por Laura el Jue Abr 02, 2009 01:57
Yo he de decir que tuve sentimientos encontrados cuando leí esta novela, y sé por experiencia que le ha ocurrido a mucha gente. A saber:
Cuando abres el Drácula de Bram Stoker te esperas algo grande, muy grande, ya que se podría decir que es el gérmen del mito del vampiro moderno que conocemos hoy en día. Sin embargo, este Drácula no se parece en casi nada a los vampiros a los que estamos acostumbrados, ya que el vampiro moderno (y de esto tiene mucha culpa Anne Rice) es casi un humano, un ser con el que el lector puede sentirse identificado en algunos momentos. El Drácula de Bram Stoker, sin embargo, no es todo eso, sino que no es más que una criatura diabólica a la que los protagonistas de la novela deben vencer. ¿Y cómo se vence a una criatura diabólica? o, más bien, ¿Cómo se vencía a una criatura diabólica en la época victoriana? Pues, claro está, a golpe de crucifijo, religión y fé. En la novela de Bram Stoker el bueno es muy bueno y el malo es muy malo, el bien y el mal se confrontan y se enfrentan, pero en ningún momento se mezclan o se intercambian los papeles. La frontera entre el bien y el mal está más que definida en todo momento. Y esto es con lo que se encontrará el lector actual que abra la novela de Bram Stoker. Esto hace que nos parezca una novela sosa en algunos casos, y que llegue incluso a desilusionarnos. Pero creo que no debemos dejarnos llevar sólo por este hecho, así que diré que, teniendo en cuenta que es una novela de la época victoriana (con todo lo que ello conlleva), el Drácula de Bram Stoker me pareció fantástico. Y no se puede olvidar que a él le debemos toda la tradición literaria del vampiro moderno actual, así que creo que es un libro indispensable para todos aquellos a quienes les guste el género.
El amor es más fuerte que la muerte.
Cada una de las heridas por las que me desangro me las hizo él con un beso. -Ensemble XXI-