Mesai esta leyendo Criadas y señoras, Kathryn Stockett  

             
  Últimos temas
Certamen microrrelatos para blogger...

Puede que este certamen de microrrelatos para bloggers le interese a alguien. Aquí podéis las bases del concurso: http://www.ven...


MORRIÑA 2...

O que eu sinto, meniña, nace no chan do labrego, uns chámanlle morriña, outros o mal do galego. Galego sou, cidadan do mundo, Galego sou,...


MORRIÑA...

O que eu sinto, meniña, nace no chan do labrego, uns chámanlle morriña, outros o mal do galego. Galego sou, cidadan do mundo, Galego sou,...


Juegos De Autobús...

Aquí va mi pequeño homenaje a mi medio de transporte favorito, donde a pesar del pequeño espacio habita una fauna muy entrañable... ...


  Últimos post
Re: Todos a la mesa...

Venga, a sentarse todo el que quiera. Para hacer amistades necesitaríamos tener nuestro rinconcito más personal, y nada, he abierto este....


Re: Una lágrima por ti....

Espero que os guste y envío enlace. http://www.lavozdegalicia.es/noticia/co ... C12991.htm...


Re: Si eres nuevo...

Si eres nuevo en un sitio, te sientes desubicado y triste. Yo sé de esa sensación, criminal en el ensañamiento de la soledad. Si es usted...


Re: ¿qué libro estais leyendo ahora?...

Estoy acabando de leer "Pepita Jimenez" novela epistolar de Juan Valera, escritor de Cabra, un pueblo de Córdoba. Cuando termine ...


  Lo más comentado
¿Qué estáis escuchando en este momento?...

Yo estoy escuchando "The Fairy Queen" de Henry Purcell para un examen que tengo en Septiembre ...


LISTA NEGRA...

LISTA NEGRA: En este apartado sólo caben nuestras tristezas, las historias horribles que vemos por televisión, el agregado nost...


LISTA BLANCA...

LISTA BLANCA: En ella cada uno contará experiencias dignas de la pureza, la alegría, el bien, el amor, la exaltación pura y su...


¿qué libro estais leyendo ahora?...

Estoy acabando de leer "Pepita Jimenez" novela epistolar de Juan Valera, escritor de Cabra, un pueblo de Córdoba. Cuando termine ...


 
             

El antro

¿Os apetece? consiste en escribir la continuación de lo que el anterior haya dejado escrito, respetando siempre al anterior.

Moderadores: Yolanda, Colaboradores

El antro

Notapor jenaro el Lun Oct 26, 2009 20:18

El antro colaborativa
La noche es fría, más fría y oscura que nunca... Mi cabeza junto al
bordillo de la acera yace en medio de un gran charco de sangre; la sangre que brota sin
cesar de la herida abierta en la frente y que baja a borbotones por encima de los ojos, la
nariz y los labios hinchados, en apariencia mordidos, hasta llegar al asfalto.
La escena estaba clara, salí del bar a trompicones, esta noche me pusieron los Larios
con Coca Cola más cargados que nunca y ya llevaba algunos... Había tropezado
golpeándome contra el bordillo, abriéndome la cabeza y mordiéndome el
labio en ese momento. Perfecto, tan perfecto como sólo lo puede preparar un asesino
profesional o alguien relacionado muy estrechamente con el mundo del crimen.
No puedo moverme y siento como la vida se me va como en sueños, como si todo fuera
irreal, mientras siento pasar el tiempo como a cámara lenta y vienen a mi las
últimas escenas vividas. Esta noche había llegado poco después que yo
el gitano, aquel gitano tan simpático y animado que a veces toca la guitarra y canta,
aquel gitano que otras veces cuenta entre copa y copa a su amigo el inspector de
Inmigración y al dueño del local como en Galicia se pueden conseguir caballos
salvajes de balde. El mismo que se dedica a alegrar la vida de las chicas pasándoles
su ración del día en cuanto algún cliente suelta algo de “pasta”.
Había llegado, me había visto, se iba y volvía al poco con otro gitano
más mayor y alto y con cara de sepulturero.
Había notado algunas cosas, el gitano había hecho un gesto a la encargada del
local y esta me sirvió la copa mucho más cargada de lo habitual, le
había intentado dar algo de propina pero ella no se paró a cogerla y se fue
rápidamente como huyendo. Otra chica joven, que no trabaja en el bar, pero que baja a
él a veces y no a trabajar había estado discutiendo con otra con la que a
veces habló mientras me miraba con cara de sentencia. Y seguidamente se fue y
empezó la provocación premeditada.
¡Este sitio es sólo para hombres! –Dijo el gitano dirigiéndose a
mí.
Yo por lo visto no lo era, puesto que no invitaba a copas a las chicas ni hacia otras cosas
más que las propias de un bar musical.
A lo que simplemente respondí con un extrañado ¿pero tú que
estás diciendo?.
Él contestó - ¿Queeé?
Y antes de ni siquiera levantar la vista ya tenía el canto del asiento de un taburete
de hierro clavado en la frente y mientras caía por el impacto veía como el
gitano con cara de sepulturero me marcaba los labios por dentro poniendo en puño en
un modo de karate y con una precisión quirúrgica.
Noto la noche cada vez más oscura y fría. Mi mente aturdida no encuentra un
porqué. Cada vez siento más sueño...

Todo había empezado hacía unos meses. En la noche una luz iluminaba la
claustrofóbica puerta metálica. Tras de ella a modo de garganta se encontraba
un corto y hermético pasillo franqueado por esta y la que abría paso a la sala
de la barra. La media luz de tonos rojos, la densidad del humo de la estancia y las copas de
alcohol en la sangre, hacían que sintiera el momento como en sueños. En la
pared, por detrás de la barra, había unos cuadros con dos chicas con sus
cuerpos desnudos en posición morbosa y con una mirada penetrante, que a mí que
no soy creyente, me hicieron sentir una presencia diabólica.

En la sala las caras y manos arrugadas de los viejos sobre los muslos de las jóvenes
de cara pálida parecían apariciones fantasmagóricas, a la vez que la
música de máquina competía con el griterío a modo de banda
sonora. El corazón me latía mucho más deprisa de lo habitual y las
copas apenas si podían rebajar el dolor que trataba de mitigar con estas. No deseaba
compañía, sólo un lugar perdido sin miradas conocidas, donde proseguir
la borrachera. Pero allí estaba ella. Aquella chica de sonrisa amable y palabras
comprensivas que no tardó en desenvainar su lengua buscadora. Más manos
arrugadas sobre las visibles bragas rojas.

Otra puerta metálica, una estancia estrecha, sin agua, sin cama. Sobre las cajas de
cerveza almacenadas un pequeño edredón de color amarfilado para poner una vez
tras otra a modo de esta. Mientras la chica lo extendía en el suelo una cucaracha
negra salió de un rincón y cruzó el apenas un metro libre que
había para ello. Me contó que antes tenían un sofá y un
bidé, pero que como el local sólo tenia licencia de bar musical se los
habían hecho quitar al dueño como garantía de que allí no se
ejercieran actividades no autorizadas. Ahora lo seguían haciendo, pero sin la
más mínima condición sanitaria.

Al amanecer siguiente desperté con una profunda jaqueca y tuve que hacer un gran
esfuerzo para poder realizar pasablemente mis labores diarias. Apenas podía recordar
cómo volví a casa ni lo que había podido llegar a hacer. Un
estremecimiento de preocupación recorrió mi espalda. Necesitaba volver a ver a
aquella chica, saber más de ella, por qué estaba allí. Hasta donde
había llegado yo y con quién.

Anocheció de nuevo y otra vez crucé las puertas metálicas de color
gris. Ella no estaba en la barra. Se me acercó otra chica rubia, colombiana. Le
pregunté por ella. Apenas comenzamos a hablar y de pronto se oyeron gritos de susto
de varias chicas, incluidos los de la que estaba conmigo. Acompañados por el
dueño del local acababan de entrar cuatro agentes de paisano y ellas eran “sin
papeles”. El dueño se dirigió precisamente a la que estaba hablando conmigo y
le ordenó que se tomara una copa con uno de ellos. Por supuesto de balde. Notaba a la
chica bastante violentada cuando se acercó él. Y también en ese momento
que estaba con ella y la manoseaba. La chica de vez en cuando cruzaba la mirada conmigo.
Así que yendo algo cargadillo como iba, no me reprimí y desde el taburete en
que estaba, apoyado contra una columna y con los pies en la pared de la barra, alcé
la voz en toco jocoso
-¡Que me estoy dando cuenta de todo!.
El tipo me lanzó una mirada asesina y me increpó en tono chulesco y
amenazante
- ¿Qué, es tu novia?.
Le respondí mirándole a los ojos
- Pues no, de momento no, pero podría serlo.
Me temía lo peor, pero después de mirar al dueño se contuvo y
dejó de molestar a la chica, diciéndome extrañamente y como si me
conociera
- No, si tú eres el que mejor me caes de aquí. Y no como toda esta gentuza.
Señalando tanto al resto de clientes como a las chicas.
Yo no entendía nada. Nunca llegué a saber por qué exactamente aquellas
chicas se violentaron tanto con la presencia de aquellos sujetos. ya que cuando se fueron y
se lo pregunté no me quiso responder. Me dijo que eran cosas que no se podían
decir. Aquella noche no pude ver a la chica por la que había ido.
Al salir de aquel “bar musical” encaminé mis pasos tambaleantes hacia casa por
aquella calle tan poco iluminada de casitas unifamiliares. De pronto se produjo un
ensordecedor ruido de sirenas y una caravana de coches policiales de varios tipos pasaron a
toda velocidad por mi lado deslumbrándome con sus destellos azules. Se pararon a la
altura del bar y yo me los quedé mirando desde el final de la calle. Transcurridos
unos segundos volvieron a sonar las sirenas de forma atronadora y vinieron hacia mí
los coches, de nuevo a toda velocidad y marcha atrás. Por supuesto no se me
ocurrió moverme y me los quedé mirando mientras se acercaban (a saber lo que
hubiera ocurrido si lo hubiera hecho). Se bajaron varios agentes apresuradamente y de forma
excitada me gritaron
- ¡A ver, la documentación!
- Les respondí
- ¿Es que tengo cara de chorizo?
A lo que contestaron
- ¡Los chorizos no tienen cara!
Saqué mi documentación y después de retenerme un buen rato mientras la
comprobaban, al no encontrar nada raro, pasaron a interrogarme señalando hacia la
pared de enfrente justo delante de donde estaba
- ¿Qué hace Ud. en esta calle?. A saltado una alarma y un vecino nos ha
llamado por teléfono diciéndonos que ha visto a alguien saltando por ese muro.
Les dije la verdad indicándoles que acababa de salir del bar y que podían
comprobarlo.
Finalmente me dejaron marchar diciéndome en tono imperativo que me fuera a casa.
¿Casualidad?. Nunca lo sabré.
jenaro
Recién llegad@
Recién llegad@
 
Mensajes: 6
Registrado: Dom Oct 25, 2009 23:37

Volver a Relato encadenado

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

Foro de literatura Foro de RINCÓN DEL ESCRITOR Foro de Relatos Foro de Relato encadenado