, la típica cara de niña buena que tanto pone a muchos tíos, yo entre ellos. Cara que concordaba, además, con su forma de vestir y de ser. Parecía una mosquita muerta. O por lo menos lo parecía hasta que tiró los dados por primera vez.

La duda sobre a quien iba a acercarse Sonia a cumplir su tirada no duró demasiado, ni siquiera hizo falta que se levantara. Giró la cabeza, me miró y se me acercó con delicadeza. Yo, evidentemente, me dejé hacer, así que pude ver como era ella quien se acerba a mi y me besaba. Sus labios se juntaron con los míos, tímidos y completamente pasivos en un principio. Poco a poco fui reaccionando y fueron mis labios, y mi lengua, las que empezaron a tomar el control. Una lástima haber tardado tanto, pues cuando estaba comenzando a pasar mi mano alrededor de su cara para acariciarla, y empecé a besarla con más pasión, ella se separó de mí.

- No te pases, Miguel, que eres un aprovechado. Aquí las cosas duran lo que duran, no media hora – me recriminó Sara.
- Ya te tocará a ti – me dijo Sonia, mirándome.

En ese instante, como Fran en su momento, todo mi cuerpo reaccionó. Y más que el beso lo que me había vuelto loco era esa última frase acompañada de la mirada cómplice que me lanzó. Puede que al final la cita no hubiese resultado un fracaso aunque, evidentemente, esto estaba resultando mucho más interesante.

Esta vez volví a hacerme con los dados rápidamente, no iba a dejar que nadie se me adelantara. Además, sólo quedábamos Fran y yo por tirar así que yo iría antes. Mi cuerpo ya me pedía pasar a algo con más acción, así que esperaba tener algo de suerte y que saliera algo decente. Tiré los dados y la suerte me acompañó, pues los dados mostraban “Pezones” e “Interrogante”. Perfecto, podía hacer lo que quisiera con los pezones de alguna de las chicas.

- Bueno, chicas, ¿Cuál se anima? – pregunté.
- ¿Qué piensas hacer? – contestó Sara.
- Hará lo que quiera, que para algo le salió el interrogante – respondió Borja.
- Bueno, si tiene que jugar con las tetas de alguna, que sea con las mías. Que para algo las tengo más grandes, las mías tienen prioridad – zanjó Marta.

Ninguno de nosotros tres, ni ningún hombre en nuestro estado, podría haberse negado a satisfacer los deseos de Marta. La miré a los ojos y pude ver que el fuego que nos inundaba a nosotros también le afectaba a ella. Me gusta, pensé.

Me levanté y me senté junto a ella. Ella me miró, deseosa por saber qué iba a hacer, levantó los hombros y colocó ambas manos junto a sus muslos para dejarme hacer. Respiré hondo y me dispuse a dejarme llevar, pues sabía que probablemente nunca podría volver a masajear de ésta manera a una tía que hubiera conocido el mismo día y, encima, delante de mis colegas. Mis manos se acercaron a sus pechos, comenzando a masajear alrededor de éstas y acercándome poco a poco.

En un principio tenía pensado tomarme mi tiempo con el masaje pero, como siempre, acabé precipitándome y pasé directamente a lo que le hubiera gustado hacer cualquier a cualquier tío en mis circunstancias. Agarré una de sus tetas con cada mano y comencé a masajearlas, a apretarlas. Ella comenzó a suspirar. Al contrario que Fran, parecía que le gustaba que la estuviéramos mirando todos, así que nos deleitó con una cara de placer digna de un orgasmo. Al principio sólo eran suspiros, pero en cuanto mi dedo índice y pulgar rodearon sus pezones y empezaron a pellizcarlos esos suspiros se convirtieron rápidamente en gemidos.

En ese momento Marta me miró y comenzó a acercarse a mí, dispuesta a besarme mientras le retorcía los pezones con mis dedos. Y justo en ese momento recordé que no estábamos solos y que andábamos jugando a un juego de dados con unos colegas, al oír como Sara comenzaba a gritar que paráramos y que ya nos habían dejado suficiente tiempo.

Marta agarró mis manos y las separó de sus tetas. Me miró, mordiéndose el labio inferior mientras lo hacía, y me dijo, entre suspiros, que volviera para mi sitio. Esta vez fui yo quien tuvo que tapar su erección mientras me levantaba y me sentaba, de nuevo, en el que era mi sitio junto a Sonia.

El ambiente estaba ya más que caldeado, así que cuando Fran cogió los dados y se dispuso a tirar todos temíamos qué podría hacer con lo que le saliera. Sus ojos brillaban, supongo que por la felicidad que le invadía al imaginarse lo que podría hacer ahora. Los dados rodaron por la mesa hasta que, finalmente, pararon y pudimos ver el resultado. Esta vez, todos estallamos en risas en cuanto leímos lo que le había salido. El único que no estalló en carcajadas fue el pobre Fran.

- Joder, loco, ¿Tenía que tocarme a mi “Tocar” y “Cuello”?. Yo no estoy para masajear cuellos ahora, cojones – dijo Fran.
- Venga, Fran, ven y dame un masajito – contestó Sara.
- Déjenme tirar otra vez, venga – replicó.
- De eso nada, todos hemos respetado lo que nos salió en el dado – continuó Sara.
- Además, no te quejes que yo gasté mi tirada contigo y no con una tía. Tú al menos puedes hacerle un masaje en el cuello a alguna de ellas – finalizó Borja.

Y así fue. Fran se levantó y le hizo un pequeño masaje en el cuello a Sonia. Pequeño porque el empeño que le puso no fue demasiado y pequeño porque Borja lo paró rápidamente porque era el siguiente en tirar. Hasta el momento era el único que no había hecho nada (que no fuera con la oreja de Fran), así que tenía que estar bastante deseoso después de lo que se había visto.

Su tirada marcó “Besar” y “Culo”. Agarró rápidamente a Sara por la mano y se la acercó. Le dio la vuelta de forma que, sentado como estaba, pudiera acceder fácilmente a su trasero. Lo más interesante fue cuando Sara se desabrochó el pantalón y comenzó a bajárselo por detrás para dejar su culo, cubierto sólo por un minúsculo tanga, al descubierto de todos nosotros y, sobretodo, de la boca de Borja.

Éste no dudó un momento y se lanzó manos a la obra. Comenzó a morder, lamer, y todo lo que se os ocurra, el culo de Sara. Se notaba que ya todo había cambiado, pues ya no eran risas lo que nos invadía al resto mientras ellos ejecutaban la tirada, sino que todos mirábamos, atentos, lo que hacían. Mirábamos como Borja jugueteaba con el tanga de Sara, moviéndoselo con su lengua hacia un lado y hacia otro, y mirábamos como Sara se dejaba hacer, enseñándonos a todos ese precioso tanga rojo que llevaba. Sara comenzó a inclinarse hacia adelante mientras Borja empezaba a bajar por la línea del tanga de ésta. Nosotros mirábamos incrédulos lo que estaba ocurriendo, pero justo cuando Borja había bajado tanto que ya pasaba a dejar de llamarse culo, Sara actuó rápido levantándose el pantalón y alejándose de Borja.

- Uf, mejor que paremos que esto se nos va de las manos – comentó.
- Bueno, de las manos precisamente no – contestó Borja.

Sara se levantó y cogió los dados. Los tiró sin darnos siquiera tiempo a saber que estaba haciendo. Su tirada mostró “Excitar” e “Interrogante”. Vamos, que podía hacer casi lo que quisiera. Cachonda como se notaba que estaba, se acercó a Sonia y le dijo que se levantara.

- ¿Qué piensas excitarme? – preguntó Sonia.
- Pienso excitarte a ti – contestó.

Sin más, Sara se acercó y empezó a besar a Sonia. No fue un beso tierno ni un beso sencillo, fue un beso completamente pasional. Un beso que fue contestado por Sonia así que allí estábamos, los cuatro, viendo como ellas dos se enrollaban delante de nosotros. Lo único que pudimos hacer fue colocarnos alrededor y mirarlas. En ese momento me di cuenta de que Sara estaba desabrochando el pantalón de Sonia. Una vez acabó con el botón bajó un poco la cremallera e introdujo su mano por las braguitas de ésta. Estaba tan concentrado viendo lo que hacían que no pude darme cuenta de que Sonia estaba haciendo exactamente lo mismo. Tuve que mirar a mí alrededor para darme cuenta de que lo que estaba sucediendo era real. Mi percepción fue confirmada al ver las bocas abiertas de Borja y Fran, que no podían dejar de mirar el espectáculo que nos estaba ofreciendo nuestro dúo de chicas. Ésta tirada duró más que las demás, pues ninguno de nosotros quería que pararan de masturbarse mutuamente mientras se besaban, mordían y gemían a nuestro alrededor. Ellas se lo estaban pasando aún mejor que nosotros, así que cuando Sonia sacó su mano del pantalón de Sara y dejó de besarla ni ella misma pudo ocultar su cara de decepción.

- Como me pones, joder – suspiró Sara - ¿Por qué paras?
- No vamos a tener a los demás mirando toda la noche, ¿no? Ellos también querrán – contestó Sonia.
- Por nosotros podéis seguir si queréis – dijo Fran.

Pero era hora de volver a tirar. Los dados esta vez nos mostraron “Morder” y “Cuello”. Marta, que era la que había tirado, se acercó a mí y se me sentó encima. Pero no como se sentaría un niño sobre Papá Noel dispuesto a pedirle unos regalos, sino como se sentaría sobre un tío cualquier tía que quisiera ser penetrada. Tal y como estaba el ambiente, Marta no se limitó únicamente a pasear su boca a través de mi cuello sino que, mientras lo hacía, no paraba de contonearse y restregarse contra mí. El espectáculo para los que nos observaban debió ser digno, pero yo no estaba en condiciones de mirar a nadie más así que simplemente me dediqué a dejarme hacer y disfrutar. Lo mejor fue cuando noté una mano acercándose a mi entrepierna y me di cuenta de que Marta había colado una de sus manos y estaba manoseando mi erección mientras no paraba de jugar con mi cuello. Si hubiera estado haciendo eso sobre mí poco tiempo más, probablemente no hubiera podido estarme quieto y me hubiera dedicado a desnudarla y follarla ahí mismo. Pero su mano abandonó su tan agradable misión y su boca dejó tranquilo a mi cuello. Justo mientras se levantaba se me acercó a la oreja.

- Esta noche quiero que me folles – susurró.

Como podéis suponer, no contesté. En mi estado me fue imposible pensar una respuesta digna a esa afirmación así que lo único que hice fue mirarle el culo mientras se volvía a su sillón e imaginar como pensaba follármela.

Antes de que Marta llegara a sentarse Sonia ya tenía los dados en las manos. Realizó su tirada mostrando un “Besar” y “Pezones”. No se lo pensó dos veces y se acercó, de nuevo, a quien tanto la había calentado esa noche. Sara, dispuesta, se bajó un poco la camisa dejando a la vista uno de sus pezones, que Sonia no tardó en succionar. Comenzó a jugar con estos sin parar, pellizcando uno de ellos con sus dedos mientras su boca jugueteaba, mordía, lamía y chupaba el otro. La segunda de las manos de Sonia volvió a irse hacia la entrepierna de Sara a una velocidad tal que, cuando me di cuenta, ya había desabrochado el botón del pantalón e introducido su mano hasta lo más hondo de la entrepierna de Sara.

Sara, que en estos momentos no podía controlarse, comenzó a gemir para todos nosotros como si de un concierto se tratara. Con una de sus manos procuraba agarrarse al sillón mientras la otra buscaba los pechos de Sonia. Nosotros mirábamos sin hacer nada, aunque esta vez el calor que nos invadía a todos superaba ya nuestros límites y no podíamos quedarnos sin hacer nada. Como no creía que ellas pararan, cogí de nuevo los dados y tiré.

- ¿Qué haces? – contestó Fran.
- Pues seguir jugando, no vamos a esperar a estas dos.

Mi tirada me mostró un “Lamer” e “Interrogante”. Antes de decir nada, antes siquiera de haber mirado a nadie, ya tenía a Marta en pie frente a mí. No me levanté, pues no me hacía falta para lo que pensaba hacer. Desabroché el botón del pantalón de Marta y comencé a bajárselo poco a poco, mientas mi lengua se paseaba por su barriga y, con esta, iba bajando sus braguitas. Marta suspiraba mientras me susurrara que siguiera, que llegara de una vez. Cada vez más rápido, mi lengua fue dejando atrás su tripa para entrar en esa zona tan deseada por muchos. Mi lengua notó el cambio en la superficie de su piel al entrar en su rasurado pubis. En este momento mis manos sujetaban sus pantalones para que no cayeran del todo y mi lengua estaba llegando ya, por fin, a donde ella quería que llegase. Fue justo entonces cuando perdí por completo la visión de la realidad en la que estaba, ignoré por completo que estaba rodeado por dos de mis colegas mirándome y que dos chicas estaban inundando mis oídos a gemidos a tan sólo unos metros de aquí.

Bajé por completo los pantalones de Marta dejando a mis colegas unas espléndidas vistas de su culo. Vistas aún mejores cuando la despojé también de sus bragas, quedando entonces toda su entrepierna a mi disposición. Pase mi lengua, de arriba abajo, comprobando lo mojada que estaba, pues inundó mi boca con sus jugos internos. Tras repetirlo un par de veces y escuchar cómo reaccionaba gimiendo a cada toque de mi lengua con su clítoris me centré en éste, succionándolo, lamiéndolo, chupándolo. Cuando quise darme cuenta llevaba ya un par de minutos trabajando con su entrepierna, escuchando gemidos de tres mujeres a la vez pero sin darme cuenta de lo que realmente pasaba.

Paré un segundo y levanté la cabeza. Miré a mí alrededor. Marta estaba casi completamente desnuda, pues sólo su sujetador la cubría. En un momento que no recuerdo Borja se había levantado, la había despojado de su camisa y se había dedicado a jugar con sus tetas. En este preciso instante, Borja y Marta se besaban mientras éste le acariciaba los pezones por dentro de su sujetador. A mi lado, sentado en el otro sillón, se encontraba Fran, que nos observaba masturbándose sin parar. Supongo que no tardaría mucho en acercarse a nosotros.

Por el otro lado pude ver como, en todo este tiempo, lo de Sara y Sonia había pasado a mayores. Ambas tenían los pantalones por las rodillas, pues se les habían bajado mientas recorrían el sofá con sus juegos. En este momento estaban echadas de lado mientras seguían besándose y masturbándose mutuamente.

Volví mi mirada hacia Marta de nuevo para ver cómo ésta había bajado los pantalones a Borja y comenzaba a masturbarle. Los dedos de Borja se perdían por la entrepierna de Marta, aprovechando mi ausencia durante estos instantes en que me había perdido en observar la situación.

Pocos segundos después, Borja agarró a Marta y la lanzó, directa, contra el sofá en que se encontraba Fran. Ésta calló prácticamente encima de él, que tuvo que dejar de masturbarse para agarrarla. Una vez se produjo el impacto, Marta levantó de nuevo su trasero, colocándolo justo donde Borja quería que estuviera. Éste se agarró a las caderas de Marta y se dispuso a penetrarla. En el momento en que Borja la penetró Marta ya tenía la polla de Fran en su boca, y se dedicaba a propiciarle una deliciosa mamada. Unos lametones primero para luego introducirla completa en su boca y así una y otra vez. Por supuesto, tenía que parar cada cierto tiempo pues las embestidas de Borja contra su trasero eran cada vez más violentas. Sus gemidos pasaron a gritos, a veces bloqueados por la polla de Borja que, sin permiso, se introducía en su boca y no la dejaba gritar.

El espectáculo era maravilloso. No sabía ni que hacer viendo tanto placer a mí alrededor. Ver como Marta era follaba a la vez que se metía una polla en la boca me tenía completamente impedido.

Entonces, sentí como la presión de mi pantalón disminuía y la cremallera de éste comenzaba a bajar. Bajé la mirada y pude ver cómo dos preciosas mujeres estaban arrodilladas junto a mí, quitándome los pantalones y, tras esto, los calzoncillos. Antes de que me diera cuenta ya me habían desnudado, y se dedicaban a lamer, a dúo, mi en esos momentos erecta polla. Ambas estaban ya despojadas de sus camisas, cubierta sólo por sus sujetadores y sus braguitas. Me dispuse a disfrutar del espectáculo y empecé a intercambiar miradas entre la escena que se rodaba a mis rodillas y la que ocurría a unos escasos metros, dónde Borja no cesaba en su intensidad de penetrar a Marta y ésta, incapaz de seguir chupándosela a Borja debido al placer que le producía la follada de Borja, se dedicaba sólo a masturbarle.

Las embestidas de Borja empezaron a aumentar de intensidad hasta que llegó, sin poder ni querer contenerse, a la eyaculación. Marta comenzó a hacer círculos con su trasero mientras Borja se corría en su interior. Una vez hubo acabado, Borja se dejó caer contra el sillón y Marta volvió a meterse la polla de Fran en su boca, el cual agarró su cabeza y empezó a follarla por la boca. Al principio parecía que Marta iba a atragantarse y no podría respirar, pero pronto lograron una manera que era aceptable para los dos y, bueno, Fran no pudo aguantar mucho y se corrió en la boca, más bien en la garganta, de Marta. Ésta tragó todo el contenido de la corrida de Marta y se dedicó, después a limpiarle completamente la polla de arriba abajo.

Volví a bajar la mirada hacia lo que acontecía a mis pies y pude ver como Sara y Sonia jugaban con mi polla a medias. Bailando con sus lenguas, cada una a un lado de mi polla y besándose para mí. Sabiendo que no tardaría mucho en correrme, Sara se metió toda mi polla en su boca, colocó sus labios de la forma en que me propiciaran un mayor placer y comenzó a subir y bajar sobre ésta. Todos los juegos previos y lo que había ocurrido ahora mismo me habían calentado en extremo, así que mi aguante fue completamente irrisorio. Tras unos leves espasmos que recorrieron todo mi cuerpo comencé a descargar sobre la boca de Sara. Sonia, viendo que empezaba a correrme, agarró rápidamente mi polla, sacándola de la boca de Sara y metiéndosela en la suya, logrando recibir, para ella, un poco de mi eyaculación.

Mi corrida fue completamente espectacular. Cerré los ojos y dejé que fluyera, por mí, un placer tan intenso como la corrida que acaba de depositar en las bocas de ellas dos. Quedé completamente inmovilizado tras ésta y necesité bastante tiempo en recuperar la conciencia de nuevo.

Cuando quise darme cuenta, Sara y Sonia se habían alejado de mí, se habían despojado de la poca ropa que les quedaba y, ahora mismo, Sara se dedicaba a jugar con su lengua a lo largo de toda la entrepierna de Sonia. Echada en el suelo, completamente desnuda y con Sara entre sus piernas, Sonia no para de gemir y de gritar que esa noche quería que la follaran como nunca. Yo no pude evitarlo y aunque hacía unos pocos minutos había tenido una de las eyaculaciones que no olvidaría en mi vida, comencé a masturbar levemente mi polla.

Por el otro lado, Marta se encontraba sentada entre Borja y Fran, masturbando poco a poco las extasiadas pollas de ambos, aunque realmente la atención de los tres estaba centrada en el espectáculo que nos ofrecían Sara y Sonia, con sus espectaculares cuerpos desnudos y jugando para todos nosotros. Se levantaban, intercambiando sus puestos y pasando a ser Sonia quien devoraba la entrepierna de Sara. Volvían levantarse, pasando a ser los dedos de Sara quienes penetraban a Sonia mientras ésta se colocaba a cuatro patas dándonos, a todos nosotros, una vista espléndida de su culo y de los dedos que la penetraban. Mientras lo hacía, Sara no podía dejar de tocarse con su mano libre, que se encontraba completamente mojada por los jugos que desprendía.

Poco después, Sara se levantó y se sentó en el sillón. Sonia la acompañó y se sentó a su lado.

- Joder, ¿Tres tíos mirándonos y ninguno se digna a venir a follarnos? – dijo Sara.

En ese momento, ambas se abrieron completamente de piernas, dándonos una visión perfecta de su coño y quedando en una postura en la que sólo haría falta llegar y penetrarlas.

Fran y Borja, atravesados por la ardiente sensación que producía la visión que acababan de tener, se levantaron rápidamente y pasaron a ocupar sus puestos. Fran se dirigió hacia Sara y Borja hacia Sonia comenzando a follarlas salvajemente.

Mientras todo esto transcurría yo no había dejado de observar y masturbarme. Cuando quise darme cuenta mi polla ya estaba completamente erecta y Marta se encontraba sobre mí. Volvió a sentarme como había hecho hacía unas escasas horas, aunque esta vez su intención si era que la penetrara. Mi polla se clavó en su interior con una facilidad pasmosa, y ella comenzó a cabalgar sobre mí, follándose justo como quería ser follada.

Desbordado por tanto placer como estaba, comencé a perder la visión del tiempo. Recuerdo que Marta se levantó y se echó a cuatro patas sobre el sillón para que la penetrara, recuerdo que Sonia y Sara intercambiaron parejas para seguir siendo folladas. No se cuánto tiempo transcurrió mientras intercambiábamos posturas y placer a partes iguales, pero si se cuando acabó.

Recuerdo, sin ningún tipo de duda, cómo comencé a aumentar la intensidad de mis embestidas. Cómo Marta gritaba que no parara de follármela, cómo me gritaba que quería que la destrozara y que la follara como si fuera la última vez. Recuerdo cómo me agarré a ella, justo antes de correrme y, recuerdo, cómo eyaculé en su interior y caí destrozado sobre el sillón.

Y ahí, mi visión volvió a volverse tenebrosa. Supongo que me quedé dormido, sólo se que mi siguiente recuerdo es cómo me tocaban en la mano. Abrí los ojos y vi a Sonia, de rodillas, preguntándome si estaba bien. Le contesté que me encontraba bien y que no sabía qué me pasaba. Me cogió de la mano y me hizo levantarme.

- ¿Dónde están los demás? – pregunté.
- Se han ido a sus respectivos cuartos, cada uno con una chica – me contestó. Me han dicho que tenemos a nuestra disposición el cuarto del chico que no está.
- Menos mal, porque necesito echarme – respondí.
- No creerás que vas a ir a ese cuarto a echarte a dormir, ¿verdad?

Y esas fueron las últimas palabras no acompañadas de gritos y gemidos que escuché esa noche.


Espero que os guste. Es uno de mis primeros relatos y el más largo de todos. No se si ha quedado demasiado largo y se hara dificil de leer.

Un saludo
Scytale
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Re: Juego de Dados

Notapor Black el Mar Nov 24, 2009 17:25

Muy bueno, me ha gustado mucho.Y cuanta envidia (sana) me das.
saludos
Black
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