2ndo Round
Ejercer el Poder corrompe; someterse al Poder degrada (Mikhail Bakunin)
En sus sienes René sentía una puntada constante y recordatorio, de que al menor movimiento en falso, podría morir en aquel lugar. Si, muchos eran estudiantes y jóvenes que, con sus remeras de inscripciones desafiantes, volverían al terminar la reunión a las confortables casas de sus adinerados padres. Pero no todos eran así. Había cuatro hombres de lleans y camperas de cuero roídas por los años, acurrucados en un rincon fumando algun tipo de cigarrillo de propia hechura, mientras cuatro o cinco bodoques con caras de pocos amigos, paseaban estratégicamente por toda la sala vigilando y observando a los presentes. Todos ellos daban la cuota necesaria de tensión, que determinaba que se estaba por tratar algo importante en aquel lugar.
René estaba mirando atentamente la sala, mientras simulaba una enérgica charla con quien acababa de insinuarle que sabía que él era un policía. Sintió que había realizado un paso en falso, no era su fin, pero tendría que redoblar su esfuerzo para revertir la situación. Al divisar que no había nadie cerca que les pudiese estar prestando atención, René cruzo algunos códigos y algo de información con quien acababa de hablarle. Era un hombre de tez trigueña, y facciones rusticas. De esas personas que si las ves entre 4 más, muy posiblemente no la puedas recordar luego. Era mejor que el evidentemente para esto. Supo que se llamaba Paul, que estaba en ese lugar hace ya un tiempo, y que tambien el era un policía. Al saber esto, René sintió algo de alivio de no estar solo, aunque una fibra adentro suyo, se sintió tocada al saber que no sería el, el único Héroe de la historia.
Momentos después entre el tumulto, los gritos, y algún que otro cantico de índole revolucionaria, un hombre de cabellos rizados por los hombros y una barba negra que alcanzaba casi proporciones bíblicas, se alzo entre los demás con un tono grave e imperativo: "Compañeros! Pares! Estamos por dar un gran paso hacia nuestro ideal de país, nuestro ideal de nación y pacto social! Daremos un golpe que dejara invalida a la oligarquía que detenta el poder que JAMAS tuvieron que haber adquirido, el poder de los hombres de dirigir su propio destino y acciones, el poder del pueblo de dirigirse libremente a el mismo! Hermanos .." y así continuo el discurso, como el que los mismos políticos que deseaban derrocar, realizaban frente a las cámaras de televisión todos los días. Al terminar el discurso, en el que no se había dicho nada importante, todos comenzaron a dispersarse. René frustrado se estaba retirando, cuando Paul lo toma del brazo y le dice “Compañero, hoy deberás quedarte por la causa un poco más”.
Pasados unos momentos la sala quedo vacía salvo por ocho personas en ella, que, separados en grupos de 2 o de 3, hablaban en voz baja como si se encontraran en una biblioteca. Los allí presentes eran Paul, que estaba hablando los dos jóvenes estudiantes de antes, Joseph F. , un joven de unos 23 años de anteojos, piel marmórea, y figura enteca , uno de los que estaban en el rincón vestido de lleans y campera de cuero , con una mirada demencial en el rostro que lo hacía parecerse a una hiena enfurecida, y el que parecía ser el líder de aquel grupo, ese hombre de cabello rizado, tez oscura y voz profunda de tenor que imponía respeto al hablar. “Bueno, estamos quienes debemos estar. Seremos nosotros la mano que presione sobre el cuello de los corruptos.” Dijo aquel hombre utilizando otra vez aquellos términos de discurso. “Tu pequeñajo!”. - Señalo marcando con el mentón hacia René- “estas aquí porque Paul te recomendó, dice que eres temerario y de confianza y fiel seguidor de la causa. Tendré un ojo sobre ti, y lo que hagas, y deberás demostrar tu valía y lealtad. Entendido?”. Todos miraron a René, pero con especial resquemor lo hizo la chica de pelo naranja, quien acto seguido abrió la boca para decir algo, pero René, sabiendo que no sería algo bueno aquello, se adelanto: “Puede estar seguro, que seré mejor que el mejor, estoy impaciente por poder hacer algo tangible por nuestra lucha, algo que todos el mundo vea y sienta” Entonces fue que la chica de pelo naranja cerro la boca, y esquivo la mirada de soslayo que le dirigió René al terminar de hablar. “Bueno” dijo el líder, “Entonces toca hablar de lo que haremos. La sangre a veces es el precio de la libertad, y la libertad de todo un pueblo, tiene un precio muy alto”
(Creo que llegue justo al limite del largo oficial... mil perdones)