LAS HUELLAS
Canadá con sus bosques y sus talas fue el destino de la familia cuando salieron exiliados: Roberto, Rosa y el pequeño Alfredo. Y todo marchó bien, hasta que un día Roberto comenzó a emborracharse. El pequeño Alfredo escuchaba los gritos de sus padres desde su cuarto y no entendía cuando hablaban de “la otra”. Un día, Roberto llegó agresivo. Nuevamente los insultos… y golpes. El niño corrió hacia la cocina, de donde provenían los ruidos. Encontró a su mamá, a Rosa, en el suelo, manando sangre por la boca y la nariz. Estaba inconsciente. El niño entró en fase de negación y pensó que no podía haber sido el papá. Y corrió hacia la puerta, por donde escuchó que se fue “alguien”. La nieve cubría el patio y las calles. Vio el andar de la entrada y descubrió en la nieve las huellas de los zapatos de su papá… y comenzó a seguir las huellas, total, el hijo siempre sigue las huellas del papá en medio de un ventarrón que cada vez era más fuerte. El niño nunca supo de la alerta de tormenta y si la hubiera escuchado no la habría entendido… Tardó mucho en seguir las huellas. A la hora tercera, llegó a una casa que estaba totalmente cerrada. Se oían gritos de gente ebria y los acordes de un piano. Era el prostíbulo de la villa. Desfallecido, tocó la puerta pero nadie escuchó los endebles sonidos. El frío fue más fuerte y el ulular del viento comenzó a arrullarlo, lo cargó, lo hizo volar y a la mañana siguiente, cuando la tormenta hubo pasado, los taladores, salieron del bar para incorporarse a sus labores, y en el corredor, encontraron a un niño muerto de hipotermia por seguir las huellas de su padre.
EL CIRUJANO
El joven cirujano operó sin permiso. Al salir del quirófano lo increpó el jefe del departamento de cirugía:
—¿Por qué lo hizo?
Javier, el joven cirujano, guardó silencio.
El jefe del departamento volvió a preguntar: ¿¡Por qué operó sin mi permiso de cirugía vascular!?
Javier pensó: «Bien, usted lo quiso»
Y relató: Yo tuve una maestra que me ayudó a terminar mis estudios. Ella migró de mi pueblo hacia la capital, donde conoció a un médico con quien se casó. Ese médico la abandonó embarazada de una niña que nació sin padre. Al cumplir veinte años la niña se casó. Vinieron dos nietas, y la fatalidad siguió golpeando a mi maestra. La hija y su esposo murieron y quedó al frente de sus nietas. Comenzó luego a tener la sintomatología del aneurisma de la aorta que acabo de operar. Y buscó ayuda en este hospital a donde yo vine becado. Le ofrecí mi apoyo. Ayer, llegó la orden del Ministerio de Salud: “Ante la crisis económica del país, se ordena dar egreso a todos los pacientes de cirugía electiva”. Era la sentencia de muerte de ella. Y hoy, decidí operarla. Usted no se habría arriesgado a contravenir una orden del Ministerio.
El doctor Gordillo le dijo a Javier que esperara consecuencias. Antes de irse preguntó: —¿Cuál es el nombre de la paciente?
Javier respondió: —Teresa de Gordillo. La mujer que usted abandonó por la hija de un diplomático.
Federico Gordillo comenzó a sollozar. Le contó a Javier que su matrimonio había fracasado y estaba muy solo. Javier lo llevó hasta la cama de Teresa. Les juntó las manos y los dejó solos. Salió del hospital ese día sabiendo que en un día claro se ve hasta siempre.
EL CHAMÁN
Se lo dijo un paciente. Cazador empedernido. Lo buscó como psiquiatra para contarle lo sucedido. Después del examen nada encontró que fuera significativo. Total, paciente sano. Por eso, cuando repasó lo acontecido, comenzó a creer en lo sobrenatural.
—Mire Carlos —le dijo Alberto, el paciente—, nole estoy mintiendo. Yo disparé contra los chimpancés. Uno de ellos cayó acunando algo contra su pecho. Cuando llegué hasta donde estaba el animal, lo que tenía acunado en el pecho era un pequeño chimpancé. El animal era una hembra. Yo había herido a una madre con su pequeño chimpancé al hombro. Y el pequeño animal gemía. Cortaba hojas que masticaba y luego las colocaba en la herida de la madre, como pidiéndole que no se fuera. Y comencé a entender el ¡¡UUUhhhHH!! ¡¡UUUhhhHH!! del pequeño. Le decía: —No te vayas madre, ¡quédate conmigo! ¡Yo te necesito! —Y cuando quise ayudar a la madre, unos gorilas me impidieron el paso. Me gruñían amenazadoramente. Para entonces, yo entendía más claramente el idioma de los gorilas. El más grande, el jefe de la manada dijo: «Déjenlo ir, la sagrada montaña ya determinó su castigo.»
El psiquiatra preguntó: — Y… ¿Cuál fue el castigo que determinó la montaña?
Alberto respondió: —Escuchar a toda hora, el ¡¡UUUhhhHH!! ¡¡UUUhhhHH!! del pequeño gorila, que significa: «No te vayas madre, ¡quédate conmigo! ¡Yo te necesito!»
Muchos días pasaron después de aquella entrevista. Carlo investigó, buscó, indagó. Y un día, citó a Alberto a su clínica. Le expuso sus argumentos. Alberto estuvo de acuerdo con ellos. Le dijo que accedería a su propuesta.
La mañana siguiente sorprendió a Carlos y a Alberto, de camino hacia la montaña acompañados de un sacerdote maya.
EL SEPELIO
Hoy caí en la cuenta que hablaban de mí. Dijeron que yo era una maravilla de hombre y que me extrañarían. No parecía que hablaran de mí. Yo pregunté:
—¿Por qué dicen cosas bonitas de este pobre hombre?
Alguien me respondió: —Pon atención. Ya te darás cuenta. —Yo no logré ver a quien así me había hablado.
Se paró frente a mí un amigo y lloró desacompasadamente. Quise abrazarlo y no pude, pasaron de largo mis brazos por su tórax y mis brazos chocaron uno contra el otro.
Vi a mi esposa y traté de abrazarla, igual… mis brazos chocaron uno contra el otro. Le hablé y no me escuchó. Nuevamente la voz me dijo: —Pon atención. Ya te darás cuenta.
De pronto llegó un cura que comenzó a decir todo lo contrario de lo que yo le había confesado antes. Dijo que yo era esposo fiel, buen padre de familia, buen amigo… y me sentí hipócrita. Les dije a todos: —¡Mentira! ¡Mentira! ¡El cura está mintiendo! —Pero no me hicieron caso. Aparentemente no me oyeron
De pronto me sentí en el aire, como si me cargaran, y súbitamente me dejaron caer a lo profundo. Ya no vi al grupo, solamente había oscuridad. Y entendí entonces lo que estaba pasando. Entendí cuando el cura dijo como un postrer adiós: —¡Requiest cant y pace!
ASTRONOMÍA
Señores, hemos convocado a esta reunión de emergencia en la sede Internacional de Investigaciones Intergalácticas en virtud del descubrimiento confirmado anoche: hemos estado dándole seguimiento a una serie de movimientos extraños de cuerpos celestes en el espacio aéreo de nuestro planeta y no logramos determinar qué es. Hace ya una semana que hacemos el seguimiento en silencio y se trata de dos cuerpos celestes no identificados efectuando los mismos movimientos, exactamente los mismos trazos cumplidos a cabalidad milimétrica, por lo que hemos decidido declararlos amenaza para el planeta.
Como podrán observar en las grabaciones, se denotan dos aspectos puntuales:
Primero: ha ocurrido todos los días durante una semana, iniciando exactamente a las veintidós horas en punto, con una duración exacta de dos horas con cinco minutos.
Segundo: se trata de dos cuerpos celestes no identificados – hemos descartado la posibilidad de que fueran estrellas fugaces, desde la primera noche –, que trazan una serie de círculos, y líneas rectas verticales y horizontales, a veces los realizan en forma paralela, y en otras ocasiones se separan para luego unirse a gran velocidad; por lo que creemos, puede tratarse de algún tipo de inteligencia extraterrestre que está trazando planos de vigilancia en nuestro planeta. Esto nos hace sospechar de un posible ataque en un futuro cercano.
Estas razones nos han obligado a tomar medidas precautorias. El consejo se ha reunido previamente a esta convocatoria, es mi deber como su vocero informarles lo decidido: enviaremos a nuestros mejores pilotos a hacer el reconocimiento respectivo; dependiendo de los resultados, tomaremos decisiones.
***
Mientras tanto, en un país no muy lejano, Carlitos se prepara: ya casi es la hora de salir a jugar con su mamá; ella partió hacia otro plano hace un par de semanas para siempre; ahora juegan todas las noches juegos más emocionantes…
VIAJE CORTO EN CARRETERA
La mezcla de aromas y viento frío en la carretera la obligan transportarse a otro mundo: el de sus recuerdos.
Humedad tibia de aire con olor a durazno y clavo hacen que regrese al casco de la finca, a la casa paterna, donde jugaba a las escondidas, escapando de todos los empleados y de sus padres para luego salir corriendo a los establos y jugar durante todo el día.
¡Ah! Aquellos campos tan verdes llenos de vida. Un bocinazo de algún imprudente en la carretera la hace volver a la realidad…se encuentra un poco nerviosa, hace veinte años que no volvía a aquella casa olvidada, su casa. Veinte años sin ver a su familia es mucho tiempo ¿la reconocerían? ¿la querrán todavía a pesar de tal abandono? Tal vez sí, por algo la habrán invitado en esta ocasión.
– Hemos llegado señorita Ana – resuena la voz del piloto al llegar a una fachada bastante gastada por el tiempo, que ella no reconoce más.
– ha sido bueno volver a verla; no olvide que todos en el pueblo la llevamos en el corazón…venga a vernos más seguido. –
Aquella fría científica de la Universidad de Gotinguen, no deja de sentir mariposas en el estómago, le regala una sonrisa a aquel buen hombre que fuera el encargado de llevarla a la escuela rural durante su época de colegio, ahora ya lo cubren las canas y las arrugas de su rostro denotan más sabiduría de la que ella adquirió en su casa de estudios superiores; sale del vehículo, y con el corazón dándole tumbos en las manos y el regalo que trae desde Alemania, en un bolso al hombro, atraviesa el umbral con ambiente festivo: es el aniversario número cincuenta de sus padres.
Escribir es catarsis para mi alma...