| Elotro esta leyendo el relicario |
| Últimos temas NADA ES ETERNO... Paul Ferdinand es un administrativo que trabaja en la administración pública adicto al tabaco. A sus cuarenta y tres años se le acaba de ... EN LAS PUERTAS DEL INFIERNO... Liam Beckett llega a su pequeño apartamento después de un día de trabajo y recibe una llamada impregnada de misterio de su mejor amiga, K... Certamen microrrelatos para blogger... Puede que este certamen de microrrelatos para bloggers le interese a alguien. Aquí podéis las bases del concurso: http://www.ven... MORRIÑA 2... O que eu sinto, meniña, nace no chan do labrego, uns chámanlle morriña, outros o mal do galego. Galego sou, cidadan do mundo, Galego sou,... |
Últimos post Re: Todos a la mesa... Venga, a sentarse todo el que quiera. Para hacer amistades necesitaríamos tener nuestro rinconcito más personal, y nada, he abierto este.... Re: Para todos los que esperan su primera publicación.... Como yo lo conseguí, si alguien me necesita, que no dude en contactar conmigo. http://www.lavozdegalicia.es/noticia/co ... C12991.htm... Re: Una lágrima por ti.... Espero que os guste y envío enlace. http://www.lavozdegalicia.es/noticia/co ... C12991.htm... Re: Si eres nuevo... Si eres nuevo en un sitio, te sientes desubicado y triste. Yo sé de esa sensación, criminal en el ensañamiento de la soledad. Si es usted... |
Lo más comentado ¿Qué estáis escuchando en este momento?... Yo estoy escuchando "The Fairy Queen" de Henry Purcell para un examen que tengo en Septiembre ... LISTA NEGRA... LISTA NEGRA: En este apartado sólo caben nuestras tristezas, las historias horribles que vemos por televisión, el agregado nost... LISTA BLANCA... LISTA BLANCA: En ella cada uno contará experiencias dignas de la pureza, la alegría, el bien, el amor, la exaltación pura y su... ¿qué libro estais leyendo ahora?... Estoy acabando de leer "Pepita Jimenez" novela epistolar de Juan Valera, escritor de Cabra, un pueblo de Córdoba. Cuando termine ... |
||||
Final Feliz
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
Final Feliz
Cuando colgó el teléfono, todavía se quedó con el auricular en la mano unos segundos procesando la información de la llamada que acababa de recibir hasta que oyó el grito de su mujer desde la cocina:
- ¡Cariño! ¿Estas preparado?
- Diez minutos y nos vamos- respondió él, y ya casi había olvidado el contenido de aquella llamada.
Desde el quicio de la puerta se quedó mirando a la mujer con la que se había casado hace ya tres años y en su boca se dibujó una sonrisa llena de cariño. Ella estaba terminando de recoger los platos de la cocina que habían utilizado la noche anterior y mientras se secaba en un trapo, después de lavarse las manos se acercó a él para darle un beso en la boca. Él notó como ella posaba su vientre hinchado en el suyo cuando se acercó para besarle. Estaba embarazada de cinco meses.
- Me sabe mal no poder acompañarte esta vez- le dijo ella.
- No te preocupes. Ya sabes como son esas cosas y no va a ser más de un día- le tranquilizó él.
Ella trabajaba como funcionaria pública en la Consejería de Educación de la ciudad de Valencia.
Estaba de baja por tener un embarazo de riesgo. El médico, después de dos abortos espontáneos le había recomendado el más absoluto de los reposos. Afortunadamente, a esas alturas, todo iba perfectamente y tanto ella como el bebe se encontraban bien.
El era director comercial nacional de una empresa médica que se dedicaba a la venta de material quirúrgico de alta tecnología. Después de ocho años trabajando para esa empresa había conseguido llegar a uno de los escalafones más altos a nivel nacional dentro de la jerarquía empresarial de la compañía. Ganaba la nada despreciable cifra de 90000 € al año más comisiones por resultados. La vida les iba bien.
Ella le acompañaría al aeropuerto. Se disponía a realizar un viaje relámpago a Barcelona, donde este año, la compañía había decidido celebrar su convención anual. Una especie de reunión de todos los altos ejecutivos de la empresa que básicamente servía para hacer saber la cantidad ingente de dinero que se estaba ganando y darse mutuamente palmaditas en la espalda. Le habían reservado habitación en uno de los mejores hoteles de la ciudad y la cena estaba preparada, como no podía ser de otra manera, en un restaurante de alto nivel.
Cuando llegaron al aeropuerto, su mujer aparcó, donde estaban todos los taxis, preparados para llevar a todos los pasajeros que en ese momento llegaban a Valencia. Él sacó su escueto equipaje, compuesto por una maleta pequeña y un traje y se despidió de su mujer hasta el día siguiente, prometiéndole que la llamaría.
Esperó las dos horas de rigor que van desde la facturación del equipaje hasta el embarque. Durante la espera fue testigo de un extraño episodio entre una alta ejecutiva que esperaba también la salida de su vuelo y un joven cargado de revistas que se encontraba también en la terminal. Vio como el joven, ante la eventual avería de los vestuarios masculinos había tenido que recurrir a utilizar los femeninos y cómo la mujer, había entrado momentos después. No debieron encontrarse dentro, pues a los pocos minutos habían salido los dos y en su cara no se reflejara que hubiera acontecido ningún evento violento ahí dentro. Si a él lo pillaran utilizando el baño femenino, y más, una mujer como ella, probablemente se moriría de vergüenza.
Cuando se subió al avión se acomodó en el asiento que le asignaba su billete y se puso unos auriculares que le transportaron al maravilloso mundo de los hilos musicales de los aviones. A su lado se sentó un hombre grueso, que no hacía más que ocupar con el codo, el espacio que en principio le pertenecía a él. Pensó en hacerle una observación a aquel caballero, pero optó por callar. Afortunadamente aquel, iba a ser una viaje que no duraría más de una hora.
Durante el trayecto, pensó en la llamada telefónica que había recibido aquella mañana. Era de su homólogo italiano. Un tipo llamado Nico. Era la persona con la que más relación tenía, sin contar al equipo de ventas con el que trabajaba cada día. Nico era un vividor. Era excepcional en su trabajo, pero tenía que reconocer que era un poco golfo. En cada reunión siempre presentaba a una nueva compañera sentimental. Casi siempre mujeres espectaculares físicamente. Siempre acababa las veladas con un vaso de buen güisqui en una mano y la cadera de la chica en la otra. Le había llamado diciéndole que aquella noche iría acompañado de Tania, sin dar más explicaciones. Nico hablaba de sus conocidos, dando por sentado que, aunque nunca hubieras oído hablar de ellos, ya los conocieras. Así que él supuso casi de inmediato que Tania sería su nueva compañera. Le había preguntado si él iba a ir acompañado a lo que le contestó que no, sin molestarse tampoco en dar los motivos por los que acudía a la reunión solo. Nico le explicó que Tania tenía una amiga que estaba de visita en la ciudad y que estaría encantada de acompañarlos en aquella velada. Él contestó que no había problema y que a él no le importaba. Antes de que el avión aterrizara aún le dio tiempo a experimentar una pequeñísima oleada de remordimientos por no comentarle a su mujer aquel pequeño detalle.
Había pasado dos horas desde que estaba sumido en esos pensamientos, cuando se encontró en la puerta de la habitación donde tenía la reserva, introduciendo aquellas tarjetas magnéticas que ahora hacían de llave. Cuando abrió la puerta no pudo dejar de sentirse asombrado ante la habitación que la compañía había reservado para él. Tenía un pequeño recibidor que comunicaba con un baño y más adelante, se presentada una estancia de unos 60 metros cuadrados, gobernada por una cama de proporciones exageradas llena de cojines y muebles de estilo colonial. En la pared que acompañaba a los pies de la cama un espejo enorme le daba a la habitación mucha más amplitud. Como era pronto decidió ponerse cómodo y disfrutar de una siesta antes de empezar a prepararse para la velada.
Sobró con decirle al taxista el nombre del restaurante donde se dirigía. El no dudó hacia donde ir. Era una de las ventajas de cenar en uno de los mejores de Barcelona. Se trataba de unos salones especialmente concebidos para ese tipo de eventos. El conductor le enunció que en media hora estarían allí. Él miró su reloj y calculó que llegaría justo a tiempo para la recepción.
Cuando bajó del coche, y después de pagar al taxista dejándole una propina de 10 euros, sólo por no darle la vara con una conversación intrascendente, se dirigió a los jardines de los salones que daban la bienvenida a todos los comensales. Ya había pequeños grupos de gente, todos vestidos con sus mejores galas. Repaso a los grupos que allí se encontraban sin localizar a Nico por ningún lado. Cuando pensaba que probablemente no habría llegado y se dirigía a coger una copa de vino de una de las bandejas de los camareros que se iban paseando por entre la gente, notó unos golpes desde atrás en su hombro. Se giró y allí estaba Nico. Sonriente, feliz por encontrarse de nuevo por una lado, pero probablemente también debido al copazo de güisqui que le acompañaba. A su lado se encontraban dos mujeres. Cuando se quedó mirándolas tuvo que hacer un esfuerzo por no quedar con la boca abierta como un pez. Definir a aquellas mujeres como espectaculares, sería lo mismo que definir un Rolles Royce diciendo que era un coche con cuatro ruedas. Una era rubia, y debía tratarse de Tania, pues era la que más cerca estaba de Nico. Después de la primera presentación quedó confirmado que así era.
La otra mujer se llamaba Andrea. Era una mujer sencillamente perfecta. Mediría 1,75 m, tenía un cuerpo escultural. De pechos generosos y piernas largas. Llevaba un vestido negro por el que no habría pagado menos de cuatro mil euros, perfectamente combinado con unos zapatos de tacón infinito. Era morena y su pelo, completamente liso le llegaba hasta donde la espalda comienza a perder su nombre. Tenía los ojos grades y azules, precisos y una boca, por el que cualquier hombre hubiera matado por besar. Sus dedos y su cuello estaban adornados por joyas que, sin llegar a ser pretenciosas, acentuaban la clase que ya de por si se le presumía.
Al principio el quedó intimidado ante tal despliegue de belleza. Nico no hacía más que lanzarle miradas cómplices a las que él trataba de no responder. Bueno, se dijo, todo esto esta muy bien. Vamos a disfrutar de la vista de dos bellezas que parecían venir de otro mundo, que no de su compañía, pues conociendo a Nico y a las mujeres que habían ido con él, el coeficiente intelectual de aquellas dos mujeres no debía sobrepasar una puntuación de 90…..(entre las dos).
El maitre del evento indicó que podían pasar y tomar asiento. A ellos los habían colocado en una mesa de cuatro personas. Los acomodaron en ella y un desfile de camareros empezó a servir los entrantes. Y esa fase de la cena sirvió para romper el hielo y romperle los esquemas. Conversaron animadamente, y en poco tiempo, se dio cuenta que Andrea, era una mujer muy inteligente y con un sentido del humor muy parecido al de él. Se sintió muy cómodo desde casi el principio y mientras ella hablaba, él no podía apartar la vista de sus ojos y de su boca (dando furtivos vistazos a su escote) maravillado de la mujer a la que acababa de conocer. Se dijo que había sido una suerte conocerla en aquellas circunstancias tan excepcionales, pues hubo un momento de la noche en el que llegó a pensar que si aquella mujer le decía VEN, él lo dejaba todo.
La cena casi había terminado. Él no quería que acabara nunca, pues lo estaba pasando muy bien. Había descubierto tener una complicidad con aquella mujer que no había conocido con nadie. Le parecía increíble que, conociéndola desde hace solo un par de horas, ya pareciera que la conociera de toda la vida. Y percibía que a ella le pasaba lo mismo con él. Lo miraba fijamente mientras él le hablaba. Tanto que a veces se cortaba y tenía que bajar la vista. Pero en su mirada había interés y una pizca de coquetería. El corazón se le aceleró en un par de ocasiones cuando, después de algún comentario gracioso, ella había posado delicadamente su mano en su hombro.
Desgraciadamente la noche estaba llegando a su fin y cada uno tendría que marcharse por el camino que llegó. En la puerta del restaurante intentaron dilatar lo más posible su despedida, pues se notaba que nadie quería irse a casa. En el caso de Nico y Tania estaba bastante claro donde acabarían la noche. Y en el caso de él y Andrea también. El era un hombre casado, y felizmente casado. Y aunque aquella mujer era de las personas más maravillosas que había conocido la cosa tenía que acabar ahí. Por mucho que estuviera deseando besarla. Por fin iniciaron la despedida y cuando Andrea se inclinó para besarle una mejilla, acercó la boca a su oreja hasta susurrarle al oído, tan bajo que sólo él lo oyó: “llévame contigo”. Y en ese momento se acabó la batalla. Ya no hizo falta disparar más. Se rindió a pesar de todo.
Nico y Tania desparecieron y ellos se encontraron en la acera de la calle intentando para a algún taxi que los llevara al hotel. Estaban bastante achispados por el alcohol que habían tomado en la cena y cada comentario de uno era acompañado por las carcajadas del otro. Al final un taxi los recogió y los llevó al hotel.
Todavía riendo entraron a la habitación del hotel. Él ya estaba pidiendo disculpas a su mujer en forma de plegaria al cielo por lo que iba a ocurrir en aquella habitación de forma inminente. Se escudaba en que aquello era sexo y solo eso. Sin sentimientos. Sin amor. No tenía nada que ver. Estaba a 400 kilómetros de su casa. En un hotel de forma totalmente anónima. Con una mujer escultural que quería exactamente lo que quería él. Hubiera sido de locos no aprovechar esa oportunidad.
Ella lo empujo de los hombros y lo tiro a la cama mientras permanecía de pie en frente de él mirándolo con deseo. El partido acababa de empezar. Se retiro un tirante del vestido y cayo por uno de sus hombros. Con lentitud premeditada hizo lo mismo con el otro. Él, tumbado desde la cama, la miraba hipnotizado. Se bajo la parte de arriba del vestido hasta las caderas dejando al descubierto dos pechos preciosos cubiertos por un sostén minúsculo. Estaba ligeramente bronceada y eso la hacia, si cabía más atractiva. Termino de bajarse el vestido hasta los tobillos y con un pequeño paso se deshizo de él. Tenía ante él a una verdadera diosa. Su propio cuerpo empezó a reaccionar ante tal imagen.
Ella se arrodillo en la cama, a los pies de él y comenzó a frotar la palma de su mano contra su sexo, todavía escondido debajo del pantalón, pero con una actitud ya de querer salir. Lo hacía con movimientos lentos y firmes. Sus dedos fueron hacia los botones del pantalón y lo desabrocharon. Él le facilitó la faena subiendo las caderas para que ella pudiera bajarlos. Su pene salió pendulante como los gusanos de muelles que salen de algunos artículos de broma. Ella lo miró fijamente. Posó la palma de la mano y lo abarcó con un gesto lento. Empezó a subir y a bajar con cuidado. Disfrutaba de cada milímetro de movimiento que hacía. Él le miraba la cara pero ella estaba ausente. Concentrada en lo que tenía entre manos. Con la polla completamente dura en su mano, ella desplegó el pulgar hacia arriba y escupió en él. Con aquel dedo húmedo empezó a acariciar en círculos la zona de su glande que se juntaba en la punta. Allí tenía todas las terminaciones nerviosas que le hacían falta para poder llegar a un orgasmo si seguía así. Siguió haciendo círculos con su dedo y con su otra mano comenzó a masajearle los testículos. Estaba excitadísimo. Desde el espejo de detrás podía ver con claridad un hermoso culo, solo adornado con un tanga cuyas conjunciones no eran más gruesas que un hilo de pescar.
Ella seguía masajeando su pene. Nunca, una mujer lo había tocado así. En un determinado momento ella inclinó su cabeza y le beso la punta, húmeda, a esas alturas por sus propios flujos. Le daba besos cortos. Y con cada uno aumentaba el tiempo de contacto de sus labios con la piel de su pene. Por fin, abrió la boca y empezó a chupar la punta. Pero solo eso. No hacía como otras mujeres, que se la metían toda en la boca como si fuera algo que les fueran a quitar. Ella se lo tomaba con calma. Pequeñísimos movimientos de cabeza para acompañar la succión de esa parte de su anatomía. Su pelo largo empezaba a enredarse en sus caderas.
Al cabo de estar unos minutos así, se retiro el pelo con una mano, ladeo la cabeza y entonces sí. Introdujo, en toda su longitud, toda la verga en su boca, haciendo que con cada movimiento, la punta chocara con el interior de su mejilla abultándola. Iba subiendo el ritmo de forma gradual, y en una ocasión el noto que su miembro empezaba a inflamarse a punto ya de eyacular. Ella lo percibió y bajo el ritmo. Usaba aquella técnica con frecuencia.
El hizo el intento de darle placer, pero ella, con un gesto le indicó que no. Que él era el invitado y que ella le daría placer. En cada gesto que hacía esa premisa estaba clara.
Se levantó de la cama y se dirigió a su bolso de donde extrajo un bote de forma cilíndrica. Con ella de pié pudo observar de forma clara lo escultural de aquel cuerpo. No paraba de pensar que en unos minutos estaría poseyéndola como un loco. Y lo deseaba a toda costa. Ya no se acordaba de su mujer, ni de su casa, ni de su trabajo…absolutamente todos sus pensamientos estaban concentrados en su entrepierna.
Ella, con una mano alzó el bote, ya destapado y vertió una generosa cantidad de líquido en la otra. Luego se lo aplicó por todo su miembro, testículos y caderas. El notó un calor inmediato que le éxito todavía más en las zonas donde había aplicado aquella crema. Notaba la piel de su polla estirada al máximo. Volvió a verter ese liquido de nuevo en la mano como anteriormente, pero esta vez, tiro e bote al otro lado de la habitación, y con esa misma mano se retiro la parte del tanga que tapaba su trasero y empezó a embadurnarse sus nalgas hasta quedar totalmente brillantes por aquel aceite.
Poso su culo encima de la polla de el, dándole la espalda y empezó a mover las caderas de delante hacia atrás. Él levantó la cabeza y pudo ver como, su polla, encajada entre sus nalgas húmedas aparecía y desaparecía en ese glorioso culo con cada movimiento. De nuevo estaba a punto de correrse. Ella, al notar que la verga se hinchaba entre sus nalgas, bajo de nuevo el ritmo. Aquello lo iba a matar de placer. Levantó un poco las caderas y deslizando una mano hacia detrás ella dirigió su polla desde la base hasta la entrada de su culo, por donde entro como si de un guante se tratara. Entonces comenzó la fiesta de verdad. Sus caderas se movían de forma enérgica y poderosa. Él todavía sorprendido por la facilidad con la que la había penetrado analmente empezó a acompañar aquellos movimientos. Ella empezó a gritar de placer. Eso le volvió loco. Sin pensarlo más lanzó una de sus manos hacia el sexo de la chica. Quería tocarla mientras la penetraba. Quería tocarle los pechos, el clítoris, al abdomen. Su mano derecha bajó a la costura del tanga todavía puesto por delante, aunque parcialmente retirado por detrás. Tenía que darse prisa porque aquellos movimientos de cadera que le estaba haciendo lo harían correrse de inmediato. Introdujo la mano por dentro del tanga y quedó paralizado.
Su cerebro tardó unos segundos en asimilar la información que su mano derecha le estaba mandando. Estaba duro y era del tamaño de un dedo índice auque más gordo. Estaba muy húmedo. Estaba tocando una polla, como la de él, pero con los efectos colaterales que provocan la hormonacion. Su primer impulso fue retirar la mano como si aquello quemara. Pero la mano de ella se poso en la suya propia. Se giró hacia él mirándolo a la cara y le dijo con cara de pura lascivia: “Dale cariño….dale fuerte….” Y empezó a mover las caderas a un ritmo imposible. Él sin pensar mucho en lo que hacía empezó a mover aquel mini pene arriba y abajo con rapidez, ya alguna torpeza, pero lo que estaba sintiendo en el suyo propio hizo que perdiera el control. Notó que todas las terminaciones nerviosas se concentraban en la parte de su entrepierna y se concentró para no eyacular. Tenía la estúpida idea de que no eyacular podía rectificar toda aquella historia, pero ella, desde allí arriba realizó dos golpes certeros de cadera y el descargó absolutamente todo lo que llevaba, dentro de su culo. En el momento en que notaba los primeros disparos de él dentro de ella, sobre la mano que aguantaba el minipene empezó a caerle un liquido caliente encima de sus dedos. Ella gritaba de puro placer….
Se quedó tumbado en la cama. Con la mirada perdida. Todavía tenía restos de semen en sus dedos. Ella ya se había marchado sin dejar de decirle que le había encantado. El no le contestó, pues estaba todavía pensando en las implicaciones de todo aquello. Ella no se lo tomó en cuenta y, después de vestirse, se despidió de él con un beso en la boca. No podía creer lo que había ocurrido en aquella habitación. Y tampoco podía creer que a él, también le hubiese encantado…
- flakos76
- Recién llegad@

- Mensajes: 8
- Registrado: Jue Ene 07, 2010 18:15
Re: Final Feliz
Desde luego, el relato no puede ser más realista, cargado de detalles y bien relatado. Realmente se puede sentir la situación y la posterior sorpresa que, fuera de todo lo esperado, elimina parte de la excitación de la escena, pero no toda. Gracias por el aporte, realmente bueno, sin duda

-

caronte - Pluma de bronce

- Mensajes: 2193
- Registrado: Sab Mar 29, 2008 15:07
Re: Final Feliz
caronte escribió:Y pensar que lo que aquí se cuenta es cierto...Se pueden ver hombres que parecen verdaderas mujeres salvo por dos cosas: la entrepierna y una mirada muy muy uy exhaustiva a los rasgos de la cara, donde se pueden intuir facciones masculinas. Pero vaya, que si uno se despista puede pasar perfectamente.
Desde luego, el relato no puede ser más realista, cargado de detalles y bien relatado. Realmente se puede sentir la situación y la posterior sorpresa que, fuera de todo lo esperado, elimina parte de la excitación de la escena, pero no toda. Gracias por el aporte, realmente bueno, sin dudaUn saludo
Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo y comentarlo. Te dire que el relato esta basado en la supuesta experiencia real del amigo de un amigo de mi amigo....yo sólo lo adorné para contarlo.
De nuevo, gracias por pasar....
- flakos76
- Recién llegad@

- Mensajes: 8
- Registrado: Jue Ene 07, 2010 18:15
Re: Final Feliz
- ELORADANA
- Entendid@

- Mensajes: 271
- Registrado: Sab Jul 25, 2009 18:32
- ¿Qué libro estás leyendo ahora?: Ninguno
¿Quién está conectado?
Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 13 invitados
