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EL CUADRO

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EL CUADRO

Notapor flakos76 el Mar Ene 19, 2010 20:31

Este texto es una petición de una amiga que escribió un relato sobre una relación esporádica. Me pidió que hiciera, la escena más explícita yo, y esto es lo que me salió. Sólo publico esta parte del relato porque es lo mio. Para el resto tendría que pedir su consentimiento. Espero que guste al que se pase por aqui. Gracias





Ella admiró, desde atrás, el movimiento de su mano cuando hizo los gestos propios para abrir la puerta de su casa. Tenía unas manos delicadas, pero en los momentos, en que ella lo había podido comprobar, también habían sido firmes. Hasta la entrada a la casa les había acompañado un silencio lleno de expectación e incluso de anhelo. Y ese silencio, de alguna manera, formaba parte importante del escenario que estaba viviendo.

Él abrió la puerta de su casa y, después de presionar un interruptor, se hizo a un lado para permitirle el acceso. Un disparo de luz le permitió ver un pequeño recibidor que anticipaba un enorme salón gobernado por un sofá beige, que plantaba cara a una chimenea que bien habría podido pasar por real. A lo largo de las paredes de la estancia se alzaban grandes estanterías repletas de libros. Justo en la pared a la que aquel sofá le daba la espalda, un cuadro enorme del que no podía ver el contenido.

Se quedó quieta en al antesala de la estancia, con su abrigo descansando en sus brazos que tenía cruzados por delante. Él rompió el agradable silencio que les había acompañado durante gran parte del trayecto diciéndole casi en un susurro que se pusiera cómoda mientras desaparecía a otra estancia, secreta de momento para ella.

Sólo se atrevió a dejar su abrigo descansando en el respaldo del sofá y esperó paciente la vuelta de él. Admiró el cuadro que había en aquel salón y su contenido, ahora, lo vio claro. Sobre la tela había una mujer, de pie y de perfil, completamente desnuda, con la cara girada, como si observara al pintor, que en aquel momento la retrataba. Su brazo, sostenía uno de sus pechos mientras estaba apoyado en el abdomen y ella quedó maravillada de la perfección con la que estaban plasmados todos los detalles, la textura de la piel de ella, el perfil del pezón, rosado y perfecto. La mujer del cuadro miraba directamente al frente, con una expresión de deseo contenido. Su mirada estaba pintada de forma que, para el admirador siempre diera la sensación de que aquella mujer te observaba, estuvieras donde estuvieras en aquella estancia. Cuando pudo fijarse mejor en la cara de la mujer que llenaba el cuadro, frunció el ceño en actitud pensativa y le vino un pensamiento directo. La conocía. Conocía a la mujer del cuadro, pero no sabría ubicarla en ese momento. Era una sensación extraña.

Todavía absorta en aquel rostro, oyó a lo lejos unos pasos que se acercaban desde atrás. Por encima de su hombro apareció una mano que sostenía una copa de vino tinto. Ella la aceptó, sin dejar de mirar el cuadro y sin dejar de percibir que tenía al hombre que deseaba a escasos centímetros. Casi notó su respiración detrás de ella, la sensación de que su pecho estaba rozando su espalda podría haber sido producto de su imaginación y con un movimiento casi imperceptible e inconsciente se dejó caer un poco hacia detrás. Y sí, quedó ligeramente apoyada en su torso, mientras los bolsillos traseros de su pantalón vaquero hacían lo propio. Fue un contacto muy leve, y muy corto, pero suficiente para que ella viera aumentado su deseo.

Se giro hacia él y le ofreció un brindis. Y lo hicieron por haberse conocido, por los silencios que habían compartido, por la complicidad que habían descubierto, por los momentos que el destino les había regalado juntos, incluso por la mujer del cuadro, que les miraba desde allí arriba, y cuyo rostro reflejaba exactamente lo que ellos sentían en ese momento.

Lo deseaba, lo deseaba con todas sus fuerzas. Percibía en su mirada el mismo deseo que se apoderaba de ella. El vino hizo su efecto previsto y le dio valor para ofrecerle un abrazo que el aceptó. Ella quedó entre sus brazos, disfrutando del contacto directo con su pecho, de su aroma, de la forma en que sus manos se posaron en sus caderas y la llevaron hacia él. Y noto como sus cuerpos se acoplaban perfectamente.

Permanecieron unos instantes así, con la capacidad que tenían de disfrutar de sus silencios. Ella comenzó a jugar con uno de los botones de su camisa, y casi de forma disimulada introdujo sus dedos en el interior, entre dos de los botones y se recreó en el tacto de su pecho desnudo. La reacción de él no se hizo esperar. La sensación de estar notando su erección apoyada en su abdomen y solo separada por unos docker´s y su blusa, hizo que ella se apretara más contra él. El movió de manera casi imperceptible su cadera hacia ella y aquella erección se hizo más evidente. La ropa empezaba a molestar.

Noto calor en las mejillas, pensaba que el rubor la delataría pero en ese momento ya se encontraba dentro del huracán. Y debía dejarse llevar. Y eso estaba bien. Él la condujo suave pero firme hacia una habitación cuya puerta apuntaba al cuadro de la pared. Ella andaba de espaldas, sin dejar de mirar su rostro, que en ese momento dibujaba una sonrisa llena de curiosidad. Entraron en la habitación y enseguida notó que el borde de una cama se posaba detrás de sus rodilla y se sentó. Tenía su cara a la altura de su erección que, si cabia, todavía se había acentuado más. En su estado de ánimo, ella hubiera sucumbido a cualquier petición que él le hubiera hecho con un “si, mi amo”…tal era su deseo. Pero él no fue tan vulgar.

Apoyó sus manos en sus hombros invitándola a ponerse más cómoda. Y ella se dejó caer hasta quedar recostada en la cama y totalmente a su merced. Se quedó mirando el techo de la habitación fijamente, prestando una absurda atención a las pequeñísimas irregularidades de la pintura blanca que lo cubría. Mientras tanto, él había hecho los movimientos necesarios para quedarse con la camisa desabrochada totalmente.

Con una actitud segura se puso a horcajadas a la altura de sus caderas, sin llegar a descargar totalmente su peso sobre ella, y en ese momento sí se sintió deliciosamente indefensa. Sus dedos, con la misma habilidad con la que había manipulado la llave de su puerta comenzaron a desabrochar los botones de su blusa. Y con cada uno que abría ella soltaba un suspiro, pues sus dedos no dejaban de tocar su piel.

Abrió totalmente su blusa, dejando al descubierto un sostén de muy sencillo negro y una sensación de inseguridad la invadió. Era una mujer atractiva, despertaba miradas de interés entre los hombres por la calle, era una mujer deseada. Pero con él, y en el campo de batalla, la seguridad que había mostrado en otras ocasiones no aparecía aquí. Quería gustarle, quería que la deseara, quería excitarle. Cuando vio, como él, empleaba unos segundos maravillosos en observar lo que se le ofrecía su inseguridad se esfumó. La cara de él era de puro deseo urgente.

Aunque guardó las formas. Se inclinó hacia ella y, cuando pensaba que le iba a dar un beso en los labios, desvió la cabeza hasta que sus labios se posaron en el cuello. Notaba besos suaves, recorriéndolo con dulzura, mordiscos muy pequeños que le hacían estremecer, utilizó su lengua para saborearla. Ella, sin saber donde poner sus propias manos, terminó por apoyarlas en la cabeza de él, animándolo a seguir.

Cogió el camino de la garganta hasta llegar al espacio que había entre sus pechos. El sostén que llevaba se los elevaba un poco y se los juntaba al centro y él, no dudo en meter su lengua en la fina línea que dibujaba su separación. Aquello la excito mucho. Quiso buscar la cremallera de sus pantalones, pero él le apartó la mano con suavidad. Todavía no. Y ella notaba que su erección le rozaba el ombligo. Quería tenerlo dentro. Pero espero. Porque la misma espera estaba siendo una delicia.

El hombre, con un mordisco firme en la copa de su sostén se lo bajó. Y sus pechos lo miraron directamente a la cara. Sus pezones duros, eran la mejor invitación par a que continuara con lo que estaba haciendo. Posó sus labios en uno de ellos, lo beso, lo lamió, lo humedeció…con la otra mano masajeaba su otro pecho, con movimientos firmes, casi apretando en ocasiones, dejando ver las ganas que tenía de ella.

Siguió bajando, siempre utilizando su boca, la misma que tantas veces había deseado besar y que ahora la estaba haciendo disfrutar tanto. Y le siguió dejando hacer. Noto sus besos en su ombligo, y sabía ya donde estaba el destino de aquellos besos. Siempre había sido una mujer tradicional en el sexo. Sin grandes ni nuevos experimentos. Pero en esa ocasión se dejaría llevar, porque ver en él la cara de deseo era como una droga que necesitara en ese momento.

Oyó como los botones de sus pantalones cedían. Elevó sus caderas para facilitarle el trabajo y con un movimiento firme sus vaqueros quedaron a la altura de sus rodillas. De nuevo aquella sensación de inseguridad, pero sólo durante un instante. Su boca se paseaba por encima de su ropa interior, presionando en los lugares justos. Las manos de ella se aferraron a las sabanas de la cama. Cuando se quiso dar cuenta, el tanga que hasta ese momento la había protegido de un contacto directo, acompañaba a sus vaqueros a la altura de sus rodillas. El empezó a hacerla volar.

Y voló. Tanto que pudo salir de su cuerpo y mirarse desde el techo de la habitación. Y se vio tumbada en aquella cama, con las piernas elevadas y las rodillas semi-flexionadas, con su tanga y sus pantalones medio bajados y la cabeza de el entre sus piernas. Y le pareció una imagen casi sucia, pero le encantó. Porque esa vulgaridad formaba parte del deseo. Y quiso ser vulgar. Estaba a punto de tener un orgasmo con todo aquello que él le estaba haciendo.

Lo apartó. Si seguía así se correría. Y antes quería hacerlo disfrutar. Volvió a sentarse en el borde de la cama y atrajo sus caderas hacia él. La erección todavía seguía allí como prueba más evidente de su deseo. Lo que iba a hacer a continuación no era una de las cosas que más le gustaban en el mundo de las posibilidades sexuales. Le parecía una forma sutil de sumisión. Pero con él era distinto. Se había apoderado de ella una fuerza extraña que le apremiaba a hacer cualquier cosa que pudiera hacer que disfrutara. Y esa sensación le gustaba. Retiró la correa que rodeaba su pantalón y los extremos quedaron colgando por los extremos, y fue desabrochando los botones del pantalón con premeditada lentitud. Ante ella apareció primero una fina capa de vello –no llevaba ropa interior y eso la excitó todavía más. Cuando llegó al último botón su pene apareció mirando hacia arriba desafiante. Le dio la sensación de haber abierto uno de esos juegos de niños pequeños en los que sale un gusano plegable y rió por dentro. Pero su rostro mostraba expectación y pura lascivia. Lo tenía a escasos centímetros de su cara. Lo cogió con ambas manos y le gustó el calor de desprendía la piel fina y delicada que cubría ese órgano. Él, permanecía quieto esperando. Lo acarició muy lentamente con las yemas de sus dedos. Palpitaba con movimientos casi espasmódicos hacia arriba. Si seguía así le iba a explotar. Y ese deseo lo estaba provocando ella. Le beso en la punta y en sus labios quedó un sabor ligeramente amargo y no del todo desagradable. Le miro a la cara. Él la observaba desde arriba con semblante serio, casi retándola a que siguiera. Pero no hacía falta plantear ningún reto. Abrió la boca y se la introdujo en la boca notándose llena al instante. Utilizó una mano para acompañar los movimientos de vaivén y con la otra empezó a acariciar sus testículos. Él hombre no tardó en empezar a impulsar su cadera hacia ella. La notaba cada vez más dentro. Tuvo que girar ligeramente la cara y noto como la punta de su pene chocaba en el interior de sus mejillas. Oírlo empezar a gemir hizo que ella se enardeciera más todavía. Empezó a acariciarse con el mismo ritmo con el que le estaba haciendo la felación. Esta vez fue imposible contenerse y se dejó llevar hacia un orgasmo que la pillo casi por sorpresa. Convulsionó su cuerpo en el mismo momento en el que el se retiraba de su boca y con los ojos cerrados por el placer que estaba recibiendo notó encima de su pecho disparos de líquido caliente. Ella le había provocado eso y le gustaba ejercer esa especie de poder….

Cuando abrió los ojos todavía tenía frente a ella su miembro que, en ese momento, empezaba a relajarse y empequeñecer, como si estuviera preparándose para dormir. Notaba el semen de él que caía en pequeños regueros por sus pechos, pero no le molestaba en absoluto. de hecho, esa percepción la estaba volviendo a excitar.

Lo miró y vio que él le sonreía. No había imaginado un episodio sexual así con él, pues en las citas que habían protagonizado con anterioridad le había percibido un sentimiento real hacia ella, y ella lo sentía hacia él. Pero lo que había ocurrido allí era puro sexo. Era posible que él la hubiera engañado con falsas declaraciones y que ella, se hubiera dejado engañar, pero llegados a ese punto, era algo en lo que no quería pensar. Se lamería las heridas cuando fuera el momento.

Él se retiró de su ángulo de visión sin hacer ningún comentario hacia algún lugar de la estancia que ella no veía. Y se quedó sentada en el borde de la cama, notando como su semen recorría su cuerpo. Pero no quería limpiarse. Levantó la vista y vio, a través de la puerta de la habitación, al fondo del salón el cuadro de la mujer desnuda que parecía que la miraba de forma inquisitiva. Y el mismo pensamiento que hacía unos minutos la abordó, volvió a hacerlo. “conozco a esa mujer” y desapareció como si nunca lo hubiera pensado.

Notó, por los sonidos de crujir del colchón y porque ella empezó a moverse como si estuviera en un barco con un ligerísimos oleaje, que él estaba encima de la cama detrás de ella. En ese momento tenía la sensación de estar medio drogada debido a la cantidad de endorfinas que recorrían su torrente sanguíneo, después de haber llegado a su orgasmo.

Volvió a notar besos en su cuello, y le gustó (ya se lamería las heridas). Las manos de él abarcaron sus dos pechos desde atrás haciendo que el semen que tenía en su piel, en algunos puntos ya casi convertido en una especie de gelatina, quedara esparcido. Volvió a excitarse. Con movimientos ausentes termino de quitarse sus pantalones y su tanga que todavía estaban alojados a la altura de sus rodillas. Él le indicó que se tumbara boca abajo y así quedó. Con la cabeza apoyada en la zona de los pies del colchón y sus brazos cruzados por delante y apoyados en la barbilla como si estuviera viendo la televisión. Pero lo único que estaba viendo era aquel cuadro.

Enseguida noto el peso de su cuerpo detrás de ella. La cubrió totalmente como si fuera una manta. Y de hecho casi lo era, notaba el calor de su cuerpo encima de ella, la respiración de él desordenaba su cabello, su miembro todavía blando se alojó entre sus nalgas. Notaba que estaba movimiento las caderas hacia ella. Una mano se introdujo entre el colchón y su sexo y empezó a acariciarla. Cuando él notó su humedad su pene empezó a crecer rápidamente y ella lo notaba de forma más evidente, casi empujando por quedarse entre sus glúteos.

Las arrugas de las sabanas rozaban en sus pezones y hacían la función que debería haber hecho una de sus manos. La otra seguía acariciándola. Estaba, de nuevo, muy excitada. Él se incorporó quedando sentado encima de ella como si fuera un jinete. Ella giró la cabeza y vio, a través de un espejo enorme que había en una de las paredes laterales y en el que no había reparado con anterioridad, como con una de sus manos dirigía su miembro ahora totalmente erecto hacia su sexo, que a esas alturas estaba preparado para recibirlo. Notó el contacto de la punta caliente y húmeda, notó que hacía pequeños círculos acariciando con su sexo los labios del suyo. A través de espejo lo vio empujar y entonces sí, una oleada de placer la inundó al sentirse penetrada.

Él volvió a tumbarse encima de ella con su pene introducido y preparado y empezó a embestirla. Ella elevó su culo para notar más la penetración y él aprovecho para introducir la mano que anteriormente la había estado acariciando. Notaba su vientre pegado a sus nalgas y a su zona lumbar. Cada vez que movía las caderas hacia ella, se sentía absolutamente llena. La cara de él desde atrás se junto con la suya. Ella quería sentirlo más. Empezó a acelerar el ritmo. Ella sabía que él estaba a punto de correrse. Ella no estaba todavía preparada para llegar. La aceleración se hizo muy evidente, la estaba empalando desde ahí atrás con una violencia propia de un animal descontrolado. Empezó a oírlo gemir de placer. Noto dentro de su sexo que su polla se inflamaba, signo inequívoco de que iba a eyacular. Ella empujo también hacia detrás y cuando notó el primer disparo caliente dentro de ella, el la cogió del cuello, apretando lo justo para inquietar pero no para dañar. A ella eso la pilló de sorpresa, pues se notó totalmente indefensa, y el efecto fue devastador. Cuando todavía estaba terminando de correrse él, a ella le vino su propio orgasmo con una intensidad y una duración que la asustaron. Gritó de puro placer y el sonido salió enrarecido debido a la presión que la mano de él ejercía sobre su cuello. Él todavía movía sus caderas dentro de ella aun habiendo acabado y noto como, cuando empezó a parar su pene se empequeñecía en su interior.

Se desvaneció encima de ella, exhausto. Su cara, desde atrás quedó pegada a su cuello, y era capaz de oír su respiración agitada. Quedaron así unos momentos mientras ella notaba que las garras del sueño la querían atrapar aunque se resistió todo lo que pudo.

Un liquido tibio proveniente de la cara de el recorrió su propia mejilla hasta llegarle a la comisura de sus labios. Tenía un sabor ligeramente salado. Él estaba llorando. Pero ella ya estaba casi en el limbo. Solo tuvo fuerzas para abrir un poco los ojos y mirar directamente el cuadro del salón, antes de quedarse totalmente dormida, todavía con su amante encima de ella.
El último pensamiento consciente que le vino a la cabeza no tenía nada que ver con lo que acababa de ocurrir en esa casa.

“ya se quien es la mujer del cuadro…..SOY YO….”
flakos76
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Re: EL CUADRO

Notapor ELORADANA el Vie Sep 10, 2010 20:01

Lo volvi a leer amigo y me volvio a fascinar una vez mas, la forma de detallarlo, y ese final que siempre sorprende en tus relatos, sabes que me gusta mucho tu estilo, saludos
Vuelvete magia al despertar o realidad...
ELORADANA
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