por calafia el Jue Mar 27, 2008 18:49
Primer asalto.
La bruja de la Laguna Blanca.
Hannah daba vueltas y más vueltas en su cama sin poder dormir. Era la primera noche en esa nueva casa, tan grande y tan extraña que no acababa de gustarle nada. Resignada a que no podría conciliar el sueño se levantó de un salto y se dirigió hacia la ventana abierta de la habitación. La vista que se ofrecía ante sus ojos no era nada halagadora. Más allá del límite de la propiedad que recientemente habían comprado sus padres para huir del ajetreo de la ciudad, se divisaban las casas de adobe desperdigadas en el campo verde. La noche fresca le hizo sentir escalofríos, la luna casi llena brillaba en lo alto del cielo oscuro y derramaba su luz sobre aquel pequeño pueblo lejano llamado “Laguna blanca”. –Aquella debe ser la laguna- pensó Hannah, al observar a lo lejos una gran laguna como espejo redondo que, con el reflejo lunar, se tornaba blanca. Los árboles que la rodeaban se movían rítmicamente con el viento, como si bailaran una música vieja que sólo ellos entendían. Las largas y delgadas ramas semejaban decrépitos brazos que se movían como queriendo sujetar algo…o a alguien. De pronto, un ruido extraño alertó a Hannah. Algo andaba ahí afuera. Escudriñando con sus enormes ojos castaños la oscuridad, pudo ver algo parecido a un pájaro en la punta de un árbol frente a su casa. En realidad, aquella cosa era demasiado grande para ser un pájaro, pero así lo parecía. Dos enormes alas, una cabeza pequeña y calva y un pico grande y ganchudo, dos garras filosas como navajas y…Aquella cosa volteó la cabeza en dirección a la niña que la observaba y dejó ver un par de ojos rojos que brillaron siniestros con el reflejo de la luna. De su pico horroroso brotó un graznido espeluznante que sin duda debió escucharse por todo el pueblo. La pequeña Hannah gritó de asombro y tan rápido como pudo cerró de golpe la ventana. Temblando de miedo se metió bajo las sábanas y se cubrió con ellas completamente. –Debí haberlo imaginado- pensó la niña. Será mejor que trate de dormir. Hannah pensó en su abuelo, quien siempre le decía que las niñas de cabellos rizados y ojos grandes como ella, eran inteligentes y que no se asustaban con cualquier tontería. Que debía ser siempre valiente. –Debo ser siempre valiente, debo ser siempre valiente- repitió la niña, hasta que pudo por fin dormir.
Al día siguiente por la tarde, Hannah fue a dar un paseo por el pueblo. Llevaba siempre consigo un bolso cruzado al frente que contenía muchas cosas que a ella le gustaban: un cuaderno para dibujar, lápices de distintos colores y una rana de plástico color violeta que le había regalado su abuelo “para la buena suerte”, -te protegerá de todos los bichos y alimañas que te encuentres- le dijo el viejo bonachón. Después de caminar un rato se sentó al pie de un árbol que daba una fresca sombra, sacó su cuaderno y los lápices y se puso dibujar un paisaje. De pronto, notó que alguien la observaba y levantó la vista. Frente a ella estaba una pandilla de rapaces mozalbetes integrada por cuatro niños: Ian, Pedro, Abelardo y Amanda, que la miraba con recelo y los brazos cruzados. Fue Ian quien hablo primero: -Hola, niña, ¿Cómo te llamas?
-Hannah- le dijo secamente, molesta por la actitud de Amanda.
-Hola Hannah, yo soy Ian. Acabas de llegar al pueblo, ¿Verdad?- expresó con interés aquel niño, queriendo sacar plática.
-Si ya sabes, para qué preguntas- dijo Hannah en tono descortés.
-Tenemos que apurarnos- inquirió Pedro ajustando sus anteojos, quien había estado haciendo anotaciones en una libreta pequeña, como todo el tiempo.
-Sí, ya vámonos- agregó Amanda en tono enfadado.
-¿Quieres ir con nosotros?- le Dijo Ian a la niña que continuaba dibujando con indiferencia. Ella no contestó. Ian le comentó que se dirigían a la Laguna, pues estaban investigando sobre la leyenda.
-¿Leyenda?- preguntó Hannah, esta vez interesada.
-Sí, la Leyenda de la Bruja de la Laguna- dijo Ian emocionado. Dice la gente del pueblo que cada noche de luna roja, del bosque viejo sale una sombra siniestra, un pájaro negro enorme que vuela por encima de las casas, y busca en medio de la noche a algún niño desobediente para robarle su alma, esa cosa te mira a los ojos y te saca luz de los ojos, te roba tu alma y luego se regresa a la laguna y se mete entre los árboles, ahí se esconde. Dicen que el pájaro es una bruja malévola y que…
-¡Si mira su reflejo en la laguna se hace piedra!-interrumpió Abelardo- ¡Así la acabaremos!
Hannah se quedó pensativa, recordando lo que había visto la noche anterior.
-Entonces, ¿Irás con nosotros?-cuestionó Ian.
-No puedo, mis padres se preocuparán- dijo la niña.
-¿No puedes o tienes miedo?- le dijo Amanda en tono burlón.
-Debemos irnos- apresuró Pedro a sus amigos.
-Claro que iré- dijo Hannah, mientras guardaba sus cosas en el bolso y miraba en forma retadora a Amanda.
Los chicos se alejaron de aquel lugar presurosos, dispuestos a iniciar una aventura que a todas luces se veía descabellada, y llena de realidad también.
En un mundo de ilusión yo estaba desahuciado, estaba abandonado, vivía sin sentido, pero llegaste tú...