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EN EL AEROPUERTO

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EN EL AEROPUERTO

Notapor flakos76 el Mié Mar 10, 2010 18:34

Esperar en un aeropuerto puede ser algo capaz de sacar de sus casillas a cualquiera. Debes estar allí tres horas antes para poder facturar el equipaje y, hasta que sale el vuelo, estar matando el tiempo por allí como puedas. Si además, vas solo, como era mi caso, ese trámite se complica. Los minutos parecen horas.
En aquella ocasión me encontraba esperando un vuelo que me llevara a Milán, por asuntos de trabajo. Había planificado el viaje de forma que pudiera tener tiempo de ir al hotel a descansar antes de hacer aquello para lo que viajaba. Mi trabajo me exige ir con traje en la mayoría de las ocasiones y esa era una de ellas. Pero éste estaba viajando por alguna cinta transportadora en las profundidades del sistema de distribución de equipajes de aquel aeropuerto y durante la espera a la subida al avión iba con unos vaqueros, unas deportivas y una camiseta. Me acompañaba también una bolsa de mano de piel vieja, que mi cabeza me decía que debía de tirar pero que mi corazón insistía que debía conservar. Casi siempre me gana la parte derecha de mi cerebro cuando tengo que tomar alguna decisión.
Existen varias situaciones, en las inevitablemente, nos hemos encontrado todos en esta vida y que suponen hacer colas o esperar a algo. Un día leí un artículo que decía que un ser humano pasaba una cantidad de tiempo exagerado de su vida haciendo colas o esperando. Y todos actuamos de la misma forma. Realizamos acciones que nos permitan percibir que pasa el tiempo más rápido: jugamos con las llaves, miramos el móvil y mandamos algún mensaje sin mucho sentido, leemos todos los carteles que adornan la sala donde nos encontramos, si tenemos alguna revista o periódico la leemos posiblemente más de una vez, salimos a fumar (el que este enganchado a ese vicio infernal), y cuando se nos han acabado todas las posibilidades nos dedicamos a OBSERVAR. Miramos a la gente que esta esperando con nosotros, la analizamos, imaginamos a que se dedican o porqué están allí. Es la fase de reconocimiento.

Yo me encontraba en esa fase. Ya había agotado todas las demás posibilidades y eso que, sabiendo que la espera iba a ser larga me había aprovisionado con varias revistas. Entre ellas había tenido la genial idea de seleccionar una que estaba dirigida al público masculino, y que contenía todo aquello que se supone que nos interesa a los hombres: doscientas paginas de mujeres, deportes, mujeres, música, mujeres, cine de acción, mujeres, coches, mujeres, motos y más mujeres….esa era una de las que no había tenido que leer dos veces, porque me había provocado una subida en mis niveles de excitación nada adecuada para el lugar y el momento en el que me encontraba.

Después de leerla y para bajar esa sensación empecé a observar a la gente que, conmigo esperaba coger el avión. Una familia compuesta de cuatro miembros, los niños incansables, dando vueltas y más vueltas a la terminal mientras sus padres se miran con cara de agotamiento y resignación. Un grupo de personas mayores, decididas a pasar una semana en Italia por 200 €, todo incluido, y que parecen tener más energía que los propios niños que tan atormentados tienen a sus padres. Muchas personas que viajan solas, aunque eso lo veo normal, es un día entre semana y lo normal es que la gente que esta allí este por los mismo motivos que yo.

Entre todos hay una persona que me llama la atención y que me hace recordar la revista que acabo de leer. Es una mujer alta, de unos 27 años y morena con el pelo largo, muy guapa, labios muy rojos, tez de una blancura que manifiesta buena salud, va vestida con un traje de chaqueta y una falda que deja ver unas piernas largas y muy bonitas. Las tiene cruzadas, como solo las mujeres con clase saben hacerlo cuando se sientan. Lee un periódico con semblante serio y unas gafas de sol que impiden que le vea los ojos, que ya imagino azules o grises. Su visión me impacta. Me quedo mirándola con un descaro insultante, analizo todo lo que veo de ella, el escote de su camisa me deja intuir un pecho generoso, pero no exagerado, espalda erguida, sus dedos largos cogiendo el periódico, adornados por una alianza de oro blanco y amarillo, manicura cuidadísima….me es imposible no estar en todos los detalles y siento el impulso de levantarme a decirle algo, pero sé que sería un suicidio, porque en conjunto, su postura y su actitud es de una persona que no quiere ser molestaba….cualquier hombre vendería su alma al diablo por conseguir a una mujer como ella…y no sabía como era, pero su sola visión me hacia pensar que si me decía VEN, yo lo dejaría todo sin pensármelo ni un segundo….

La terminal se empieza a llenar con los últimos rezagados. Yo sigo sentado donde lo he estado siempre. Sigo observando. La mujer esta sentada en la fila de asientos que tengo en frente, unas cinco o seis butacas a mi izquierda. Sigue leyendo el periódico. Los segundos siguen pareciendo horas. Todavía falta una hora y media para que llegue mi avión y me llamen a embarque. Localizo a un valiente que se siente justo en frente de la chica e inicia un intento de acercamiento. Lleva un traje caro, el pelo engominado hacia detrás y lo acompaña un maletín que deja a sus pies. La chica responde a la tentativa con educación, pero su respuesta, sin entender lo que le dice, ha sido demasiado corta como para que el chico siga con ánimo de continuar. Cuando veo que él se acomoda en el asiento y abre una revista entiendo que el disparo no acertó en la diana.

Ella, recibe una llamada al móvil. No logro entender lo que dice pero oigo su tono de voz y eso hace que la desee un poco más. Mi actitud al mirarla no es nada cortés, pero es algo que me importa poco. Allí no me conoce nadie, y en hora y media estaré a mil kilómetros. Mientras habla con el móvil noto que gira un poco la cabeza y me mira. En un alarde de seguridad yo le mantengo la mirada y ella después de unos segundos vuelve a girarse mientras sigue hablando.

Siguen pasando los minutos. Decido ir a tomar un refresco y moverme un poco. Mi trasero esta casi dormido de estar tanto tiempo sentado. La verdad es que me viene bien levantarme, porque noto un cosquilleo en las piernas que me avisan de que la sangre vuelve a circular por allí. A mi vuelta, la mujer ha desaparecido. Se me va la única distracción que tenía para aguantar la espera. Vuelvo a leer otra revista.


Quedan cuarenta y cinco minutos para que llegue el avión y el refresco que me tome empieza a hacer su efecto. Necesito ir al baño. Me levanto y sigo las indicaciones que hay en el aeropuerto que me señalan donde esta. Después de entrar por un pasillo hay dos puertas a cada lado que indican la entrada a los servicios. Izquierda: mujeres; derecha: hombres. Lanzo mi brazo hacia la derecha para abrir la puerta del baño de los hombres cuando reparo en un folio pegado en la pared y escrito a mano: FUERA DE SERVICIO (DISCULPEN LAS MOLESTIAS). “Joder, que buena suerte…)

Después de un momento de vacilación decido que para un momento no pasa nada y me meto en el baño de las mujeres. Este se me presenta en el lado derecho con lavabos y espejos. La parte izquierda la ocupan varios excusados divididos entre si para proporcionar más intimidad. Dado que mi estancia en ese lugar es furtiva y que en los baños de mujeres no hay el instrumental específico que tenemos en el de los hombres y que es el único instrumento capaz de poner a varios hombres de cara a la pared, me meto en un excusado y cierro con llave. En ese momento me parece oír unos pasos. “lo que me faltaba, para treinta segundos que voy a tardar, entro justo en el momento en que entra alguien….a ver que le digo ahora….” Después de utilizar la cisterna, quito el pestillo y abro la puerta lo justo para ver si hay alguien. La puerta se separa de su marco solo unos centímetros.

Me sobran para ver a la mujer que tenia en frente de mi sentada. La veo sin la chaqueta. Con un brazo apoyado en el mármol de los lavabos, el otro brazo lo utiliza para repasar el maquillaje. Se encuentra inclinada hacia delante. Me hace ver que la falda del traje es lo suficientemente corta como para que no tenga que imaginar sus muslos. Son perfectos. Las gafas de sol descansan sobre el mármol. Sus ojos son grises.

Me siento un poco imbécil, pero sin valor para salir y tener que darle a ELLA, las explicaciones de porque estoy ahí. Así que me quedo donde estoy, pero sin dejar de observar. Ella se cree sola dentro del baño. Después de retocarse la cara, veo que se separa un poco del lavabo y empieza a desabrocharse la camisa, desde abajo. Le veo un abdomen liso y blanco. Sigue quitándose botones. Descubre un sujetador de tirantes muy finos, blanco y rojo, que potencian la belleza de sus pechos.

Me doy cuenta de que empiezo a tener una erección que no puedo controlar. La imagen me esta volviendo loco. Hasta se me ocurre pensar en hacerle caso a lo que me pide mi entrepierna aunque sea con la mano. Sigo mirando.

Ella se mira al espejo, con la camisa desabrochada y la falda un poco subida. Como si quisiera ponerse cómoda. Coloca los aros de su sostén en el sitio correcto. Ese movimiento hace que yo sea más consciente de cómo son sus pechos. Y la visión no le hace ningún bien a mi erección, que ha decidido definitivamente quedarse así. Mi mano, casi sin darme cuenta va hacia mi sexo, como queriendo controlar aquello, pero lo único que hago es excitarme más y me sorprendo con el pantalón medio bajado y mi sexo en mi mano. Empiezo a mover….muy despacio. Llegue a la línea de no retorno.

Ella se inclina para colocarse bien las medias y me queda toda la panorámica de su grupa. Me regala unas imágenes increíbles. Cuando vuelve a incorporarse se queda mirando al espejo y yo, de pronto me quedo paralizado.

Veo que, a través de él me está mirando. Y yo la miro a ella en el reflejo que me da el espejo. No se gira, no grita, su rostro no cambia. Sigue mirándome unos segundos más. Después vuelve a observarse a ella misma. Yo no se lo que hacer, me ha visto seguro. Sabe que la estoy mirando espiando por la rendija que me deja una puerta casi cerrada. Pero no me atrevo a salir….si llevo la polla fuera, cojones!!

A la que me doy cuenta, ella ha bajado una copa del sostén, la tiene encajada justo debajo del pecho y veo por el espejo como éste sube hacia arriba con respecto al otro que continua tapado. Me enseña un pezón grande y rosado. Se lleva una mano a la boca para lamer un dedo y pasarlo, húmedo, por la aureola, haciendo pequeños círculos…su cabeza esta inclinada hacia abajo mirando con atención como su pezón empieza a ponerse duro. Yo estoy paralizado detrás de la puerta, todavía con mi pene entre mi mano y sin saber que hacer, mirando aquello atónito.

Ella cubre con su mano todo el pecho y lo mueve en círculos más amplios, aprentandolo con fuerza. Levanta la cabeza y me mira desde el espejo, me mira a mí directamente mientras descubre su otro pecho. El sostén le queda por debajo, a la altura del abdomen. Sabe que la miro. Y disfruta con ello. Y yo no se jugar a esto. Y ella lo sabe, por eso sigue para vapulearme.

Inclina su cuerpo hacia delante, su trasero queda en mi primera plana, a través del espejo veo su cabeza inclinada y sus pechos pendientes. Su mano se dirige hacia sus muslos y se desliza debajo de su falda medio subida, busca su sexo. Con un movimiento hacia arriba hace que su antebrazo levante del todo la falda y vea que un tanga minúsculo la cubre, lo retira con un meñique experto y empieza a acariciarse. Los dedos entre los labios, deslizándose suave y lentamente por su clítoris. Desde mi posición veo su humedad. Se introduce un dedo, y sigue jugando. Sigue dándome una paliza. Desde el espejo veo que su cara a cambiado. Es una cara de placer.

Me vuelvo loco, pierdo la partida, los papeles por el aire. No pienso. Y por eso abro la puerta, con mi polla todavía cogida con una mano, los pantalones medio bajados, me arrodillo detrás de ella y sumerjo mi cara entre sus nalgas. Una mano en un glúteo, la otra en el otro. Abro. Y empiezo a repasar con mis labios, los suyos…con mi lengua queriendo entrar. Empujo con fuerza. Y noto que esta a punto de desequilibrarse, pero apoya las manos en el borde del lavabo y me ofrece su trasero para que termine con él. Y eso hago, ciego de deseo. Mi boca esta empapada, ella esta empapada. Y con cada lametón ella me acompaña moviendo las caderas hacia mi cara.

Introduzco un dedo en ella, entra como la seda. Con el otro tanteo la puerta de atrás. También esta húmeda. Y entra también. Mis dedos en forma de uve, entran y salen. Y ella los acompaña, baila con ellos.


Puede entrar alguien en cualquier momento, pero eso es algo en lo que no pienso. Estoy preparado para llegar hasta el final. Me levanto y coloco una de mis manos en sus glúteos que a estas alturas esta muy mojado, con la otra mano dirijo mi pene para entrar. Es muy fácil, sin esfuerzo, empujo hasta empalarla…..mi vientre choca contra sus nalgas…el tanga medio retirado me hace cosquillas….ella tiene que adelantar los brazos apoyados por mis embestidas y sus pechos chocan contra el borde del lavabo. Esa imagen me enciende todavía más. Me mira desde el espejo. Su cara me desafía a darle más, y a darle más fuerte. Sus piernas se juntan para hacerme notar más el contacto. Sigo empujando cada vez con más fuerza….

Cuando estoy a punto de eyacular ella para en seco. Me hace salir de ella con suavidad y se gira. Con el sujetador subiéndole los pechos, con la falda medio subida, cambiando la imagen de fría ejecutiva del inicio a la de una mujer desesperada, se arrodilla para meter en su boca aquello que hace un momento le estaba haciendo disfrutar mientras miraba el espejo….y la introduce toda sin miramientos, con desesperación, utilizando una mano para dirigirla, y la otra para apretar mis testículos con cada sacudida. De nuevo estoy a punto de eyacular dentro de su boca y no pienso avisarle….

Pero mi polla avisa de que va a disparar con un bombeo previo….y cuando sale el primer disparo ella se retira. Pero antes de que salga el segundo disparo, vuelve a meterla en su boca y termino de disparar dentro de ella….con las manos apoyadas en el lavabo, exhausto…..ella se levanta, se inclina hacia el lavabo y se limpia. Todavía esta con la camisa desabrochada y los pechos apuntan hacia mi. Me mira con un gesto de absoluta parcialidad. Cuando empieza a abotonarse la camisa oigo unos golpes en la puerta de entrada de los baños acompañados por una voz masculina:

- ¡Cariño! ¿Te falta mucho?
Su contestación hace que oiga su voz por primera y última vez.
- No, salgo ya….

Se gira dándome la espalda y desaparece sin volver la vista atrás.
flakos76
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