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ANOCHE SOÑÉ QUE ERA GOTA...

Moderadores: Yolanda, Colaboradores

ANOCHE SOÑÉ QUE ERA GOTA...

Notapor Juana Margarita Guerrero el Dom Nov 04, 2007 06:06

Nos fuimos a dormir como si nada…ya todo era tedioso y ese tedio me provocaba rabia y tristeza. Después de haber llorado amargamente y en silencio me fui quedando dormida, deseando, pidiendo con todas mis fuerzas convertirme en esas lágrimas que ahora derramaba para evaporarme luego y largarme… quién sabe a donde.

Todo eso iba pensando mientras me quedaba dormida pero empecé a sentirme extraña, era como si hubiera derramado todas las lágrimas del mundo hasta quedarme totalmente húmeda, empapada y luego empecé a sentirme más liviana; noté que algo realmente había cambiado cuando sentí que caía sobre el rostro de Álvaro y empezaba a recorrer cada una de las comisuras que lo formaban, no cabía duda, mi deseo se había vuelto realidad, ahora no era más que una gota de lágrima. Esto de ser diferente sí que tenía sus ventajas, por primera vez en mucho tiempo podía recorrer acariciando su rostro sin que se diera cuenta, decidí iniciar la marcha hasta el borde de sus labios y los besé con ternura, él ni siquiera lo notó.

Como podrán imaginar, yo no solo sentía que lo besaba con mis labios, ahora era una gota y podía sentir, ver, tocar todo de una sola vez con mi piel ¡era una gota! Qué sensación más extrañamente deliciosa. Aunque realmente empezaba a aburrirme ya, no podía avanzar mucho que digamos, fue entonces cuando noté que me evaporaba, ¡vaya experiencia!, si cuando me convertí en gota me sentía liviana, esto era mucho más, ahora era tan liviana que flotaba, no sabía hacia dónde me dirigía ya que no era yo quien por voluntad propia viajaba, no, era el viento el que me llevaba por donde le daba la gana, ¡claro! anoche no había cerrado las ventanas porque hacía un calor infernal, y sí, justo por ahí fue donde salí volando, flotando yendo a donde me llevara la voluntad del viento, aunque supongo que con el tiempo logré controlar la situación ya que en un instante aprendí a moverme a donde me daba la gana.

Decidí dar una vuelta por el vecindario, lleno de luces de coches que pasaban en forma intermitente…yo les observaba desde lo alto, vi ventanas con luces encendidas a través de ventanas entreabiertas, aquellas en las cuales podías ver si no habían cortinas; como mi casa quedaba cerca de las afueras, pronto me enredé en las ramas de los pinos que habían en el campo, casi siento que me quedo desarmada pero pronto fui subiendo más…pensé que iba a darme alguna alergia porque me sentía como tibia.

Me ví montada en una hoja de liquidámbar que caía liviana, pues por acá eso de marcarse exactas las estaciones no va con el ambiente y estos arbolitos caprichosos entran en su otoño cuando les da la gana, y así encima de ella viajé por un largo tramo, aquellos riachuelos ancestrales color turquesa que antes me daban algo de miedo, ahora me hacían sentir como en familia…qué sensación más hermosa. Pero fui subiendo, más y más y aún más arriba hasta que alcancé algunas nubes ya por encima de la montaña, la verdad me asustaba un poco estar tan arriba, no sabía qué iba a suceder, eso sí el viento ¡ah el viento! Lo sentía tan fresco, y a pesar de eso era acá el aire más denso que yo.

Empezaba a sentir que me congelaba pero era igualmente una sensación inimaginable, deliciosa; casi me estrello en unas nubes donde se estaba formando la copiosa lluvia que caería sobre una barca en medio del océano y casi, casi me convence de ser parte de ella, pero no podía acabar mi viaje tan pronto; seguí subiendo así más y más hasta que noté que donde estaba ya no eran esas nubes, atravesé un par de auroras boreales a nado…o al menos sentía que nadaba en ellas, eran rosadas, púrpuras y de unas formas tan maravillosas pero lo que más me gustó de ellas era su tibieza que invitaba a sentirse como en casa.

Me habría quedado más tiempo, pero me di cuenta que empezaba a condensarme, extraño, ¿no se supone que con el calor debía acentuarse mi evaporación?, así que decidí mejor elevarme un poquito…un poquito nada más, pero no calculé bien, de repente ya era parte del universo… ¡sí! Tantas veces había yo soñado con ese lugar, tibio, cálido que te envuelve como una madre amorosa envuelve a su bebé con una manta para protegerlo, así que decidí buscar el centro mismo.

Tardé un par de vueltas en la periferia, algo iluminada por estrellas lejanas y galaxias gaseosas, pero definitivamente no era ahí donde yo quería estar, deseaba con las mismas ganas con las que lo deseé desde pequeña, llegar al centro mismo del universo, a ese rinconcito que solo había visitado en sueños, en el que una oscuridad total aterciopelada te cubre por todos lados, confortándote, dándote fuerzas, haciendo que recuperes la energía perdida…tal vez inconcientemente sabía que debía ir ahí para curarme…para curarme de aquella soledad en la que vivía últimamente…sabía que me curaría yo y que curaría tal vez a otro enfermo que había dejado allá abajo, eso si regresaba a mi anterior estado –aunque ya no me quedaban muchas ganas de volver a ser la misma de antes –.

Iba pensando todo esto y sin darme cuenta llegué, segura estoy de que jamás volveré a estar en un lugar tan hermoso, tan perfecto; no sé cuánto tiempo pasé en ahí, pero sentí que fue una eternidad…o lo suficiente para curar mis alas rotas; lo noté porque de repente me dieron ganas de volver…tal vez más que ganas, era necesidad de volver y así comencé el descenso, mucho más rápido de lo que esperaba, pasé de nuevo por las galaxias gaseosas y estrellas lejanas, de regreso por aquellas nubes cerradas de tormenta…hasta me convertí granizo pero no duró tanto, mientras más bajaba volvía a ser gota de lluvia, luego más salada y volví a ser lágrima que cayó sobre un rostro para mí conocido, y luego sobre mi mismo rostro hasta que me absorbió mi propia piel y desperté. Era una mañana bastante soleada de domingo.

Y cuando me volteé, ahí estaba él, que llevaba ya algún tiempo vigilándome y me preguntó con una sonrisa –la sonrisa aquella que yo ya había olvidado – ¿por qué llorabas anoche?, y devolviéndole la sonrisa y sabiendo que ya todo volvería a ser como antes, solo alcancé a responder: – no lloraba, anoche soñé que era gota.
Escribir es catarsis para mi alma...
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Juana Margarita Guerrero
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