por Rskars el Lun Mar 31, 2008 16:47
Jamás entenderé completamente al género humano, sin importar cuanto tiempo dedique, ora a reflexionar ora a leer las palabras de quienes, a lo largo de la historia han sido, como yo, denominados genios.
Pareciera, sorprendentemente, que hoy despertara de una quimera ilusión a la que fui sometido años atrás, cuando mi súper desarrollada mente no era lo suficientemente objetiva para comprender lo que comprendo hoy; sin embargo, lo mas curioso es, que esa incomprensión del genero humano, colaboró en cierta medida con mi llagada a tremenda conclusión, conclusión que, a su vez, determinó lo que yo mismo he decidido designar: mi renacer.
La institución en la que me encuentro recluido es ambiguamente ideal y opuesta a nuestros fines, todos quienes asistimos de pupilos aquí presentamos de cierta forma algún atributo que nos hace diferentes a una media establecida, sin embargo, la estructura, que hasta hoy se presentaba ante mis ojos firme y recta ha comenzado a revelarse frente a mi oblicua e inestable. Se preguntarán la razón de mi perdida de credibilidad en este, que hasta hoy ha sido prácticamente nuestro hogar, y he de responderles: En este lugar donde las ciencias, la religión, la filosofía son tópicos comunes de conversación y parte la idiosincrasia de los educandos, al punto de que las discusiones homilías de cristianismo y judaísmo son comunes y cotidianos entre los alumnos en las horas de ocio, en este lugar, que fue pensado para hacer nuestra vida mas plena y donde podemos encontrar una educación nivelada a las exigencias de nuestras mentes, en este lugar, se ha extraviado algo, algo que pertenece a la esencia del ser, algo que no comprendo completamente pero aún así, identifico en mi pensamiento y preocupaciones recientes. Pero permítanme que les narre el episodio que desató mi conclusión, para que puedan de esa forma, talvez, comprender por que esto que hasta hoy fue mi hogar es hoy mí cafúa.
Me encontraba caminando por los corredores de el ala de internados, había decidido no concurrir a mi clase de mecánica cuántica para poder completar mi ensayo sobre las ventajas y desventajas de la inmortalidad de los dioses según dos autores a elección, cuando pasé frente a la habitación de unos de los alumnos mas intrigantes del colegio, se trata de un ser cuya frugalidad siempre me ha intrigado, en mas de una ocasión fue victima de los pasquines de burla entre los estudiantes donde se lo retrataba de forma burlona, era común verlo en los recreos mirando el horizonte desde la ventana, con el rostro aturrullado, solo, como anhelando guillarse. Me habían llegado los rumores que su habitación presentaba características únicas, a diferencia del cuarto de los demás, que era un reflejo fiel de nuestro nimio comportamiento científico, se decía que el de él era completamente diferente, sin embargo mi empírica mente decidió cerciorarse por si misma de semejante fenómeno, haciendo uso de todo mi denuedo fue que me adentre sin venia alguna en su dormitorio, naturalmente él no estaba ahí, posiblemente estuviera en el curso de radioastronomía o química molecular, o en las practicas de Wimbledon. Fue difícil para mis ojos adaptarse al contraste entre el austero color del pasillo blanco inmaculado con el de las paredes repletas de colores y lienzos pintados de su cuarto, intente reconocer el autor de las obras pero al instante me di cuenta que se trataban de obras de su propia autoría, no solo parecía ser pintor sino también tallista experto en xilografía y otras esculturas de madera. Por un momento me maravillo y sorprendió al mismo tiempo me envolvió una extraña tranquilidad y calma interior, me senté frente a su mesa y leí de sus libros, encontré un cuaderno de notas con poesías, género olvidado prácticamente para mi, que solo leo ciencia o filosofía, me recosté en su yacija y leí sus versos, en nada me recordaron las bucólicas que de niño leyera en la iglesia, me parecieron una kirieleisón a un dios desconocido, pidiendo una salida, un escape, una liberación, me sorprendió encontrar tanta tristeza plasmada en letras y me inundo un lastimero deseo de comprender a este sujeto. Desconozco el tiempo que transcurrió, mi tranquilidad se evaporó de repente me sentí como realizando un sacrilegio a su intimidad, debía salir de ese lugar sin ser detectado, ya se oían en los corredores el zumbido de los alumnos saliendo de las aulas, mi intención de no ser visto hubiese marrado de haberme detenido un segundo mas, puesto que, en el pasillo me crucé con el chico, llevaba, como siempre, el rostro umbroso, pero, sin reparar en mí, se metió rápidamente en su habitación.
Así fue que comprendí lo que hoy comprendo, exponerme a tanta pena y tristeza plasmada en pinturas, esculturas y poesías, perturbó mi forma de ver el mundo, y me ha hecho reflexionar respecto a la conveniencia de nuestra presencia en este lugar. Y me pregunto si al ganar todos los conocimientos y sabidurias que aquí aprendemos, no perdemos en nuestra codicia algo esencial, algo primordial… nuestra humanidad.
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Creo que todos estamos ciegos, somos ciegos que pueden ver, pero no miran.
José Saramago