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El payaso de trapo
Moderadores: Yolanda, Colaboradores
El payaso de trapo
en aparecer. Un saludo.
El payaso de trapo
Siempre me diste miedo, siempre. Fuiste testigo de mis noches de gélido insomnio bajo las sábanas, de mi incapacidad para extender mi brazo más allá de las seguras fronteras de mi cama y encender la luz. Por ti contenía la respiración hasta que una punzada de dolor traspasaba mis costillas, agudizaba al máximo mis sentidos a la espera de un crujido, un roce, cualquier indicio que anunciara el inevitable desenlace final que luego nunca se producía.
Siempre me diste miedo y, mientras yo me encogía envuelta en el edredón aún cuando el calor era insoportable, tú te reías de mí, por eso te odiaba. Me observabas implacable a la luz de la luna, con tus brillantes ojos negros, con esa sonrisa burlona que me aterraba dibujada en tu rostro espectral hasta la llegada del amanecer. Entonces la claridad se escurría salvadora a través de las persianas, las sombras se diluían y la pesadilla se transformaba en un sueño pesado, de oscura calma.
Nunca dije ni una palabra del miedo que me inspirabas, no sé por qué razón. Si yo lo hubiera pedido te habrían desterrado de mi dormitorio para siempre, pude descolgarte de la pared, condenarte a cadena perpetua en un armario o a muerte, arrojándote a la basura. Sin embargo el pánico nocturno era olvidado durante el día, como si te camuflaras tras los rayos del sol. Ni siquiera reparaba en tu presencia entonces pero tú permanecías allí, siempre al acecho, inmóvil, clavado en el rincón, agazapado tras la puerta esperando tu hora, esperando el atardecer…
Hace ya muchos años de aquello, lustros que no pensaba en ti ni en aquellos momentos de mi infancia que compartimos, pero hoy has entrado de nuevo en mi vida. Llegué temprano a casa de mi madre, aún quedan muchos recuerdos allí por trasladar a mi nuevo hogar. Recogí las cajas embaladas, revisé los armarios… En el último momento algo me incitó a subir al trastero. Quizás allí me hubiera dejado algo olvidado que quisiera conservar. Arrastré la escalera hasta el altillo, trepé venciendo el vértigo y corrí las puertas: Muebles viejos, baúles llenos de antiguos libros y al fondo de un arcón, entre ropas deslucidas y olor a naftalina… el corazón me dio un vuelco al chocar de nuevo con tu sonrisa. Te desenterré estornudando a causa el polvo, ¡eres mucho más pequeño de lo que yo te recordaba! Tu melena de fuego no era ya más que un puñado de lana roja deshilachada; aquellos ojos negros de mirada maligna, dos botones viejos a punto de caer por el peso de los años; tu rostro ya no era blanco sino gris, surcado por una fina red de arrugas; el altivo sombrero de copa ha perdido su relleno por una de las costuras y cae triste sobre tus patas de alambre igual que la pajarita, deshecha y sucia. Tu estado era lamentable, nada que ver con aquella vieja imagen que yo conservaba de ti en el apartado de recuerdos infantiles, ni el rastro quedaba de aquel ser diabólico de mis pesadillas…
Y viéndote así me pregunto ¿qué habrá pasado por tu cabeza de trapo hoy, al reencontrarte conmigo? ¿Fue tu sorpresa proporcional a la mía? Quizás desde tus pupilas opacas has adivinado en mí a aquella niña que te gustaba atormentar por las noches y te has espantado como yo, al comprobar cómo el paso del tiempo nos ha destruido en cierto modo a los dos, porque ninguno somos ya en esencia lo que fuimos para el otro.
Es por eso que al llegar a mi casa te he lavado, volví a su sitio los ojillos burlones con el cuidado de una experta cirujana; he anudado tu pajarita; enderezado tu sombrero, y te he devuelto tras tantos años de oscuridad en el viejo arcón a tu antiguo puesto. Esta noche vuelves a colgar del rincón tras la puerta del dormitorio y sonriente, me vigilas de nuevo con gesto amenazador, como un niño que quiere asustar a su madre, mientras yo me escondo bajo las sábanas. Sin embargo aunque pareciera que todo volvió a su lugar, los dos sabemos mientras interpretamos nuestros antiguos papeles que todo ha cambiado.
Ya nunca será igual porque esta noche, a la luz de la misma luna de ayer, tú ya no me haces temblar de miedo, el nudo de mi garganta ya no se debe al pánico, sino a la nostalgia…
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Tenebra - Entendid@

- Mensajes: 233
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 17:09
Ya estoy esperando tu siguiente relato.

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Yolanda - Administrador/a

- Mensajes: 3088
- Registrado: Mié Abr 18, 2007 09:23
- ¿Qué libro estás leyendo ahora?: El mundo es ansí de Pío Baroja
- Último libro leido: Cien años de soledad
- Libro preferido: Pedro Páramo
El final es precioso pero hay muchas otras cosas rescatables.
Y viéndote así me pregunto ¿qué habrá pasado por tu cabeza de trapo hoy, al reencontrarte conmigo? ¿Fue tu sorpresa proporcional a la mía?
Muy interesante... quizás en parte te redimiste y en ese momento le devolviste una pequeña dosis del miedo que él te habia dado a ti
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Simkin - Pluma de plata

- Mensajes: 3155
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 03:55
- Ubicación: Debajo de tu cama
Simkin escribió:Muy interesante... quizás en parte te redimiste y en ese momento le devolviste una pequeña dosis del miedo que él te habia dado a ti
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Tenebra - Entendid@

- Mensajes: 233
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 17:09
por esa niña que de vida en vida reencuentro,
la durmiente sin sueño,
la guía del fin −¡oh mi muerte!”
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Alejandro_Lattapier - Sabi@

- Mensajes: 348
- Registrado: Vie Ago 24, 2007 00:05
- Ubicación: En el inmaculado reino del desencanto.
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Irulan - Especialista

- Mensajes: 1280
- Registrado: Lun Ago 20, 2007 15:09
- Ubicación: en bicicleta
Me acuerdo que también le temía a los payasos de ese modo y la historia me hizo traer a la memoría esos temores y temblores desesperados por rehuir la mirada o escapar de aquel ser diabólico que pensaba que era el sujeto.
Me gustó la historia.
- malem
- De la familia

- Mensajes: 62
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 20:18
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Simkin - Pluma de plata

- Mensajes: 3155
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 03:55
- Ubicación: Debajo de tu cama
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Tenebra - Entendid@

- Mensajes: 233
- Registrado: Dom Jul 01, 2007 17:09
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